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Reserva de la Biosfera, entre círculo de fuego

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Si en las décadas de los 80´s y 90´s del pasado siglo el tema del calentamiento global de la capa de ozono a muchas personas les parecía un fenómeno distante, incluso incomprensible, hoy resultan muy evidentes sus negativos ejemplos, y los tenemos ya en el Estado de Campeche, particularmente al interior de la Reserva de la Biosfera de Calakmul, en el municipio del mismo nombre.

En esa importantísima zona de preservación ecológica para nuestro país, el Continente Americano y el mundo, la mayor parte de los cuerpos de agua están secos, y los que subsisten tienen niveles mínimos, lo que constituye peligro de muerte para la fauna silvestre y mantiene en serio riesgo los recursos selváticos y la preservación de los vestigios arqueológicos que le dan renombre internacional a la cultura maya.

De acuerdo con especialistas en el tema, desde hace cinco años el comportamiento de las lluvias no ha sido favorable para esa región del sur de la entidad, y los meteorólogos estiman que hace falta un quinquenio más para superar la contingencia.

Por eso, el Ayuntamiento de Calakmul y el Consejo Municipal de Protección Civil plantean la necesidad de declarar en “estado de emergencia” a la región, petición que formalizarán ante el gobernador Rafael Alejandro Moreno Cárdenas, para que inicie el proceso de aprobación ante la Secretaría de Gobernación.

En realidad, se trata de que la autoridad municipal solicite al Ejecutivo Estatal la “declaración de emergencia”, requisito fundamental para solicitar y recibir recursos del Fondo de Desastres Naturales (Fonden), para atender la contingencia y reducir su impacto negativo en la zona afectada y entre la población.

Hay que recordar, como mencionaron oportunamente funcionarios relacionados con las actividades productivas en base a predicciones sobre el comportamiento del clima, la temporada anual de estiaje se adelantó, pues en la mayor parte de la entidad no llueve desde noviembre del año pasado, y en la Reserva de la Biosfera de Calakmul la situación es mucho más atípica, ya que las precipitaciones pluviales no se han regularizado en los últimos cinco años.

De ahí que en las últimas semanas hayan subido las temperaturas a 40 grados a la sombra, aunque la percepción ha sido de 43, lo que entraña alteraciones en los ciclos biológicos, eleva el riesgo de incendios forestales y urbanos y agudiza problemas de salud, como la aparición de vómitos y diarreas por consumo de alimentos descompuestos y aguas contaminadas y golpe de calor, que de no ser atendido con oportunidad puede ser mortal.

A lo anterior hay que agregar el inicio de la temporada de quemas con fines agrícolas y ganaderos, más los incendios con fines ilegales para forzar cambios de uso de suelo u originados por descuido de cazadores furtivos que dejan fogatas encendidas en zonas forestales o cercanas a ellas y de fumadores que tiran colillas encendidas.

Otro factor es que al secarse árboles, arbustos y pastos, el roce entre ellos propiciado por el viento produce chispas que se convierten en llamas y pueden salirse de control, particularmente en zonas de difícil acceso para brigadas y equipos de combate al fuego.

Pero la acción humana tiene la mayor influencia en el surgimiento de incendios forestales y urbanos y en el calentamiento global, con lo que se cierra un círculo vicioso peligroso y difícil de romper, especialmente cuando el grupo social no toma conciencia del asunto, carece de cultura preventiva y cree que son las entidades e instituciones gubernamentales, sus recursos humanos y sus equipos materiales, las que exclusivamente tienen la obligación de prevenir y combatir el fuego.

Todo lo anterior ha quedado claro en las últimas semanas, con el surgimiento de incendios forestales que, ahora sabemos, agudizan la situación crítica en que ya se encontraba la Reserva de la Biosfera de Calakmul, el pulmón más importante no solo del país, sino de América Latina, y uno de los que más oxígeno generan en el mundo.

Solo por citar los últimos, se tiene el registrado en Pixoyal, Champotón, que requirió de 15 días de extenuantes labores de 139 apagafuegos de los tres niveles de gobierno y productores voluntarios, encabezados por integrantes del Equipo Estatal de Manejo de Incidentes, y el apoyo de un helicóptero con helibalde de la Secretaría de Marina Armada de México.

Este siniestro afectó mil 200 hectáreas de renuevos —plantas pequeñas nacidas de árboles padres—, arbustos y pastizales, ubicándose entre los de mayor extensión lastimada este año.

Al norte de la Reserva, en sus límites con el municipio de Hopelchén —del que se desmembró la parte que hoy es Calakmul—, surgió el de Chanchén, que afectó 50 hectáreas de selvas medianas y bajas. Aunque este siniestro tuvo extensión menor que el de Pixoyal, la afectación forestal provocó mayor impacto negativo en los recursos selváticos.

Antes del fuego en Chanchén, hubo otro en Xmabén 3, que consumió 70 hectáreas de pastizales y arbustos, y permanece activo uno más en Gustavo Díaz Ordaz, Calakmul.

Para decirlo de manera más breve, la Reserva de la Biosfera está entre un círculo de incendios —que constituyen grave amenaza a sus recursos forestales y faunísticos y vestigios arqueológicos—, y el calor que provocan complica la situación, pues aumentan las temperaturas y la presión atmosférica, lo que impide la formación de nubes y por consiguiente la precipitación de lluvias.

Todo esto obligó al Ayuntamiento de Calakmul a tomar dos medidas: la suspensión de quemas agropecuarias para contrarrestar el riesgo de que surjan más incendios, y la declaratoria de emergencia, que deberán presentar al Gobierno del Estado para que el gobernador Moreno Cárdenas la promueva ante la Secretaría de Gobernación, a fin de que se considere la declaración de desastre natural.

¿Cuál es la diferencia entre una y otra declaratoria? La Segob menciona en su página web que la “Declaratoria de Emergencia es el reconocimiento de la Secretaría de Gobernación —de— que uno o varios municipios o delegaciones políticas de una entidad federativa, se encuentran ante la inminencia o alta probabilidad de que se presente un fenómeno perturbador de origen natural, que provoque un riesgo excesivo para la seguridad e integridad de la población”.

Y la Declaratoria de Desastre: “Es la manifestación pública por parte de la Secretaría de Gobernación, y a solicitud de alguna entidad federativa o dependencia federal, de que ha ocurrido un fenómeno natural perturbador en un lugar y tiempo determinado, mismo que ha causado daños tanto a la vivienda como a los servicios e infraestructura pública federal, estatal y/o municipal. Todo de acuerdo a lo que determinan las Reglas de Operación del Fonden”.

O sea, ambas son requisitos fundamentales para que Campeche, es decir, el Gobierno, tenga acceso a recursos del Fonden para superar los efectos de la contingencia, en este caso para poner en marcha medidas que mitiguen los niveles críticos de las aguadas al interior de la Reserva de la Biosfera de Calakmul, evitar hasta donde sea posible las afectaciones a recursos forestales, faunísticos y mantener bajo protección los vestigios arqueológicos mayas.

Dejamos para el final de este tema el asunto de las responsabilidades —¿o irresponsabilidades?— oficiales en materia de control del uso del fuego con fines productivos.

Como lo puntualizó el secretario de Medio Ambiente y Recursos Naturales del Gobierno del Estado (Semarnatcam), Roberto Iván Alcalá Ferráez, la Ley de Quemas estatal asigna a los ayuntamientos —a sus presidentes municipales—, la responsabilidad de autorizar y expedir los permisos para el uso del fuego, como paso previo a las actividades productivas.

No obstante, es sabido que hasta ahora los ediles han incumplido con esa obligación, como también es una realidad que los productores tampoco piden permiso para quemar sus parcelas y potreros, ni respetan el Calendario de Quemas aprobado anualmente.

¿Qué hacer? Obligar a que los ediles cumplan con lo que la normativa les autoriza, y sancionar a quienes la incumplan, incluyendo a los productores, que deben ser los más interesados en que imperen el orden y la organización.

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