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Trascender con hechos

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La huella de los salvatorianos

Ante un escenario en que las malas noticias están a “la orden del día”, se espera que la religión sea “la voz que clama en el desierto”; sea el espacio digno que ofrezca a su feligresía la paz espiritual, la armonía, un refugio en sí que propicie el reconfortamiento, y permita la regeneración en un hombre nuevo y renovado.

Cuando la religión ya no es símbolo de espiritualidad, debe autoevaluarse, realizar un serio examen de conciencia que permita ordenar el rumbo y reconocer los errores cometidos. Urge a la feligresía campechana la paz espiritual.

Como parte de mi experiencia profesional, tuve la oportunidad de colaborar como docente con los Hermanos de la Sociedad del Divino Salvador, desde los inicios de la preparatoria. Todavía tengo muy frescas las imágenes del padre Sebastián recorriendo los pasillos del Instituto Mendoza, siempre atento a las necesidades de la niñez, la juventud y los padres de familia que confiaban los más preciado que tienen: sus hijos.

El padre Andrés en la parte espiritual, siempre estuvo atento a las necesidades espirituales de estudiantes, docentes, administrativos y personal de apoyo que colaborábamos, todo en un marco de respeto y en un ambiente académico.

Recuerdo al padre Sebastián como una persona muy dinámica, siempre inquieto y pensando en nuevos proyectos que permitieran el crecimiento de las instituciones educativas a su cargo, obras que han quedado para la posteridad, y a pesar de que le hayan quitado la nomenclatura de “Salvatorianos”, todos los que tenemos conciencia sabemos a quién se le debe la iniciativa de que hoy disfruten las nuevas generaciones.

En la Preparatoria Fran Angélico, podemos mencionar el polyforum, la capilla, la cancha techada, espacios verdes y edificios concluidos; en el Instituto Mendoza, solo por mencionar algunos, el domo monumental, la infraestructura del edificio de la sección preparatoria, la remodelación y modernización del edificio principal con la fuente bien iluminada y la imagen de la Virgen de Guadalupe en la planta alta; el gimnasio amplio y equipado, el acceso lateral techado, el edificio para las niñas y los niños del nivel prescolar.

Además, siempre se caracterizaron por fomentar el deporte creando el equipo “Fuerza salvatoriana”, así como los eventos intergeneracionales con los partidos de fútbol con padres de familia y sus hijos.

Recuerdo que un grupo de madres de familia, al llevar a sus hijas e hijos al Instituto Mendoza, esperaban a que fuera abierta la puerta principal para ingresar al gimnasio, el cual se hizo para que las señoras tuvieran un espacio para mejorar y mantener su condición física.

El padre Sebastián en sus intervenciones, siempre decía: “Recibimos a sus hijos desde pequeños y se los entregamos al concluir su preparatoria”. Y ciertamente, los padres de familia confiaban en la calidad de la enseñanza que mantenían a sus hijas e hijos desde preescolar, primaria, secundaria, hasta el nivel  preparatoria. Los proyectos del padre Sebastián todavía iban más allá, en algún momento me comentó su intención de ofrecer licenciaturas y posgrados.

El padre Sebastián siempre estuvo preocupado por darnos a conocer las bases teológicas de su congregación religiosa, por ello se ocupaba de la parte de formación del talento humano; en cada sesión formativa que teníamos se fijaba muy bien en quienes llegaban tarde y les llamaba la atención, haciendo énfasis de que los docentes somos “ejemplo” a seguir de nuestros estudiantes, y cómo les vamos a pedir que sean responsables y puntuales si no hacemos lo propio.

La puntualidad siempre fue virtud de los Hermanos de la Sociedad del Divino Salvador, aprendimos mucho en esas sesiones en donde nos reunían a las dos escuelas. Decía el padre Sebastián: “somos una gran familia, Instituto Mendoza y Fray Angélico”, y siempre trataba de que los eventos fueran en conjunto. Uno de los recuerdos que me llevo y que nos inculcaban en estas sesiones, es que el “maestro debe inspirar a los estudiantes a ser mejores”.

Gracias al padre Sebastián tuve la oportunidad de participar en dos celebraciones eucarísticas en la Hacienda Poxilá, una presidida por él en la capilla y la otra presidida por el arzobispo de Yucatán, Don Emilio Carlos Berlie Belaunzarán, todo un personaje; solo verlo inspiraba respeto, su trato humano y sensibilidad ha sido una de las experiencias que atesoro.

La Hacienda Poxilá es muy hermosa, su capilla bella y tener el alto honor de escuchar y saludar al excelentísimo señor arzobispo, ¿lo imaginan?, todo un lujo. No gastamos ni un peso, nos trasladaron y dieron los alimentos, uno de los mejores paseos que he vivido, conviviendo todos sin distingo: personal de apoyo, administrativo y docente.

Era tal la gratitud que los padres de familia tenían hacia la institución y el personal docente, que lo demostraban de diversas formas. Entre nuestros estudiantes estaba la hija de un alto funcionario de la Secretaría de Marina, que nos invitó a todo el personal que había intervenido en su formación académica a un paseo en las instalaciones de la base de entrenamiento que tienen en la Exhacienda San Luis Carpizo, en Champotón.

Nos proporcionó traslado, un desayuno excelente, un paseo por las instalaciones y un detalle como recuerdo. Que los padres de familia de este nivel te reconozcan lo que haces por su hija, no tiene precio. Son gratos recuerdos.

Tuvimos generaciones excelentes en la preparatoria; se privilegiaba la disciplina, el respeto y la calidad académica; tenían el nivel académico suficiente para realizar exposiciones en eventos realizados en el nivel superior; diseñaban y exponían carteles científicos.

Uno de nuestros estudiantes tuvo la experiencia de dar dos conferencias en una institución de nivel superior, imaginen la escena: un estudiante de preparatoria rodeado de estudiantes de nivel superior en un auditorio con más de cien personas.

Muchos de los egresados ya están finalizando sus licenciaturas, pronto serán futuros médicos, odontólogos, licenciados en derecho, contadores, ingenieros, políticos, y es un gusto encontrarlos y que te digan que haber estudiado bajo la dirección de los salvatorianos fue de gran aprendizaje. Evidentemente la inversión que sus padres realizaron fue bien aprovechada.

Cuando empezaba el maléfico plan en contra de los Hermanos de la Sociedad del Divino Salvador, uno de mis estudiantes tuvo la valentía de manifestarse en la puerta de la Santa Iglesia Catedral, portando dignamente su uniforme con los logos salvatorianos, con un cartel expresando su postura. Me acerqué y le pregunté qué estaba haciendo, y me respondió con toda seguridad: “Estoy expresando mi desacuerdo ante la injusticia que están cometiendo”. Todo un ejemplo de valor y seguridad.

Mis respetos al padre Andrés, quien en un acto puro de humildad cumplió el voto de obediencia, y ante una orden de un superior dejó las instalaciones únicamente con sus pertenencias, dejando para la posteridad todas las obras realizadas en San José Obrero: la capilla de San Juan Pablo Segundo, el Convento Salvatoriano, por mencionar algunos.

Las personas de la calle 105 “A” donde se ubica la iglesia de San José Obrero se caracterizan por ser muy pacíficos, pero que los vecinos se hayan unido y manifestado realmente significa que se sienten agraviados por las decisiones tomadas en la élite religiosa, en detrimento de la fe de muchos católicos, ante lo cual surge una interrogante: ¿Realmente a esa élite le importa la fe de la feligresía campechana?

Todavía pueden observarse en las calles aledañas a la iglesia, las mantas colgadas en sus domicilios pidiendo “misericordia para los salvatorianos”, aludiendo al Año de la Misericordia.

La iglesia de San José Obrero desde sus inicios ha tenido extranjeros a su cargo; recordamos todavía con mucho cariño al padre Gerardo Green, sacerdote que sentó las bases espirituales en la parroquia de San José Obrero. Eran otros tiempos, indudablemente prevalecía la paz espiritual.

¿Qué sucedió? ¿En qué momento se ha esfumado en Campeche el sentido espiritual de la religión? ¿En qué momento han osado derrumbar los sueños e ideales salvatorianos en Campeche? ¿Qué hay detrás de toda esta situación que a todas luces se ha salido de control?

Urge realizar un acto de conciencia y preguntarse: ¿Las acciones tomadas en todos estos meses han contribuido a fortalecer la espiritualidad Campechana?  Qué es lo que se pretende: ¿ellos pierden, yo pierdo?, ¿ellos pierden, yo gano? ¿No es mejor ganar, ganar?

Las sagradas escrituras dicen: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Me parece que la religión debe estar ocupada en los aspectos espirituales y los políticos en los aspectos materiales; si alguien está confundido de profesión y piensa hacer política en la religión, debe tener cuidado. La feligresía campechana busca paz espiritual, demasiado cansada está de los que pertenecen al otro grupo.

Jacqueline Guerrero

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