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La educación debe vencer

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Palabras prestadas

 

La civilización, como afirmó de manera memorable H. G. Wells, es una carrera entre la educación y la catástrofe. Si debe vencer la educación, tenemos que elevar de manera urgente el ritmo del cambio en nuestras escuelas. La mayor parte de los sistemas educativos del mundo están en proceso de reforma. Pero la reforma no basta. La verdad es que necesitamos una transformación total de los principios y procesos de la Educación Pública.

Si la educación es la piedra filosofal para transformar la calidad de vida de la gente; la piedra angular de mejores oportunidades para una sociedad en crecimiento; que le pega de frente las decisiones del Gobierno en cuanto a impuestos se trata; que golpea a muchos por una actitud no bien entendida, entonces es necesario alimentar la escuela, a sus docentes, alumnos y padres de familia, para que al unir esos puntos formen una red de aprendizaje y valores.

Un módulo sobre competencias básicas en la web da a conocer: “La sociedad del conocimiento va precedida de la sociedad de la información. En la  sociedad del conocimiento, la riqueza, el desarrollo económico, el bienestar y hasta el desarrollo personal están unidos al conocimiento. Un conocimiento que se vuelve rápidamente obsoleto. En esta sociedad, en la que ya vivimos, son esenciales los aprendizajes claves para la vida, para la empleabilidad y para el aprendizaje a lo largo de la vida”.

Cuatro rasgos básicos de la sociedad del conocimiento son: El uso intensivo de tecnologías de la información y comunicación. La difusión acelerada de  la información a través de las redes sociales. La utilización del capital humano en las actividades productivas. La explotación económica del conocimiento mediante la innovación.

El reto es pasar de una sociedad de la información a una sociedad del conocimiento, donde sepamos separar lo prescindible de lo imprescindible; donde se tengan los mecanismos suficientes para colectar y relacionar la información relevante; donde se pueda generar conocimiento e innovar.

El impacto de la sociedad del conocimiento en la educación ha hecho que Edgar Morin proponga cuatro pilares de la educación: “aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser”. Alvin Tofler, en La Tercera Ola, afirma: “Un analfabeto será aquel que no sepa dónde ir a buscar información que requiere en un momento dado para resolver una problemática concreta. La persona formada no lo será con base en conocimientos inamovibles que posea en su mente, sino en función de sus capacidades para conocer lo que precisa en cada momento”.

Interrogantes que encuentran respuestas al unísono desde diferentes teorías. Lo que es claro es que el conocimiento se ha convertido en factor de producción, reemplazando el trabajo manual desde la óptica de un blog de filosofía. No basta una reforma educativa, ni tener exceso de información; es saber procesar esos datos para producir conocimientos innovadores.

Está saturada la red de información, pero muy pocos se atreven a deshebrar, separar los datos, traducirlos en nuevas ideas, conocimiento que urgen en lo que se llama sociedad del conocimiento, anclada en la sociedad de la información. La escuela está llamada a ser la clave del desarrollo social, económico y político; no solo forma, también informa y transforma la realidad de los que al abandonar las excusas encuentran el éxito.

Todo educador que asume con responsabilidad su trabajo, está obligado a no claudicar en dos ejercicios intelectuales básicos: “una reflexión filosófica profunda que atiende a los fines de la educación, y en ellos la conformación de la moral ciudadana sostenida en un marco de valores y valoraciones sociales que le dan sentido y seguridad a la vida humana; y un trabajo intenso en procesos de conocimiento sustentados en procedimientos de orden científico que nos ofrecen los medios y las herramientas”, afirma el texto Educación y Ciudadanía en la Sociedad del Conocimiento.

Principios y procesos, valores y métodos; fortalecer la expresión oral y escrita, y comprensión lectora para crecer como persona; convertirse en verdaderos emprendedores, gente en potencia de crecimiento, capaces de construir su destino, no con la opinión de los demás, sino con el esfuerzo personal, invirtiendo los 86 mil 400 segundos que se depositan en nuestra existencia todos los días, y hacer productivas las más de 90 mil millones de células de nuestro cuerpo.

 

Candelario Pérez Madero

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