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Aniversario 58

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En un balance total y sin fronteras nada ha cambiado, las mismas dudas, los mismos sentimientos, el mismo despertar de cada día con la ilusión de enriquecer el alma.

Así como hoy, en una mañana luminosa me vestí de blanco, cubierta de tules y de azahares, con el corazón  rebozando de amor, hice la gran promesa irrevertible ante Dios, ante Carlos y mis padres, y emprendí esta aventura que ha durado 58 años.

Los tiempos de amor, pasión e incertidumbre se intensificaron en los primeros años, en un total aprendizaje de caracteres mutuos. Carlos y yo fuimos de la mano tropezando, cayendo, levantando, peleando y abrazando.

La melodía de fondo fueron las voces de cinco hijos, que se educaron en un ambiente de trabajo, travesuras y grandes discusiones. Hubieron vientos fuertes del norte, hubieron huracanes, se tambaleó nuestro hogar y acudimos a Dios, el que guió mis pasos cuando niña. Convencida estoy hoy más que nunca que si el cimiento está bien hecho nunca se destruye.

Trabajando los dos en nuestra empresa se afianzó el capital. El nombre y apellido se consolidaron colaborando Carlos en instituciones empresariales, yo en organizaciones de servicio social. Hay recuerdos de actividades memorables, con grandes amigos que son nutrientes en tardes de estío.

No fue fácil, no, ha sido muy difícil. Yo me siento poseedora de un gran conocimiento, aprendí a disfrutar cada momento sublime, y  a olvidar cada día amargo, a construir sin destruir a nadie, a perdonar, el no guardar rencor todavía está en un serio proceso de aprendizaje, casi logrado.

Recuerdo un poema de Amado Nervo que llegó a mi vida en tiempos de amor. Aquí está dentro de mí y me acompaña siempre:

 

Cada vez hallo la naturaleza

más sobrenatural, más pura y santa

para mí en rededor, todo es belleza;

y con la misma plenitud me encanta

la boca de la madre cuando reza

que la boca del niño cuando canta

quiero ser inmortal, con sed intensa,

porque es maravilloso el panorama

con que nos brinda la creación inmensa.

Porque cada lucero me reclama

diciéndome al brillar “Aquí se piensa,

también aquí se lucha, aquí se ama”.

 

En una postal muy cotidiana me encuentro en las noches junto a Carlos viendo televisión, conversando, discutiendo, yo tejiendo gorras para los nietos que se apuntan antes de venir en Navidad. Solos, tranquilos, con una grata sensación de haberlo hecho todo.

Aracelly Castillo Negrín

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