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Para que se acepten tus ofrendas

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Francisco Ávila Pérez

Cuentan los mayores que es en esta época del año, cuando Dios da permiso a las almas de los que ya murieron para que salgan del lugar en donde se encuentran y visiten las casas en donde vivieron, en ellas reciben de sus familiares rezos, oraciones y ofrendas, en los altares que se ponen especialmente con ese propósito.

La gente en los primeros días del mes de octubre de cada año, acude a los cementerios a limpiar las tumbas de sus parientes y amigos, y les llevan flores, veladoras y hasta comida, para expresarles su cariño y decirles cuánto y por qué los recuerdan.

Las almas de esos muertos reciben todo con alegría, y entregan a nuestro Señor los rezos y plegarias; pero esto, si encuentran a su familia unida y en pacífica convivencia. Si los hallan desunidos, llenos de odio y la ambición reina entre ellos, entonces sufren y jamás descansarán como se les desea.

Si para que los vea la gente sus parientes los festejan de acuerdo a la costumbre y van a los panteones a llorar, pero en vida maltrataron, abusaron, chantajearon, mintieron y se quedaron de mala manera con las propiedades materiales de sus difuntos, entonces los visitantes no reciben nada aunque se los pongan en su mesa o sobre sus tumbas, pues por instrucciones divinas solo pueden recibir lo sincero, cariñoso y honesto.

Las que están en este último caso lloran ante la imposibilidad de componer el daño que les hicieron, porque en vida fueron víctimas del engaño de aquellos en quienes creyeron y resultaron ser falsos y traicioneros; malvados que ahora aparentan gozar de lo que se apropiaron por medios ilegales y fraudulentos, aprovechándose de la enfermedad y la buena fe de los hoy fallecidos.

Pero, ¡ahí de ellos!, no pueden disfrutar de lo mal habido, y sus conciencias jamás los dejarán tranquilos, y cuando les llegue el final lamentarán lo que hicieron, sin temor ni respeto al Divino Creador. Todo lo que hayan obtenido a la mala será como sal en sus vidas y tendrán que dejarlo como todo lo material, y por más que lloren y recen, de nada les valdrá. ¡Arrepentimiento tardío!

Si es usted una de esas personas que cometieron ese horrible pecado, no pierda su tiempo en fingir, la verdad siempre se sabe y como dice la Biblia: “Devuelve lo mal habido a sus legítimos dueños, haz paz con tus hermanos y gana gracia, y perdón ante nuestro Señor”.

El 30 de noviembre las almas regresan a su lugar, cargadas unas de bendiciones y la gracia de las ofrendas, y otras de sufrimiento y pesar. ¿Volverán a venir el año próximo? ¡Solo las felices!

Por eso se aconseja cuidar en vida a nuestros padres y ancianos, para asegurar su descanso eterno cuando se vayan y para tranquilidad de nuestras conciencias. ¡En vida hermano, en vida!

 

obrasfranciscoavila.blogspot.com

 

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