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¡Hagamos algo diferente!

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Llegaron las vacaciones, y con ellas la oportunidad de hacer algo diferente sin tener que alejarnos mucho de casa. Démonos oportunidad para conocer las maravillas naturales e históricas que nos ofrece Campeche, Vayamos a las diferentes playas a disfrutar del astro sol, que a diario con su luz nos irradia su energía sin cobrarnos un solo centavo. Disfrutemos de la brisa al recorrer o ejercitar con una caminata en las mañanas o tardes por los malecones, ya sea de la capital, de Champotón o del Carmen.

Afortunadamente en Campeche hay muchas playas que podemos disfrutar de forma gratuita con toda la familia, y que seguramente servirá no solo para fortalecer el lazo familiar y el apego amoroso, sino para conocer nuevas personas que podrían convertirse en nuestros amigos.

Conozcamos Playa Bonita, viajemos hasta Payucán, lleguemos a Sabancuy y su blanca arena o incluso hasta Isla Aguada para disfrutar la compañía de hermosos delfines que habitan en todo el esplendor de la Laguna de Términos. Si queremos ir hacia el norte del Estado, podemos visitar la Isla de Jaina o Isla Arena, lugares con el encanto del paraíso natural que pocos han sabido aprovechar.

Es imposible no mencionar el bello cenote azul en Miguel Colorado, Champotón. El sitio es ideal para hacer un poco de senderismo, nadar, ejercitarse en un kayak y desde luego, tirarse en la tirolesa que atraviesa el cenote y disfrutar del bello paisaje natural de ese lugar.

El aprendizaje cultural debe comenzar en casa. Tomemos un tour por nuestras espléndidas y majestuosas zonas arqueológicas. Edzná, Calakmul, El Tigre, Becán, Chicanná o Xpuchil, y regresemos en el tiempo para saber más acerca de nuestros ancestros mayas, esos que nos dejaron un legado que aún cautiva a propios y extraños en todo el mundo.

Camino a Calakmul, disfrutemos de nuestra vasta selva, cuna de especies protegidas y algunas en peligro de extinción, y agradezcamos a la madre naturaleza por el privilegio de vivir en un gran pulmón del mundo llamado Campeche. Nuestra entidad goza de dos nombramientos mundiales por ser Calakmul, Patrimonio Mixto, y la ciudad de San Francisco de Campeche, Patrimonio Cultural de la Humanidad.

Dejemos que nuestra imaginación regrese unos 400 años, a la época en que los piratas atacaban nuestra bahía en busca de nuestros tesoros, para llevarse nuestra riqueza. Disfrutemos la arquitectura militar de antaño, visitando las murallas que nos protegieron de los temibles Lorencillo, Barba Roja, Morgan y Pata de Palo, entre otros temibles filibusteros que quisieron adueñarse de nuestra tierra, pero que fueron expulsados con la valentía y tenacidad que caracteriza a los campechanos.

Y porque en vacaciones todo se vale, bien valdría la pena recorrer a pie también los barrios tradicionales. En cada esquina habrá una historia, con leyendas y cuentos que dejan boquiabiertos a aquellos que tienen la fortuna de escucharlos.

El chivo brujo, la cueva del toro, la llorona, la bruja del faro del morro, el callejón del diablo, el puente de los perros, entre otras leyendas, son parte de la cultura e imaginación campechana que nos harán vivir noches intensas en los barrios de la ciudad. Un paseo por Santa Lucía, Santa Ana, San Francisco, Guadalupe, San Román, La Ermita, nos dará suficientes historias que perdurarán en el recuerdo y en las nuevas generaciones.

La ciudad de San Francisco de Campeche cuenta con dos tranvías y un turibús para conocer aquellos rincones que desconocemos aún, y a la vez que nos servirán de esparcimiento y de gozo. La opción un paseo por el mar en el barco pirata nos permitirá admirar la ciudad desde otro ángulo que seguramente nos dejará maravillados.

Salgamos en familia, con la novia, el novio, los amigos o quizá hasta en soledad, pero hagamos de estas vacaciones algo digno de recordar. Que estas dos semanas nos quede el buen sabor de boca de la excelsa gastronomía campechana; que los recorridos aviven en la mente la historia de nuestro Estado; que nos maraville la destreza de nuestros artesanos y nos deslumbre la belleza de cada rincón de Campeche.

Estas vacaciones dejemos de pensar en lo que pudo haber pasado, hagamos realidad cada momento y vivamos cada instante. Que después de las vacaciones tengamos algo emotivo para compartir en las pláticas de la escuela, del café, del salón de belleza, del súper mercado, por la calles o hasta en la propia casa. Salgamos a disfrutar de la vida para que tengamos algo más para rememorar en las reuniones de la posteridad.

Jorge Gustavo Sansores Jarero

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