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“Horizontes”

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Siete por tres 21, como Francisco ninguno… Francisco, hermano, ya eres mexicano; estas son sólo algunas de las consignas que se vitorearon en las filas que desde las 4 de la mañana se formaban a las afueras de Nunciatura Apostólica, en la colonia Guadalupe Inn de la Ciudad de México, para videograbar, tomar fotografías,  y lo más importante  recibir la bendición del Sumo Pontífice.

Obviamente en las enormes vayas que se realizaban en la ciudad conforme al itinerario y rutas por donde pasaría el Papa Francisco, no podían faltar las porras, el corear del Cielito Lindo, el agitar de banderitas con los colores de la Santa Sede, el entusiasmo de chicos y grandes era manifiesto al paso del papamóvil o del vehículo cerrado que lo conducía de un sitio a otro. Ante la emoción y el furor no faltó quienes portaban camisetas o se cubrían con cobijas, todas ellas con la imagen del Vicario de Cristo, y hasta quienes trepados en enormes escaleras, se jugaban la vida literalmente para alzar una imagen de la guadalupana, para llamar la atención del Sumo Pontífice a su paso.

¿Qué habrá pensado de nuestro entusiasmo y fervor guadalupano?, de nuestra auténtica alegría, de nuestra fe, que sabido es mueve montañas.  Y de los grandes contrastes, de la miseria y la ignorancia del pueblo de México, de los ciudadanos habidos de la bendición papal porque tenemos hambre y sed de justicia.

El Sumo Pontífice ha podido constatar un México sumergido en problemas graves como crisis económica, delincuencia organizada, la violencia generalizada, la corrupción y el narcotráfico, vaya que son diversos conflictos por lo cual comprenderá que su presencia resulta un remanso de esperanza y amor.

De tal forma, como misionero de misericordia y de la paz, el Papa Francisco ha exhortado a los mexicanos en su conjunto a orar por quienes nos aman y más aún por aquellos que no nos quieren ; ha llamado la atención a los obispos a quienes fuera de discurso les dijo: -“ Si tienen que pelearse, peléense, sí tienen que decirse cosas, se las digan. ¡Pero, cómo hombres, en la cara! Y como hombres de Dios que luego van a rezar juntos, a discernir juntos…y si se pasaron de la raya, se piden perdón; mantengan la unidad del cuerpo episcopal”.

Son muchos los mensajes que el Papa ha venido a darnos a los mexicanos, ha prescrito cariñoterapia a niños del Hospital Infantil Federico Gómez, en la Ciudad de México; y me atrevo a decir que también nos la ha brindado a todos cuantos le hemos visto en persona o hemos seguido sus mensajes a través de los medios de información: prensa escrita, radio y televisión.

Nos ha instado a vencer tres tentaciones: riqueza, vanidad y orgullo.

Asimismo el Sumo Pontífice ha apuntado que la principal riqueza de México hoy tiene rostro joven: -“ Sí, son sus jóvenes. Un poco más de la mitad de la población está en edad juvenil. Esto permite pensar y proyectar un futuro, un mañana. De esperanzas y proyección”.

En fin el Papa Francisco sigue en su peregrinar por nuestro México, no ha venido a confrontar a nadie, pero si          que ha despertado conciencias; ha apelado al corazón de la gente, no a la razón de quienes se empeñan en seguir perpetuando un sistema que muestra importantes síntomas de decadencia.

Además de que los mexicanos hemos de orar con más fervor por el Vicario de Cristo, a quien ahora nos sentimos más cercanos, espero, sinceramente, esta visita rinda frutos en todos los niveles de nuestra sociedad. Que viva Francisco y que su presencia en nuestros corazones nos de el aliento, y nos haga crecer en la esperanza de un mejor futuro.

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Por: Tere Mora Guillén

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