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Evaluación educativa

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En un contexto donde el desafío es la transformación, las modificaciones deben ser profundas. El conocimiento de algunos aspectos de la realidad, o la mirada micro, carecen de valor. Sin una reforma contundente, la educación continuará revelándose como el “talón de Aquiles” de nuestro país.

Lo anterior viene a colación debido a las declaraciones del Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, sobre la necesidad de la educación de calidad en México, de tal suerte que “no habrá marcha atrás”, a pesar de las resistencias de una minoría a la evaluación docente.

La baja calidad de la educación en México ha sido un obstáculo para el crecimiento y el desarrollo, lo que ha alejado la posibilidad de reducir los niveles de desigualdad y pobreza, es por ello indispensable poner en marcha en todo el país la reforma educativa, sin más retrasos.

Es cierto, un elemento distintivo de la reforma educativa es la evaluación docente. Ello debido a las negras prácticas socialmente conocidas sobre la herencia y venta de plazas, entre otras lindezas, en el magisterio, incluso a personas que carecían de la preparación normalista exigida, lo cual se había convertido en un jugoso negocio del sindicato, nacionalmente aceptado. Los mexicanos ya veíamos como normales estas prácticas corruptas.

En la inauguración del 16 Encuentro Internacional “Virtual Educa México”, Peña Nieto fue contundente, al recalcar que la reforma tiene como prioridad lograr que los niños y jóvenes mexicanos reciban una educación de calidad.

Para lograr la calidad en la educación, la mirada debe estar dirigida a la evaluación de los docentes. Si se quiere transformar la realidad, no alcanza con la mirada del investigador, que trata de comprenderla. Se requiere, además, la mirada de la gestión, que trata de modificarla.

Debemos reconocer, sin duda alguna, la necesidad de construir serios sistemas de control en la educación, que deben incluir evaluaciones de calidad, porque la complejidad de elementos que están expresados en cualquiera de las instancias de la educación hace imposible elaborar una medición confiable.

En la actualidad todos aquéllos que tienen algún poder de decisión dentro de los sistemas educativos —que son muchos, porque sabemos que toman decisiones los docentes dentro del aula, los directivos dentro de las instituciones, los supervisores y funcionarlos para conjuntos de instituciones, y los decisores políticos para el nivel macro— están preocupados por mejorar la calidad de la educación, pero el CNTE, no.

Una educación de calidad es aquella que logra que los alumnos aprendan lo que se supone deben aprender —aquello que está establecido en los planes y programas curriculares—. Para logarlo, los maestros deben ser especialistas en la materia, que la dominen y que sean capaces de otorgar a los alumnos diversos puntos de vista sobre la esencia del asunto.

En esta perspectiva, el énfasis está puesto en que, además de asistir, los niños y adolescentes aprendan en su paso por el sistema; es decir que los resultados de aprendizaje sean efectivamente alcanzados por la acción educativa.

La urgencia por mejorar la calidad de los sistemas educativos obliga a que se estudie cualquier factor que podría convertirse en una barrera adicional para lograr una distribución de oportunidades educacionales más equitativa, inclusive aquellas creadas por las ineficiencias de los actores. Peña Nieto dice que la reforma educativa “no tendrá marcha atrás. Se trata de una obligación constitucional”.

Jaime Mireles Rangel

 

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