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Vivir en la inconsciencia

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Nos quejamos de la crisis que estamos viviendo y tratamos de ingeniarnos de la mejor manera para no sentir lo tupido, y así vamos con la esperanza de mejorar. Sin embargo hay situaciones que no dejan de sorprendernos.

Mi cabello pedía a gritos un corte y me fui al salón de belleza para solucionarlo. Me quedé pacientemente, mientras esperaba que una familia visiblemente humilde pagara el saldo de un paquete para su hija que cumple quince años.

Me enteré que hay paquetes para quinceañeras, bodas, graduaciones y otros más, y cuestan un ovario y otro también.

Me cuesta trabajo creer que una encantadora adolescente pueda ser “desfigurada” con capas de maquillaje, pestañas postizas y un peinado extravagante, cuándo a esa edad  la belleza consiste en la dulce y tierna mirada de una niña que no necesita afeites para ocultar la belleza propia de su edad.

¿Quién le ha hecho creer a la gente que estas modas son necesarias?

Y se endeudan con tantas pen… videos que les graban, desde donde las están maquillando, en la iglesia, en los extravagantes bailes carnavalescos para una chica que sólo quiere disfrutar a los amigos y no pretende endeudar a la familia.

Y es que nos estamos convirtiendo en una sociedad insatisfecha, sin criterio, que se deja llevar por los cánones que dictan los “diseñadores”, “maquillistas”, “modernos chef”, y así sucesivamente vamos cayendo en la insatisfacción, creyendo que si no sigues los dictados de los demás, serás menos que ellos.

Nunca había visto tanto derroche en fiestas infantiles, al grado de buscar a expertos organizadores de renombre para que les hagan su fiesta. Ahora les llaman “fiestas temáticas” y las hacen de acuerdo al héroe de moda. Y ahí van las madres con los mocosos disfrazados, más regalos y nuevo vestuario para no repetir el anterior.

¡Dios mío! Somos una sociedad insatisfecha, inconforme y sin criterio.

Odio las comparaciones, pero si hago memoria, los chicos disfrutaban igual ayer que hoy, y sin tanto remilgo.

Y qué decir de las múltiples graduaciones desde infantes, primarias, secundaria y quien sabe que ma… más. ¿Por qué no dejar el derroche cuando de verdad se gradúen al culminar una carrera si es que la hay?

Siento pena por el hambre, el desempleo, la desigualdad que vivimos, pero más pena siento por los que no tienen conciencia y criterio.

Y nos quejamos de la violencia —no la justifico—, pero ¿qué pensará el hombre qué palpa la falta de conciencia y la banalidad que vivimos y que nos lleva a crear una brecha mayor?

El mundo está en crisis y es necesario hacer conciencia en nuestros hijos.

Rosa María Lara Aguirre

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