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El regalo de la oración

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Susurros

Decía Gandhi, el gran maestro espiritual, que la oración más profunda es más una señal de agradecimiento por la que se recibió, que una solicitud o súplica por algo que aún no se vive.

Recuerdo que de muy chica que cruzaba al parque de san Román a jugar por las tardes con mis amigas, pero me encantaba ir a casa de Modesto, que disfrutaba sentado en su mecedora y tocaba la filarmónica; solo que Modesto era ciego. Le gustaba contarme anécdotas y alabar la belleza de la tarde. Como cualquier pequeña le preguntaba cómo podía saber si no veía.

Con infinita alegría me contestaba que sentía el aire en su cara, que olía el aroma de las flores de sus macetas, que escuchaba el bullicio de los niños; se reía y continuaba tocando.

En aquel entonces no comprendía la magnitud de aquel hombre que todo su ser estaba en oración, gritando en silencio que el día, a pesar de su ceguera, era un día con suficiente dicha.

Si sabemos cómo escucharlo, el corazón nos dice más allá de las palabras que a pesar de la diminuta comprensión que tenemos de las cosas, nos rodea una luz extraordinaria que jamás podemos imaginar.

Como decía Ghandi: “Cuando la oración se emplea como medio para mostrar gratitud, la misma oración nos puede conducir a esa luz”.

Modesto tenía esa facultad que le mostraba al mundo, y al hacerlo se inundaba de lo sagrado.

 

Rosa María Lara Aguirre

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