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La pintadera

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Aunque en los anales históricos del Carnaval no hay una razón exacta para el tradicional Martes de Pintadera, según algunos historiadores es la fiesta que cerraba los festejos al rey Momo y anteceden al Miércoles de Ceniza, por tanto se trata de un festejo para liberar, a través de trapazos con pintura, el último aliento carnestolendo.

Es cierto que nuestro Carnaval cada vez es menos tradicional y que se están perdiendo muchos de los festejos originales, como la pintadera, pues ya no hay tal actividad como en años anteriores, donde los barrios tradicionales y las calles de la ciudad eran casi un campo de batalla multicolor.

Sin embargo, pareciera que para dar impulso a este festejo que se realiza el último martes del Carnaval, la Dirección de Vialidad, dependiente de la Secretaría de Seguridad Púbica del Estado de Campeche (SSPCAM), desde hace varios meses realiza una campaña de pintadera única e incomparable, la cual consiste en pintar de amarillo las banquetas de la ciudad.

No hay que ser muy observador para darnos cuenta que casi cada milímetro de las banquetas en las calles del Centro Histórico, los barrios aledaños, gran parte del malecón, las calles del mercado, entre otras, han sido pintadas de un tono amarillo que según la Ley de Vialidad significa que se trata de un “lugar prohibido” para estacionarse.

Quizá no esté mal, considerando que los campechanos siempre queremos estacionarnos en la puerta del lugar al que pretendemos, debemos, tenemos o intentamos visitar, y que también refleja nuestra negativa a caminar, que se traduce en un problema de obesidad que ya preocupa a las autoridades de Salud.

Por otro lado, estamos los que buscando un lugar para estacionar nuestro carrito, hemos conocido calles jamás antes transitadas, callejones, casonas y hasta casas chicas en los lugares menos pensados de la ciudad, lo que nos ha servido para descubrir los rincones desconocidos de Campeche, entre otras cosas.

Pero, ¿es necesario pintar de amarillo todas las banquetas del Centro Histórico y demás calles? Esas rayas nos han encarecido tremendamente nuestro estilo de vida, pues consumimos mas gasolina buscando estacionamiento que yendo de un lugar a otro. Amén del dinero que pagamos en estacionamientos privados.

Al grave problema de la pintadera vial que nos arremete la autoridad en nuestro Centro Histórico, se suma el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), que lejos de contribuir a mejorar y dar un mejor uso a las casonas viejas que están a punto de derrumbarse, prohíbe terminantemente la demolición de ellas, ni siquiera para utilizarlas como estacionamiento, aun respetando la fachada original.

Es abstruso que haya tanta inopia cerebral en las autoridades del INAH, cuando de esa forma podrían “obligar” a los dueños a mejorar aun más la belleza histórica de nuestra ciudad dando un mejor uso a las casas que están por derrumbarse. ¿Hasta cuándo entenderán que tienen que ser más flexibles?

También habría que preguntarle al director de Vialidad, Dimitri Antonio Molina Castillo, ¿por qué tanta franja amarilla? Cierto es que en Campeche hay un exceso de motocicletas, quizá por eso hay más espacios para estas que para automóviles en el centro, amén de los lugares para personas con discapacidad que tanto hacían falta y de los cuales no discuto.

Pero pintar franjas amarillas indiscriminadamente no soluciona el problema de la capital. Campeche está creciendo y su parque vehicular también. Los trámites burocráticos, los negocios, los sitios históricos y hasta parte de la sana diversión están en el Centro Histórico, pero curiosamente es donde menos lugar hay para estacionarse.

Aproximadamente el 75 por ciento de los cajones de estacionamiento disponibles los ocupan, precisamente, los empleados del Gobierno. No tenemos estacionamientos públicos gratuitos, los pocos que hay privados son insuficientes y cobran mucho. Urge una solución a este problema.

Quienes frecuentan el Centro Histórico tienen que dar varias vueltas para estacionarse, y en ocasiones tomar un taxi para ir al punto de encuentro y luego otro para regresar por el vehículo. Estacionarse en lugar prohibido es demasiado riesgo por las multas que se otorgan a diestra y siniestra.

¿Tendremos que cambiar a moto o bicicleta? La solución más económica y saludable será acostumbrarnos a caminar, como hacían antes nuestros abuelos. Sin duda alguna eso reducirá los problemas de obesidad y cardiacos, con el riesgo de tropezar con algún paso peatonal o raya amarilla.

Jorge Gustavo Sansores Jarero

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