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Voracidad de alcaldes

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En la tercera semana de enero de este 2016, que apenas se inicia, se publicó en varios periódicos diarios del Estado de Campeche, la relación de percepciones económicas mensuales de los alcaldes que ya cumplieron con su deber de transparentar ese tipo de información pública. Y perdóneme estimado lector que confiese que esos datos me enfadaron —no empleo el término merecido por respeto a usted— por dos razones:

Una de ellas, porque pese a que en cada comienzo de trienios municipales lo exponga, siguen los cabildos adjudicándose las remuneraciones que les da la gana, sin sentirse avergonzados, y no hay —aunque debiera—, ley alguna que los regule de manera lo más proporcional posible en función de la cantidad de habitantes cuyas necesidades debieran atender.

La otra razón, es porque los partidos políticos que los postularon y las autoridades fiscalizadoras que deben dar seguimiento mensual al manejo adecuado de los recursos que reciben del Gobierno Estatal y del Federal, hacen lo que prometen en aras de la honestidad.

Como sabemos, el municipio de Campeche es el más importante y el de mayor población de todos, de acuerdo con el censo del Inegi de 2010. Para atender a 259,005 habitantes, el alcalde de Campeche recibirá  61,305 pesos mensuales, es decir,  24 centavos por cada uno; el de Ciudad del Carmen 59 centavos; el de Escárcega 1.85 pesos; el de Tenabo 7.70 pesos. Es decir, que comparativamente el alcalde del municipio de Campeche es el peor pagado de los otros mencionados.

Y no es que se proponga aumentar los emolumentos del de Campeche, sino de reducir ese atraco a las arcas municipales de los otros. Por todos los conceptos Seybaplaya es mayor a Calakmul y a Tenabo, y la suma de sus participaciones es cuando menos 100 veces menos que las de Tenabo, de tal modo que los emolumentos del primer edil de esta Junta Municipal ronda por los 30 mil pesos mensuales, es decir, la mitad de lo que recibe el alcalde de Tenabo.

Puede usted ir, estimado lector, a cada uno de esos ayuntamientos y se encontrará que en todo tiempo suspenden las ayudas económicas a los ciudadanos que las solicitan, porque “no hay dinero en sus arcas”, entonces si le mete lógica concluirá en que si no tienen recursos económicos no están trabajando, y si no están trabajando porqué cobran como si trabajaran.

¿Que no hay forma de cambiar con esa anormalidad? Claro que la hay, si los legisladores hacen la tarea para la administración honesta y justa de los recursos públicos. Para eso deberán cambiar adecuadamente la Ley Orgánica de los municipios del Estado, la Ley de Hacienda Estatal y Municipal, la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos del Estado, y una que otra adecuación a ellas.

Obviamente que, sólo por impulso en un acto de reacción natural a todo cambio, esgrimirán como escudo la autonomía municipal, pero ¿saben qué, señores alcaldes? Ustedes ganarán su autonomía cuando sean autosuficientes, es decir, que puedan hacer lo que les dé su regalada gana con los recursos que recauden vía impuestos y derechos.

Fernando Almeyda Cobos

 

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