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Tercer Informe presidencial

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Llevando sobre su espalda la enorme loza de una nunca antes vista descalificación ciudadana, empresarial y política, tanto a nivel nacional como internacional, llegó el Presidente Enrique Peña Nieto a Palacio Nacional a leer el Tercer Informe de su gestión gubernamental.

Vale la pena dividir en tres partes lo que ha sido su polémico mandato.

1.— Surge como candidato de unidad del PRI contendiendo internamente contra un político de peso completo como Manlio Fabio Beltrones. De inmediato es bautizado como El Gavioto, por haber contraído matrimonio con una actriz que se caracterizó como La Gaviota en una de sus telenovelas.

Es caricaturizado por su copete y satanizado por un problema judicial de grandes proporciones durante su mandato como gobernador del Estado de México, así como en ese mismo periodo por aprobar la disolución de una manifestación aparentemente pacífica, pero con muchas posibilidades de violentarse debido a que cada uno de dichos manifestantes, campesinos de Atenco, blandía un machete.

Todavía como candidato priísta asistió a un evento público llevado a efecto en la Universidad Iberoamericana y, al concluir ésta, fue increpado por un grupo de estudiantes no sólo por los impopulares problemas antes mencionados como gobernador, sino para exigir que hubieran más debates entre candidatos de todos los partidos políticos.

El primer asunto, aún con desaprobación popular, ya había pasado por su etapa legal de evaluación y el asunto segundo no era decisión del PRI, sino de las autoridades electorales autorizar más debates, y algo de eso pretendió explicar EPN pero ante el desborde de pasiones estudiantiles el candidato del PRI fue sacado de ahí por elementos de su protección personal.

Posteriormente políticos del PRI y del PVEM intentaron descalificar públicamente esa intervención a su juicio no propia de estudiantes universitarios, y por ello dijeron que fue tan sólo un puñado casi porril de estudiantes que no rebasaban la cantidad de 131. Tales declaraciones condujeron al primer gran problema de Enrique Peña Nieto porque un movimiento estudiantil de proporciones mundiales se formó con el nombre de “#yo soy 132”.

2.— Siendo ya Presidente de la República y previa la inusual y nada fácil negociación con las dos más importantes fuerzas políticas del país, se logró el convencimiento de éstas para analizar bien primero, y aprobar después, un inusitado cuanto ambicioso proyecto para sacar juntos a la nación del gran bache en que estaba, proyecto al que se denominó Pacto por México.

Tal proyecto, abierto, incluyente y de grandes miras republicanas, logró que en cuando menos entre las cúpulas partidistas del PRI, del PAN y del PRD, se aprobaran propuestas de reformas urgentes y claves para las actividades preponderantes de nuestro país mismas que, después de ser entregadas al Poder Ejecutivo, éste las enviaría como iniciativas al Congreso de la Unión para su aprobación, su rechazó o su modificación, según lo consideraran los legisladores federales de las dos cámaras.

Más por oponerse mediáticamente a políticas del partido en el poder que por real convencimiento, fueron pocos los legisladores de los llamados de izquierda que no votaron a favor de las citadas iniciativas. A nivel nacional e internacional la figura de Enrique Peña Nieto mereció elogios como estadista, y las expectativas para México fueron consideradas como un parte aguas entre el antes y el después.

3.— Sin embargo cinco graves acontecimientos mancharon severamente las medallas colgadas al Presidente: a) El asesinato de 43 normalistas en Iguala, Guerrero, b) la fuga de una cárcel de alta seguridad del narcotraficante “El Chapo” Guzmán, c) la catastrófica baja en el precio internacional del barril de petróleo crudo, d) el conflicto de interés en que incurrieron tanto él como Luis Videgaray respecto a compras de casas a través de una empresa a la que le han dado contratos de obra gubernamental, y e) la devaluación paulatina del peso mexicano a partir de especulaciones inmorales, pero legales, de millonarios que llevaron su capital al extranjero ante vaivenes financieros de afectación mundial, provocados entre otras causas por la crisis industrial de China, el gigante asiático.

Como se puede apreciar, salvo la fuga de El Chapo, que tal vez pudo evitarse, pero en que hubo complicidad de autoridades penitenciarias corruptas, y lo del conflicto de interés que podría tener explicaciones y hasta atenuantes, los otros tres grandes problemas son totalmente ajenos a la eficacia o la eficiencia gubernamental.

Es decir, sin intentar justificar fallas sólo por cuestiones partidistas, de ningún modo hay razones suficientes para la tan baja calificación del Presidente. Las reformas estructurales ahí están y se van a aplicar con muy buenos resultados previsibles para México.

Con la reforma educativa finalmente se está poniendo orden en ese monstruoso conglomerado que es la educación en México, acabando con vicios y componendas ancestrales y, lo más importante, se puso fin a un desmesurado conflicto magisterial provocado por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE)  en varias entidades del país, principalmente en Oaxaca.

Con la reforma de telecomunicaciones ya hay tarifas de telefonía fija y móvil con costos inferiores a los que se tenían. Con la reforma energética se está poco a poco despetrolizando la economía nacional y se trabaja ya para generar energía eléctrica limpia, además de permitir la inversión privada en rubros para los que el país carece de recursos, sin privatizar lo que es de la nación.

Además, pese a leves mejorías en la procuración de justicia, en el combate a la pobreza extrema y a la delincuencia en todas sus formas, pero fundamentalmente por el certero manejo del Banco de México para evitar la temible recesión en que otros países están cayendo arrastrados por la vorágine financiera mundial —sin aumentar la inflación—, se magnifica sólo lo malo, inevitable por la imperfectibilidad del ser humano.

El tiempo dará oportunidad de que el Presidente Peña Nieto demuestre su verdadera estatura de estadista, y dé pruebas fehacientes de que su periodo podría ser el mejor de los últimos siete sexenios.

Fernando Almeyda Cobos

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