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Recuerdos del ayer que hoy se hacen presentes

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Tal vez para muchos no signifique lo que para mí, el 50 aniversario de la Universidad Autónoma de Campeche (UAC), antes la Universidad del Sudeste.

Tuve el privilegio de compartir con el que fue mi novio, después mi esposo y padre de mis hijos, momentos emocionantes, de mucha presión y júbilo. Esta historia maravillosa dejó huella en nuestras vidas para siempre y comienza así: Un día del mes de mayo del año 66, llega el rector de la universidad, Lic. Javier Ku Delgado de la Ciudad de México y se encuentra con mi novio, Guillermo Cisneros Lara.

Le comenta: “Guillermo, quiero que te prepares porque te nombro encargado del discurso en nombre de los estudiantes de esta casa de estudios, ahora que nos visitará el presidente de la Republica. Te proporcionaré la información necesaria sobre lo que quiero que hagas mención y te sugiero lo hagas brillantemente”.

Esto me lo informa en una carta fechada el 22 de mayo de 1966; el 4 de junio del mismo año el discurso estaba terminado.

Con el visto bueno del rector y del Gobernador, me dice: “Ora mucho por mí por favor, yo lo estoy haciendo, esto para mi es tremendo, es una gran responsabilidad, hay mucho movimiento en Campeche, la gente está entusiasmada con la llegada del presidente el día 8 de Junio a las 6 pm”.

Días después del evento, me visitó en Mérida y me comentó de la presión vivida, la emoción y el descanso de su mente después de haber cumplido con éxito la encomienda.

Se regresó a Campeche, ese mismo día me escribió una carta diciéndome: “El rector está muy contento, me entregó una carta del presidente dirigida a mí y un hermoso regalo, un reloj Rolex con una dedicatoria al reverso que dice: “De Gustavo Díaz Ordaz a Guillermo Cisneros Lara, Campeche, Campeche, 8 de Junio de 1966”. Dicho premio me será entregado en una ceremonia en la cual se leerá la carta en mención. Quisiera volar y compartir contigo esta felicidad”

Pasaron los años y el 17 de octubre de 1970 contrajimos nupcias, y tuve el privilegio de llegar a Campeche y vivir 6 años hermosos en el departamento número 8 de la universidad, que antes fue habitado por el Lic. Guillermo González Galera.

Disfrutamos y amamos sus jardines y pasillos, el bullicio de los estudiantes, las hermosas tardes que podíamos contemplar desde el balcón después de la lluvia, los flamboyanes en flor y al anochecer el suave aroma de jazmines, claveles y limonarias; disfruté plantas de chaya y limones que muchas veces nos resolvieron el problema.

Estimamos y fuimos estimados por sus humildes veladores que nos llenaban de favores, disfrutamos también las visitas de amigos y amigas; significo la de dos personas especiales para nosotros, Olga Guerrero de R de la Gala y Doctor Eduardo R de la Gala Guerrero (Doña Olguita y Guayo), que con su amistad y su cariño alegraban nuestras vidas.

Y observo a través de las cataratas del tiempo, como mi esposo decía: “Dios ha sido bueno, muy bueno conmigo (con nosotros), nos trajo a Campeche y fuimos muy felices, y a casi un año de su partida -junio 5 del 2015-, le doy la honra y la gloria a Dios públicamente por el esposo que me dio, y el padre que mis hijos tuvieron.

¡Bendito seas Señor!

Ilsa María Rivero de Cisneros

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