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Sin reglamento

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A mediados del año 2011, en plena administración municipal del fallido alcalde panista de Campeche, Carlos Ernesto Rosado Ruelas, inició el cierre de la calle 59 para peatonalizarla y de esa forma, según el exedil, lograr que los escasos comercios de esa arteria detonaran y mejoraran su economía. Desde entonces tal  situación generó mucha polémica, misma que parece ser el cuento de nunca acabar.

Cubierto por el manto protector de su padrino, amigo, impulsor secreto y  patrocinador, Fernando Eutimio Ortega Bernés, el exalcalde Rosado Ruelas dio inicio al cierre, destrucción y reconstrucción de la 59, sin siquiera tener en mente una idea clara de lo que pretendía hacer, mucho menos un proyecto definido de lo que hasta hoy es un verdadero desgarriate peatonal.

Parecía que al finalizar esa administración panista la calle 59 retomaría su cauce, cosa que no sucedió, ya que ante los vericuetos y la falta de proyecto, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) metió las manos para poner, tres años después, todo tipo de negativas a la peatonalización y apertura de negocios en esa zona. ¿La razón? Dejar a Campeche sumido en la antigüedad.

Para ponerle más piedras al proyecto, la Secretaría de Cultura, entonces dirigida por Carlos Vidal Angles, decidió utilizar la calle peatonal como muestra callejera de esculturas, lo que también generó molestias a los peatones, pues ya no tenían ni siquiera por donde caminar. A la par proliferaron antros sin permisos de funcionamiento, y ante la falta de un reglamento para esa zona, cada uno hacía lo que le venía en gana.

Así transcurrió la nefasta administración de Fernando Ortega Bernés, quien primero con su locuaz ahijado Rosado Ruelas, y posteriormente con Ana Martha Escalante Castillo en la alcaldía, fue incapaz de formular un reglamento de operación para los comercios, restaurantes y bares de la calle 59.

Los comerciantes, empresarios, negociadores, boleros, dulceros, sociedad y hasta las mismas autoridades no pueden solucionar los problemas cotidianos de esa arteria peatonal, porque quien se sienta agraviado puede siempre ampararse ante la falta de una reglamentación que proteja a los comerciantes de esa vía o ayude a la autoridad municipal a poner orden.

A lo largo de estos años, han sido incontables las ocasiones en que los empresarios han exhortado tanto a las autoridades municipales y estatales, como a los diputados locales en turno, a visitarlos para que conozcan su sentir y el de los ciudadanos que los frecuentan, y a que den fe de lo que aportan a la economía local y turística.

Actualmente la calle 59 ha tomado mayor auge, pero no precisamente por su promoción, detonación, explotación o mejora en infraestructura. Los inspectores del Ayuntamiento, buscando cumplir su deber pero sin reglamento disponible en mano, clausuran y multan temporalmente a los empresarios de la zona sin considerar las constantes quejas de los clientes y turistas que nos visitan, y que se ven perjudicados indirectamente ante tal situación.

Es cierto, la ley se debe aplicar pareja para todos, pero hay que comenzar por redactar y aprobar un reglamento que marque las leyes de operación a los empresarios de la zona. Y aquí es preciso señalar que si la van a aplicar pareja, que no sea solo para los negocios de la calle 59 o del malecón, pues hay muchos otros centros nocturnos y cantinas disfrazadas de restaurantes y una que otra discoteca que reciben el trato preferencial.

Es verdaderamente penoso presenciar cuando los inspectores municipales llegan a los negocios instalados en la calle 59 cuando están llenos de familias, turistas, parejas, grupos de amigos, entre otros, para multarles, pedirles que apaguen la música, verificar el mobiliario, revisar los baños, checar si el menú está bien impreso y verificar que los meseros tengan bien puesto el uniforme, entre otros tantos requisitos. Peor aún es cuando deciden clausurar y generan molestia al empresario y a la clientela, sobre todo porque la autoridad quiere poner orden cuando ni siquiera existe un reglamento vigente.

Según el propio Ayuntamiento de Campeche, en un afiche dado a conocer a finales del año pasado a través de sus redes sociales, la calle 59 permanecerá cerrada y será exclusivamente peatonal desde la calle 8 hasta la 16. Sin embargo, hay partes de esta arteria marcada como peatonal donde aun hay tránsito vehicular. Entonces, ¿clausuramos el Ayuntamiento por no aplicar la ley pareja?

Como seis años no fueron suficientes, el mismo comunicado digital refiere que de común acuerdo con el INAH y las secretarías de Cultura y Turismo estatales, dieron una prórroga a los empresarios campechanos de la 59 para cambiar su mobiliario, más bien para homologarlo, quedando como límite el mes de marzo del presente año. Ya estamos bien entrados en el mes y el mobiliario sigue siendo diferente en cada negocio, y los carros siguen circulando en algunas partes. ¿Será porque no hay reglamento? ¿O porque no hay seriedad en la autoridad municipal?

Resulta ilógico el que todos los locales tengan que utilizar un mobiliario idéntico, ya que unos funcionan como restaurantes, otros como cafeterías y algunos más como bares, por lo que en cada caso utilizan lo que más se ajusta a su concepto. Después del incoherente mandato de homologación, ¿podríamos esperar que también quieran controlar los menús que uno pretenda consumir?

Si bien la Unidad de Desarrollo Económico, Turismo y Competitividad del Ayuntamiento de Campeche debió informar a todos los empresarios de la calle 59 de esta iniciativa, quienes han abierto después de ese “aviso” aseguran no estar enterados, por lo que utilizan el mobiliario que han mandado a hacer o que les proporcionan sus proveedores.

Además, el Ayuntamiento estableció el día 7 de enero del presente año como fecha límite para presentar el Proyecto de Peatonalización Permanente de la Calle 59, sin embargo hasta la fecha, dos meses después del límite, no se sabe, conoce, vislumbra, ni se tiene idea de algún reglamento, ni siquiera improvisado, que pueda utilizarse para ordenar la calle en cuestión.

Mientras tanto, los empresarios deberán seguir a la expectativa de otra visita sorpresa de los inspectores de un Ayuntamiento capitalino incapaz de reglamentar sus giros comerciales, y pedirle a los visitantes y clientes que no hagan escándalo para evitar multas por ruido excesivo. De igual forma, deberán tener todo tipo de mobiliario para ver cuál es el que al final deciden autorizar quienes algún día deberán concluir el proyecto de ley.

Para muchos ciudadanos la calle 59 se ha convertido en una cantina pública, pero eso es consecuencia de que no hay un marco regulatorio que determine las áreas y especifique los horarios para la venta de alcohol. La culpa no es del empresario, pues todo aquel que tenga un negocio ahí aprovechará todo hueco en la ley —que en este caso aun no está definida— para vender y ganar más dinero.

Si este Ayuntamiento de Campeche realmente quiere poner orden en la calle peatonal, debe dejar de repetir los mismos errores de las dos administraciones pasadas y terminar ese proyecto que ya tiene muchos años de atraso. Si en verdad están pensando en detonar la economía local y brindar oportunidades a nuevos empresarios, deben tener presente que de esos negocios que funcionan en la calle 59 dependen varias familias campechanas, que además generan muchos empleos.

Hoy que queremos detonar el Turismo, que buscamos que nuestra economía crezca y que además tenemos un Centro Histórico hermoso, lo mejor es reglamentar adecuadamente este proyecto y no arruinar a los empresarios con multas y clausuras sin sustento legal. El horno no está para meterle más bollos. ¿O sí?

Jorge Gustavo Sansores Jarero

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