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Sentido de pertenencia

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Por encima de leyes, reglas o acuerdos biunívocos, la permanencia de una persona en cualquier agrupación religiosa, cívica o partidista, está condicionada a la concordancia de sus creencias respecto al rumbo de dicha agrupación, distinto al que tenía cuando se afilió. Lo idóneo sería que esa persona exponga oportunamente sus inconformidades ante los dirigentes actuales y, a partir de ello, decidir si renuncia o no a esa agrupación, pero hacerlo saber así.

Bajo esas consideraciones, si a un católico ya no le satisface seguir profesando esa religión y quiere cambiar, nada ni nadie puede impedírselo no estando obligado, en este caso, a notificárselo a la autoridad eclesiástica del lugar donde vive. Si a un profesionista miembro de una organización civil ya no le parece adecuado permanecer en su gremio, por las razones que fueran, está en su derecho de solicitar y obtener su baja. Si una persona afiliada a un partido político cualquiera, siente que las decisiones o el comportamiento de la directiva se alejan de los principios básicos que la impulsó a sumarse a dicho partido, nada ni nadie puede impedirle que renuncie a él y se afilie después a otro si así lo decide.

En México hemos sido testigos de muchos desmembramientos partidistas, siendo uno de los más notorios cuando Cuauhtémoc Cárdenas y varios que lo secundaron por diferencias con el rumbo que había adoptado el PRI, renunciaron a él y de inmediato formaron una agrupación política que luego se convirtió en el PRD. Un caso reciente en Campeche fue la salida del PRI de uno de sus miembros “distinguidos” para afiliarse a Morena.

Un hecho que a nivel nacional se ha difundido profusamente, es el del senador perredista Miguel Barbosa, que es líder de su bancada y que de pronto declara públicamente su simpatía hacia Morena, no aceptando la irregularidad de su actitud ni las consecuencias de ella, traducida en la renuncia a su liderazgo senatorial inmediato y a su partido después.

En el caso de Campeche o en cualquier otro similar, a mi juicio no es traidor ese miembro por renunciar al PRI y afiliarse a Morena, aunque no sea por principios sino por interés personal; nos guste o no, porque se parecería al empleado de una empresa cuyo futuro ahí está truncado y se va a otra que le ofrece una posición mejor, aún en el caso de que su empresa original le hubiera pagado cursos de preparación laboral.

Si en el caso partidista la directiva le hubiera negado el derecho de audiencia para manifestar sus inconformidades, lo que es muy común, entonces ese miembro no incurre en ingratitud —menos en traición— contra su partido, si esas inconformidades las hace públicas.

Lo que ha hecho el senador Barbosa es cuando menos inmoral, porque no solo es un miembro más sino uno que representa a su partido en el senado de la República, y con honestidad política lo que debió haber hecho es renunciar no solo a ese importante cargo sino a su militancia partidista, y después afiliarse a otro echándole flores o no.

En todos estos casos lo que no se ha lucido es el sentido de pertenencia y de lealtad, que de ningún modo es sinónimo de incondicionalidad, porque esta actitud es denigrante para quien la manifiesta y para quien la exige. En ninguna circunstancia es indeseable la autocrítica.

Fernando Almeyda Cobos

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