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Más fácil cuidar leones

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En marzo del 2012 hice comentario sobre un macabro juego, el del gato y el ratón, hoy ante las críticas durísimas, serias —y sin poder evitar jocosas— que se han cernido sobre el Estado mexicano, relativas al Sistema de Seguridad Nacional, sólo se puede afirmar una cosa: resulta más fácil cuidar leones y acostarse a dormir, que cuidar seres humanos. Pues si te acuestas a dormir cuando despiertes, si es que despiertas, no encontrarás ni la jaula.

Una cárcel de máxima seguridad es el prototipo de una prisión segura pero no inviolable, la inteligencia de quienes se encuentran las 24 horas de los 365  días del año está permanentemente en uso pensando qué hacer para evadir la prisión. En contraposición el guardia debe de pensar lo mismo. Cuando es lo contrario la prisión deja de serlo.

El  caso es para los índices de Ripley en México, no es en otra parte del mundo, es aquí y ahora cuando un personaje llamado Joaquín Guzmán Loera “El Chapo”, hace la historia a la que no acabamos de acostumbrarnos, el que le pone el cascabel al Gobierno mexicano,  un sujeto que por su audacia pasa por encima del colombiano Pablo Emilio Escobar, Amado Carrillo Fuentes, Manuel Antonio Noriega y Gilberto Rodríguez Orejuela, y que en la “inmensa” cantidad de dos veces se ha fugado de este tipo de cárcel, “haiga sido como haiga sido” , lo logro.

Siempre se ha dicho que este modelo de cárcel es segura, pero sabemos, desde luego, que no la hay segura en sí y por si misma. Toda prisión es y será siempre administrada y vigilada por el elemento humano, y es aquí donde la falta de respeto a la ley , la  ausencia de fe en el derecho y la incredulidad en la fuerza policial hacen mella, y como resultado es que el atrevimiento llegue a estas alturas.

En este orden común nada es extraordinario en una nación que ha vivido desde la época posterior a la Independencia dentro de una frágil esfera de voluntad personal. Se dice que todo el mal empezó cuando Iturbide, valiéndole gorro la lucha por conseguir el respeto a las libertades, un sargento lo destapó como emperador mexicano.

La nación mexicana vulnerada constantemente por la impunidad tiene estas graves consecuencias. En estos hechos todo el aparato de justicia se encuentra cimbrado, tembloroso, no sólo el custodio, sino el juez que lo puso ahí y el Gobierno Federal.

Siempre se han dado fugas. Ésta recuerda otra  de un  personaje  que de cuatrero pasó a héroe de la Revolución, cuando encontrándose en la prisión militar de Santiago Tlatelolco, que no era de máxima seguridad, un 26 de diciembre de 1912, Francisco Villa, disfrazado y con ayuda del escribiente Jáuregui, se fugó por los juzgados doblando los barrotes previamente limados y saliendo por la puerta. Ya estando afuera en Toluca se quitó el bigote y llegó hasta Tucson, Arizona.

Como ve amigo lector, sin ayuda no hay fuga, se dijo que ésta se hizo por gestiones de Gustavo Madero. pienso que el roedor no vivirá para contarlo. Pero francamente hoy no sé quién es el ratón.

Por: Sergio Iván Padilla Delgado

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