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La tercera guerra mundial

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Cuando Francia incurrió en genocidio al asesinar indiscriminadamente a personas de cualquier edad, de cualquier condición social y de cualquier credo, con bombardeos dirigidos contra el Estado Islámico, al que hasta que se demuestre lo contrario no se le puede culpar completamente de los actos terroristas que sus miembros extremistas cometan, surgió en el mundo el temor de que esto fuera el inicio de la tercera guerra mundial, ya que a Francia se han unido militarmente Alemania, Estados Unidos y otras potencias, y Rusia está en un proceso de indefinición al respecto.

Desde entonces tuve la intención de escribir este artículo y ahora lo hago después de leer una bien documentada columna periodística de Fernando Mires, que un buen amigo me hizo llegar.

Como bien se sabe la Primera Guerra Mundial se inició con el asesinato en 1914 del archiduque Fernando, sobrino del emperador de Austria, Francisco José, por parte de un fanático nacionalista serbio, lo que generó una respuesta bélica del ejército austriaco, pero cuando Rusia se alió a los serbios, Austria recibió el apoyo de Alemania, Francia e Inglaterra, que en realidad aprovechaban ese incidente para intentar expandirse en la zona que ocupaba el imperio turco. Esta guerra concluyó con el Tratado de  Versalles.

La Segunda Guerra Mundial se inició en 1939, entre otras razones porque los líderes alemanes creyeron, basados en el Tratado de Versalles, que su país tendría bases para negociar un tratado de paz de acuerdo con los catorce puntos propuestos por el Presidente de los Estados Unidos, Harold Wilson, lo que no se cumplió, despojándose a Alemania de sus colonias y de algunos otros territorios, lo que originó indignación del pueblo alemán culpando de ello a socialistas, comunistas y judíos, y a su propio gobierno, lo que desencadenó una crisis política que fue aprovechada por Adolfo Hitler para ascender al poder.

Por otra parte, los imperios austro-húngaros y el ruso sufrieron también grandes pérdidas territoriales. En cambio Polonia tuvo un resurgimiento.

Hitler, como se  sabe, invadió con su ejército nazi a varios países principalmente para exterminar a los judíos de Europa, obsesionado como estaba con la raza aria. A Alemania se aliaron Japón e Italia, en tanto que por el otro lado estaban varias potencias europeas alrededor de los Estados Unidos.

Ninguna guerra, del tipo que fuera y por cualquier causal, es justa. Y al igual que cuando en la Segunda Guerra Mundial, Japón bombardeó un objetivo militar estadunidense y en represalia Estados Unidos destruyó dos grandes ciudades niponas, Hiroshima y Nagasaki, masacrando a millones de japoneses, ahora el ejército francés bombardeó el sitio donde supuestamente es la cepa de los isis, que se adjudicaron el atentado terrorista en París, matando indiscriminadamente a cientos de hombres, mujeres y niños.

A partir de ese atentado terrorista a la Ciudad Luz, la psicosis se volvió mundial y nadie quiere tener de vecino a un musulmán. No todos los serbios tuvieron culpa en el atentado al archiduque y a su esposa; no todos los alemanes eran nazis; no todos los italianos eran fascistas, ni todos los musulmanes son terroristas.

Además, con los globalizados medios de comunicación masiva, hay musulmanes en todo el mundo y nada garantiza que no haya terroristas en cada país, como tampoco nada asegura que sí los haya, pero valga esta reflexión para deducir que si Francia, Alemania y Estados Unidos, principalmente, se unen para atacar al Estado Islámico lo más probable es que se repita la guerra de Estados Unidos contra Vietnam: un Waterloo para el más poderoso ejército del mundo.

Una guerra, pues, de las potencias europeas en alianza con los Estados Unidos contra el Estado Islámico sería similar a la “guerra” del Estado mexicano contra la delincuencia organizada, que logra la captura o la muerte de tres delincuentes, pero surgen seis en su sustitución, debido a la fragmentación de las células afectadas. Es decir, sería una gigantesca guerra de guerrillas contra la que ningún país está preparado.

Fernando Almeyda Cobos

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