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México de ayer, México de hoy

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Soy del siglo pasado, nací en el año de los juegos olímpicos en nuestro país, el año de los movimientos sociales que convulsionaron al México del siglo XX. De 1968 a la fecha han acontecido innumerables hechos en los diferentes sectores de la sociedad.

Entre el progreso y la pobreza, el desarrollo y el rezago, la educación y el analfabetismo, el crecimiento demográfico, el desempleo, narcotráfico, homicidios y suicidios, se dibuja un escenario de inseguridad que rompe con el ambiente multicolor de la flora nacional, con la brillantez de sus flores, la artesanía matizada en los huipiles y en los floridos tocados de sus mujeres.

En pleno siglo XXI, ante el inminente desarrollo tecnológico, avances en salud gracias a investigaciones en genómica molecular, nuestro país convulsiona nuevamente, la situación económica es crítica, continúa el rechazo a las reformas estructurales impulsadas por la federación.

El impacto en la política nacional de las elecciones del gran país vecino que son preocupación y amenaza, el clima social frágil ocasionado por los movimientos a favor del respeto a la diversidad sexual, entre una larga lista de temas de actualidad, hacen del ambiente nacional un presente de desconfianza e inseguridad.

Justo en este mes, el inicio del movimiento de independencia es motivo para dejar de lado —temporalmente— las amenazas económicas, políticas, sociales y culturales que están lastimando a los mexicanos. Las fiestas patrias apenas hacen olvidar el panorama amenazador, pues en  todos los Estados Unidos Mexicanos, como forma de honrar los designios de los personajes que combatieron para abolir la esclavitud, conseguir la libertad y la independencia de los españoles, evocamos esa gesta heroica.

Atendiendo a los sentimientos de la Nación, firmó José María Morelos: “Que igualmente se solemnice el día 16 de septiembre todos los años, como el día de aniversario en que se levantó la voz de la independencia y nuestra santa libertad comenzó, pues en ese día fue en el que se abrieron los labios de la Nación para reclamar sus derechos y empuñó la espada para ser oída, recordando siempre él mérito del grande Héroe el señor don Miguel Hidalgo y su compañero don Ignacio Allende.”

El capítulo del movimiento emancipador de 1810 marcó otra época en el país, sucesos que los mexicanos recordamos en septiembre, celebración para todos en la que deben participar  los niños, al escuchar, ver, conocer a los forjadores de la independencia de México. No hay duda que durante escolares, la infancia, las experiencias permanecen en la memoria.

Así como de pequeños se impregnan los aromas del campo, las tardes húmedas del verano, el olor a pólvora de la pirotecnia en septiembre, el colorido de los adornos de las fiestas patrias, la frescura matinal del otoño, el encanto de villancicos y la magia de la navidad, tantos recuerdos vivos se convierten en emociones a lo largo de los años.

La riqueza de nuestro México es generosa, su historia forjadora de identidad y patriotismo; su vasto territorio bañado por aguas de dos océanos, con selvas exuberantes son verdadero paraíso; sitios y ciudades prehispánicas aguardan tesoros legendarios de otros tiempos, que ante la mirada sorprendente de nativos y visitantes permanecen en el silencio de las edificaciones, imperio de las civilizaciones.

En el tiempo, las hazañas de pobladores. Motivos para educar a la niñez e inculcar respeto y amor a los símbolos patrios, su nación, su historia y sus héroes. ¡Viva México!

¡El México que soñamos de niños, no es igual al México de hoy que vivimos como adultos!

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