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Migración, problema ancestral

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Migración es el fenómeno social mediante el cual una persona o grupo de personas salen de un país hacia otro por diversas razones. Mientras están en el país de origen son emigrantes, en el trayecto son migrantes, y al llegar al país destino son inmigrantes.

Según una versión religiosa el Éxodo fue una de las primeras grandes migraciones en el mundo, llevada a cabo por Moisés cuando condujo durante 40 años a su pueblo hebreo hacia Palestina, la tierra prometida, por caminos desérticos.

Otras migraciones fueron las que se originaron desde ciertas regiones de África, unas voluntarias motivadas por guerras y la hambruna, y otras involuntarias de indígenas extraídos de sus tribus por mercenarios que infrahumanamente los condujeron tras largas travesías para venderlos como esclavos —entre otros lugares a los Estados Unidos—, para trabajar en las grandes plantaciones de inmigrantes que ya habían hecho fortuna.

Diversos estudios indican que en el año 2000 el número de migrantes internacionales fue de 175 millones, en tanto que en el 2013 ascendió a 232  millones. Esos flujos migratorios se originaron por una parte de África hacia Europa y por otra de América Latina hacia Estados Unidos, creando en los países receptores graves problemas internos por insuficientes oportunidades laborales y de servicios, por rechazo a la integración y por sentimientos xenofóbicos.

Detalles específicos que vale la pena conocer para juzgar lo mejor posible la repatriación de compatriotas nuestros del poderoso vecino del norte, son los siguientes:

1.- En algunos de los países nórdicos ofrecen recibir a migrantes, siempre y cuando adopten el idioma y las costumbres de dichos países. Se oponen a la multiculturalidad.

2.- En una reciente visita a Rusia, el rey de Arabia Saudita le preguntó a Putin si le permitiría construir una mezquita en su país, y la respuesta de Putin fue: “sí lo permito, siempre y cuando usted nos permita construir una iglesia católica ortodoxa en el suyo”. No hubo lo uno ni lo otro.

3.- La religión católica nos induce a aceptar y a adoptar las enseñanzas de Jesús como hijo de Dios. Una de ellas es la de dar de comer al hambriento y de beber al sediento. Si un indigente llega a nuestro domicilio a pedir limosna, lo primero que hacemos es preguntarle por qué no trabaja, y si le damos de comer y de beber utilizamos utensilios desechables para que consuma todo en la calle. ¿Cuántos de nosotros le damos la mano, lo invitamos a entrar a nuestra casa y/o a comer en nuestra mesa?

4.- Cuando por el boom petrolero llegaron muchas personas a Ciudad del Carmen  en busca de oportunidades para laborar, la mayor cantidad de ellas fueron hombres dispuestos a gastar lo menos posible en su persona, a fin de poder enviar a sus familias lo necesario para subsistir. Esa natural decisión originó la proliferación de infames cuarterías y de puestos callejeros de alimentos. Por causas conocidas, ese boom desapareció pero de manera simultánea no desaparecieron esas cuarterías ni todos los inmigrantes se regresaron a sus lugares de origen: las cuarterías dando un denigrante espectáculo que no se merecen los carmelitas, y muchas de las personas que se quedaron están en prostíbulos —las mujeres—, y en el hampa urbano los hombres.

Guardando las proporciones debidas, casi el total de migrantes latinoamericanos que logran cruzar la frontera de Estados Unidos luchan todos los días por conseguir trabajo de lo que sea —la mayor parte explotados laboralmente—, viven hacinados y comen en las calles los alimentos más baratos que encuentran, a fin de ahorrar todo lo que puedan para enviarles dinero a sus familias. La mayor parte de esas personas no tienen intención alguna de aprender el inglés y de adoptar las costumbres de los naturales. Algunas de ellas no consiguen despojarse de hábitos alcohólicos y bajo el influjo de ellos incurre en delitos que no siempre son menores.

Por razones como esas las autoridades estadunidenses tienen que limitar ese flujo migratorio. Para los mexicanos son lamentables esas deportaciones que se han hecho en gobiernos republicanos y demócratas, pero nada justifica que las hagan sin respeto a los derechos jurídicos y humanos.

México y los países centroamericanos, proveedores de esos migrantes, tienen que hacer esfuerzos necesarios y suficientes para crear fuentes de trabajo que poco a poco eliminen las causas de esa migración. Además, deben intentar obtener con el gobierno de los Estados Unidos acuerdos de inmigración controlada, en tiempo y forma, como lo tienen con Canadá.

Fernando Almeyda Cobos

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