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Gasolinazo, daño colateral

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A partir de la liberación y el incremento a los precios de los combustibles en el país, el descontento generalizado no se hizo esperar.

Inmediatamente el presidente Peña Nieto instruyó al secretario de Hacienda, José Antonio Meade, a dar la cara para explicar a los mexicanos los motivos, las ventajas y los beneficios de esta decisión, y a pesar de que lo intentó no logró convencer con las siguientes declaraciones:

La reforma energética no era para que los precios de los energéticos bajen; nuevos precios de gasolinas, competitivos; el subsidio es insostenible; la liberalización en el precio de la gasolina, que se iniciará en algunas regiones del país en menos de tres semanas, no debe generar ningún espacio a la incertidumbre de los consumidores ni a la especulación con el costo final del combustible y aumento a precios de gasolina no debe asustar a los consumidores.

En la versión oficial aseguran que México tendrá un mercado de gasolinas que permitirá la competencia y que hará que el precio del combustible pueda subir o bajar con base en las condiciones del mercado, como hoy sucede en casi todo el mundo. Es decir, los precios se regirán a partir de la oferta y la demanda.

Sin embargo, habrá que ver si los inversionistas del sector energético, al solicitar sus ganancias, van a sujetarse al precio que se regule a través del mercado, lo cual nos lleva a revisar el contenido de la reforma energética, que establece, entre otras cosas, “el fin del monopolio a partir de 2017, en que los particulares podrán ofrecer servicios de gasolinerías con marca propia, y en 2018 se liberará la importación de gasolina”, por lo que Pemex podría perder el monopolio en este sector.

Razones más, razones menos, lo cierto es que el impacto económico en la sociedad golpea demasiado fuerte los bolsillos de la clase trabajadora, productores y consumidores, a la gente de a pie que no tiene sueldo oneroso ni caja chica de donde echar mano para paliar éste y otros incrementos.

El secretario de Hacienda consideró además que no es razonable que el gobierno sea el que tenga que estar administrando el precio de algo que en el resto del mundo es un mercado competido.

Lo cierto es que México, siendo el décimo productor de petróleo en el mundo, sigue importando las gasolinas, en mayor porcentaje, de Estados Unidos, debido a que las seis refinerías ubicadas en Tula, Hidalgo; Salamanca, Guanajuato; Cadereyta, Nuevo León; Ciudad Madero, Tamaulipas; Salina Cruz, Oaxaca y Minatitlán, Veracruz, solo tienen capacidad para procesar crudo ligero y no el pesado.

Esto revela una dejadez del Gobierno por invertir en infraestructura moderna que ubique a Pemex al mismo nivel del resto de los países líderes en petróleo, por lo tanto, México no puede competir al 100 por ciento en el mercado internacional al depender sus precios de los que recibe del exterior.

Con el aumento del 20 por ciento, los estados donde se vende más cara la gasolina —de 16.33 a 16.59 pesos— son: Chihuahua, Puebla, Nayarit y Jalisco. Los precios más bajos —de 15.09 a 15.65—, están en Campeche, Yucatán, Tamaulipas, Veracruz y Quintana Roo.

En repudio a la reforma energética, en Guerrero, Monterrey, Estado de México, Puebla, Ciudad de México y otros estados se realizan marchas, bloqueos de carreteras, cierres de gasolineras, entre otras acciones.

La preocupación ya llegó a algunos miembros de la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago), quienes en los próximos días se reunirán con el secretario de Hacienda para conocer a detalle información que les permita fijar su postura, aunque los gobernadores de Baja California, Aguascalientes y Puebla ya se expresaron abiertamente en contra, lo mismo que líderes de opinión, economistas y politólogos, quienes coinciden en la posibilidad de que los combustibles aumenten más sus precios en lugar de bajar.

Veremos cuál será el posicionamiento de la Conago, donde por cierto el gobernador Rafael Alejandro Moreno preside la Comisión de Energía y tendrá la oportunidad de ratificar su lealtad al federalismo y definir alguna propuesta, para que las inversiones extranjeras y sus efectos se traduzcan en beneficios que la población demanda en estos momentos.

La factura política sin duda la pagarán el presidente Peña Nieto y los legisladores federales que aprobaron la liberalización del precio de los energéticos.

El daño colateral ya está hecho, incluso contra su propio partido, el PRI. El escenario de la elección presidencial parece oscurecerse para los peñistas a menos de que en el tiempo que falta para llegar al 2018 articule una estrategia suficientemente buena, para persuadir a los electores que hoy reciben un latigazo tras otro.

Así, frente a un escenario donde una decisión oficial ha provocado el incremento de precios en productos, servicios, transportes y mayor inflación, que se traduce en menor calidad de vida y menos bienestar para las familias, el sentir del pueblo ruge como una fiera herida atada de manos y pies, cuya única alternativa es mostrar su enojo.

Si bien a lo largo de la historia los gobernantes han tomado decisiones dolorosas, a veces son necesarias. No podemos omitir aquello que lastima a nuestros hermanos, porque lamentablemente nos afecta también a nosotros mismos.

Quien diga lo contrario, miente.

 

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Elda Clemente Reyes

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