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El gasolinazo, causas y efectos (parte I)

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Quien diga que el actual gasolinazo no ocasionará une escalada de precios con efectos inflacionarios, miente deliberadamente: pronto toda actividad productiva se sentirá afectada por ese que podría ser un mal necesario, pero sí será una medida que pudo haberse ido aplicando de poco en poco, como otras veces, y que conducirá a la inflación hacia el indeseado valor de dos dígitos.

Quien diga que es una consecuencia de la aplicación de la reforma energética también miente, pues es imposible pensar que una reforma de tal envergadura tenga efectos tan a corto plazo.

Miente también quien se lo atribuye a efectos de la globalización, pese a que los costos internacionales del valor de un barril de crudo, y los efectos negativos en la bolsa mexicana de valores, sí resientan los vaivenes económicos y políticos internacionales.

Para conocer los orígenes de este y de otros gasolinazos anteriores, tendríamos qué conocer el mal manejo gubernamental de la política energética desde un sexenio de hace más de 40 años. Comenzó con Luis Echeverría Álvarez, por su injerencia directa en Pemex, restándole autonomía y responsabilidad, lo cual se sumó al descuido administrativo suscitado por el descubrimiento de grandes yacimientos proveedores de elevadas reservas, que pasaron de 2 mil 880 millones de barriles en 1970, hasta 49 mil 911 millones en 1983, orientando al sector de hidrocarburos hacia la exportación.

Al terminar el período de altos precios del petróleo, y elevarse en los Estados Unidos las tasas de interés para contener la inflación, José López Portillo no manejó bien los consecuentes efectos, y sobrevino entonces una brutal devaluación del peso y la estatización de la banca privada.

Carlos Salinas de Gortari reestructuró la deuda externa dejando como garantía de cumplimiento el producto de las exportaciones petrolíferas y entonces se crearon los pidiregas (proyectos de impacto diferido en el gasto), que no son sino deudas “contingentes” o “pasivos indirectos”.

Introducidos mediante modificación dolosa de la Ley General de Deuda Pública que, según la Secretaría de Hacienda ascendió en el año 2009 a casi 2 billones de pesos, es decir el 46.6 % de la deuda pública total de México, también Salinas de Gortari, por decisión mediática ante pérdidas acumuladas de su credibilidad pública, en 1991 ordenó el cierre de la refinería de Azcapotzalco por supuesta alta contaminación en el Valle de México, en vez de instalar equipos anticontaminantes asequibles industrialmente.

Quedaron en operación desde entonces solo 6 refinerías, incluyendo la de Salina Cruz, Oaxaca, puesta en servicio en 1979. Se decía aún que el “charro” aguantaba todo.

Vale la pena detener un poco esta triste historia de Petróleos Mexicanos, para dar algunos datos de la producción de una refinería. La de Minatitlán, por ejemplo, cuando ya llevaba aproximadamente cien años operando tenía una planta catalítica que procesaba 50 mil barriles diarios de crudo, lo que equivalía a 9 millones 540 mil litros de gasolina de diversos tipos por día.

Fernando Almeyda Cobos

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