Inicio»Opinión»El Gran Poder de Dios

El Gran Poder de Dios

0
Compartidos
Google+

En abril inicia la feria al Gran Poder de Dios, una fecha que no se pierde en la historia porque se viene realizando desde hace muchos años.

Me sorprendió saber que el predio donde se ubica la ermita es propiedad privada y que gracias a la familia Carvajal esta tradición se ha mantenido. Hoy tiene la responsabilidad de los festejos la señora Rosario Carvajal, descendiente de don Secundino Carvajal y doña Trinidad Herrera Rodriguez.

Los herederos de esta pareja devota: Secundino, Ángel, Concepción, Miguel, Sara, Luisa y Teresa, han continuado con esta tradición. Se relata que esta ermita fue construida en el siglo XVIII, al parecer se realizó en tres secciones.

Al visitar el sitio se percibe el cuidado de su aseo: bancas ordenadas en el centro de la nave y en los costados, y en el fondo imágenes de diversos santos y una cruz, pues al concluir la feria continúan los festejos por el Día de la Santa Cruz, donde intervienen los alarifes.

Tuve la fortuna de contar con Quintiliano Sulú Abad, quien me proporcionó información valiosa para escribir este artículo. Desde luego me entrevisté con la señora Carvajal, quien me confirmó y corrigió algunos datos proporcionados por Quintiliano.

En esta feria intervienen muchas familias, principalmente de mi barrio Santa Ana, a quienes se les conoce como “nocheras”, entre ellos Esther González, Estebana Sulú, Bartolo Olivares y Pablo Mex, quienes colaboraron hasta los años 60’s.

Posteriormente se adjudicó esta responsabilidad a Antonio Peralta, Socorro Sánchez, Alfonso Mex, Angelita Madogol y la familia Sulú Abad, entre otras.

Durante la feria se realizan actividades tradicionales que me atrevería a pensar es el único sitio de la ciudad donde se efectúan: el palo y el cochino ensebado, gran diversión no solo para los que compiten por los premios, sino también para los espectadores.

Se instalan juegos mecánicos y otros, como las canicas, los globos, los puestos de antojitos y los voladores que adornan el cielo cuando alcanzan su culmen y estallan. Desde luego las piñatas para los pequeños y un baile para los adultos, viviéndose un ambiente de fiesta, la fiesta del Gran Poder de Dios.

Se realiza una procesión donde intervienen cientos de personas que durante el recorrido a la iglesia de Santa Ana van entonando cantos religiosos acompañados de música viva, y se puede observar la fe en el rostro de muchos de los que en ella intervienen.

Durante algún tiempo se realizaba la misa en la capilla, pero se ha optado por una peregrinación que integra a unos fieles que son esperados en el templo por otros tantos más y por el sacerdote de la parroquia.

Es de reconocer a la familia Carvajal el esfuerzo que hacen por conservar las tradiciones, y que por tratarse de un predio particular no puede recibir apoyo de las instituciones. Algo hay que hacer, ojalá las autoridades apoyen este tipo de eventos, que son parte de nuestra identidad como santaneros y como campechanos.

Ojalá puedan visitar esta ermita y constaten lo bien cuidada que la tiene esta familia. Se vive ahí una paz que invita a regresar, aprovechemos esos espacios para ir a pedir a quien todo lo puede; es una lástima que no se aproveche, pues se puede usar para bodas, XV años, misas de acción de gracias, etcétera; cuenta con patio muy amplio que seguramente podrá rentarle su propietario y así contribuir al mantenimiento de este sitio histórico.

El Gran Poder de Dios es una tradición que no debemos dejar morir.

Rodolfo Bernés Gómez

Noticia anterior

Esquizofrénico golpea a su madre

Siguiente noticia

En crisis también las vendedoras de pulpo