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El tamaño sí importa

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La estructura sobre la cual se organiza todo nuestro sistema de Gobierno Federal, actualmente atraviesa por un difícil momento que está detonando en descomposición social. Por citar algunas situaciones, la corrupción existente en la administración pública —y que los gobiernos de Quintana Roo, Veracruz y Chihuahua demuestran—, salen a escena ante la proximidad de sus cambios de gobierno.

Tenemos los asesinatos de  alcaldes, que no son pocos; la inseguridad del país por la delincuencia organizada, vinculada muchas veces al gobierno; la reducción del presupuesto a las entidades federativas, la disminución del precio del petróleo —por los fenómenos a nivel mundial—, el alza de precios en la energía eléctrica y gasolina, el problema magisterial que ha impactado económicamente a los empresarios.

Como podemos darnos cuenta, el gobierno tiene abierto un buen número de frentes que lo debilitan, lo vulneran, y si no se actúa acertadamente ante esta problemática, toda la sociedad está en riesgo.

Considero que todo es consecuencia de una cadena de decisiones nada acertadas. Algunos pensarán que ha habido imponderables, por ejemplo, en cuanto a la economía nacional por el precio del petróleo. No, esto inclusive es producto de una mala decisión, ya que un país no se debe financiar de recursos no renovables y eso lo sabían los que manejan la economía nacional.

Si le aplicamos a nuestro sistema de gobierno lo que se aplica a las personas que somos consecuencia de lo que pensamos, sin duda los personajes que deciden sobre el destino de este país han estado pensando de una forma indebida, y como consecuencia actuando de forma indebida, ya que de otra forma no estuviéramos enfrentando las problemáticas actuales.

Por ejemplo, una de las malas decisiones es no actuar conforme a la ley y en lugar de esto ponerse a medir fuerzas con la Coordinadora Nacional de la Educción (CNTE), y en esto de estar midiendo no siempre el que cree que tiene ventaja es quien sale vencedor, porque al parecer en esto de medir fuerza, a la Secretaria de Educación Pública (SEP) le pasó como al burro de un jeque árabe.

Les cuento. Un jeque árabe tenía un burro por mascota, al cual quería extremadamente; el jeque cayó en preocupación porque se dio cuenta que hacía semanas que su burrito estaba decaído y triste, por lo que hizo una publicación en un periódico, en la cual señalaba que quien pusiera de buen humor e hiciera reír a su burro, le daría cincuenta monedas de oro.

Basta decir que desfilaron los interesados ante esta oferta, sin embargo nadie podía poner de buen humor al burro y sobre todo hacerlo reír, hasta que ya saben, apareció un mexicano y le dijo al árabe: “soy capaz de hacer reír a su burro, pero para ello pido dos condiciones. Que me ponga un tienda de campaña como las que usted usa en el desierto, y que me deje veinte minutos a solas con su burro”.

“Concedido” —contestó el árabe millonario—, y uniendo la palabra a la acción cumplieron las condiciones del mexicano. Pasados los veinte minutos, salió de la tienda de campaña el mexicano y se acercó al árabe, y le dijo: “pase a ver a su burro y págueme”. Efectivamente, el burro estaba muerto de risa. No podía ni sostenerse en pie. Pasaron varias semanas y el burro no dejaba de reírse, cosa que ya no toleraba el árabe.

Entonces, el rico árabe sacó otra publicación diciendo que daría 50 monedas de oro a quien callara a su burro o lo hiciera llorar. Pasaron un sin fin de personajes que inclusive hasta le pegaban al burro, y este no dejaba de reírse. Apareció de nueva cuenta el mexicano, y al verlo, el árabe le dijo: “¿otra vez usted?”. “Así es —le respondió—, soy capaz de hacer llorar a su burro, pero quiero las mismas condiciones que le solicité la vez anterior”.

“Concedido” —dijo el árabe—. Después del tiempo reglamentario, salió el mexicano y dijo: “págueme y pase a ver a su burro que está llorando”. Efectivamente, el burro del árabe estaba llorando. Ya se retiraba el mexicano, cuando el árabe hizo que sus guardias lo detuvieran, y le señaló: “usted no se va de aquí si no me revela el secreto de cómo hizo reír y como hizo llorar a mi burro”.

“Se lo digo, pero me tiene que pagar otras cincuenta monedas de oro” —respondió el mexicano—. No de muy buena gana el árabe aceptó pagarle y le preguntó: “ahora, dígame, ¿cómo hizo usted reír a mi burro?”. “Mire, me metí a la casa de campaña, me le puse enfrente para que me viera, después me acerqué a una de sus orejas y le dije: ¿Qué crees burrito?, yo tengo mi órgano viril más grande que el tuyo. Su burro me volteó a ver y comenzó a reír”.

Esbozando una sonrisa, el árabe inmediatamente le dijo: “ahora dígame cómo es que lo hizo llorar”. “Pues vera —le contestó el mexicano—, me metí a la tienda de campaña y le mostré que era cierto lo que le había dicho. El burro entristeció tanto ante la realidad, que se puso a llorar”.

El que entendió, entendió, no voy a explicar. Esto de medir fuerzas es una mala decisión, cuando existe un marco normativo que nos regula. Lo de medir fuerzas solamente se ocupa cuando no hay ley que aplicar y el más fuerte es el que vence, y según escuché en la radio lo que le pasó al burro está sucediendo entre la CNTE y la Secretaría de Educación.

Por otra parte, al parecer se está abriendo otro frente que espero se maneje con mayor inteligencia, ya que los empresarios de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio y Servicios Turísticos (Concanaco) habían amagado con dejar de pagar impuestos, y por otra parte el jefe del SAT, Aristóteles Núñez, dice  que sería delito.

Eso que intenta hacer el jefe del SAT es asustar al muerto con la soga del ahorcado, y es una mala decisión, porque el posicionamiento de los empresarios a todas luces es legítimo ya que, o pagan impuestos, o le pagan a los trabajadores, y esto se debe a la pérdida que han tenido por las actuaciones de la CNTE.

Hoy por hoy, la administración pública requiere de aliados y no adversarios, así que una forma de hacer aliados es que el SAT entienda a los empresarios —quienes siempre han colaborado con el país—, y deje de estar amenazando o intentando medir fuerzas. En eso de medir se pueden llevar otro susto.

José Guadalupe Celis Pérez

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