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Horario de Verano

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Al César lo del César…

 

El ahorro de energía eléctrica, la paridad del horario con los tiempos internacionales, el supuesto subsidio económico al consumo de energía eléctrica, la existencia de una hora más de luz solar al día son algunos de los beneficios argumentados “alegremente”, como base de convencimiento para la aplicación del Horario de Verano en la parte noroeste fronteriza de nuestro país.

En este caso se hace énfasis del sentir jubiloso, en memoria de la señora Rosa Luz Alegría, quien inicialmente promovió la implementación de esta métrica del tiempo, cuando se desempeñó como secretaria de Turismo; horario veraniego que en ningún momento acreditó su beneficio de manera interdisciplinaria —como debió suceder—, pese a intervenir en la forma de vida natural de los individuos, como integrantes biológicos de la comunidad humana.

En efecto, todas las personas son entidades biológicas, cuya existencia armoniza con la naturaleza en su totalidad, conformando de esta manera nuestro ecosistema, en el cual todos y cada uno de sus miembros animados e inanimados se influencian entre sí, motivo por el cual es indispensable un estudio profundo y sabio, cuando se pretenda modificar cualquier ordenamiento regido por leyes naturales.

La práctica de alterar el horario de las actividades humanas, para ser regidas con base a la luz solar, fue observada desde los tiempos de las civilizaciones antiguas, como la egipcia, la romana y la mesopotámica; en lo que respecta a nuestro país en la época contemporánea,  se implementó el Horario de Verano por primera ocasión en el año de 1981 para la Península de Yucatán, Durango, Coahuila, Nuevo león y Tamaulipas, derogándose de manera inmediata, ante los desfases críticos con los horarios de las otras regiones, principalmente con la ciudad capital.

Posteriormente, en 1996, con base a un decreto presidencial se estableció este horario para todo el país, provocando en el año 2000, que surgieran múltiples inconformidades y dudas con respecto a los beneficios reales que aportaba; esto motivó que la Secretaría de Energía solicitase un estudio a este programa por parte de la Universidad Autónoma de México (UNAM) en 18 áreas de interés: agricultura, comercio, educación, energía, familia, finanzas, ganadería, individuo, industria, medio ambiente, medios de comunicación, salud, seguridad pública, telecomunicaciones, tiempo libre, transporte, y zonas fronterizas.

Dicho estudio —que en ningún momento se acreditó su realización— arrojó como resultado que el Horario de Verano proporcionaba mayores ventajas que perjuicios. Similar respuesta tuvo la valoración hecha en 1992, para determinar la procedencia de su aplicación formal en el año de 1996.

Estos estudios —realizados frágilmente, sin resultados creíbles— son considerados imprecisos, porque no comprendieron todas las regiones de la geografía nacional, ni se practicaron encuestas entre la población, ocasionando que en la actualidad existan argumentos suficientes para demandar la derogación de este horario, con base en la alteración dañina que ocasiona a la salud de la gente.

El individuo, como ser pensante y creador material de la cultura en su totalidad, es pieza fundamental de la existencia de la civilización, motivo por el cual toda forma de alteración a su persona ocasiona una afectación en su área particular y comunitaria. En el caso de la conmutación del horario en su vida cotidiana, es obvio que origina un desajuste brusco en los quehaceres básicos de su conducta, como es la hora de dormir y el despertar, el inicio de su actividad laboral, el momento de tomar sus alimentos, entre otras situaciones, que también pueden ser físicas o psicológicas, dependiendo del tipo de causante de dicho cambio.

Otra forma de desajuste ocasionada por esta situación anómala, es la lesión inmediata al ciclo circadiano, también llamado reloj biológico del individuo, sistema fundamental de la actividad cerebral y fisiológica del ser humano, representados principalmente por los sistemas nervioso y endocrino; dicha intromisión en la fisiología de la persona, ocasiona un daño que se ha conceptualizado en estadísticas de hechos comprobados, como lo son: la mediocre regeneración celular, la obstaculización de la actividad de los ejes hormonales, la deficiente actividad cerebral, el desajuste del patrón del sueño; en términos generales el Horario de Verano incrementa desventajas en la vida cotidiana con relación al tiempo estándar.

Desde otro punto de vista estadístico, este programa presenta un crecimiento científicamente comprobado de problemas cardiacos, estados depresivos, aumento de accidentes de tránsito, e incluso problemas en los sistemas cibernéticos en general. El trance del Horario de Invierno al de Verano presenta un tiempo de ajuste, ocasionando confusión ante la adaptación, derivado de la atención que se le otorga a esta adecuación de tiempo, que por supuesto también significa una nueva forma de conducta.

Describiendo con palabras científicas las afectaciones originadas por el Horario de Verano, no parecen tener relevancia, mucho menos se aprecia su gravedad, empero, es importante señalar que los hechos desmienten esta apariencia, ya que una alteración interna en los sistemas vitales de un individuo, que a su vez influyen en su área pensante, pueden derivar en actos de genialidad o catastróficos, toda vez que la parte subjetiva de la persona es el área de origen de  todo el quehacer humano, desde la simple voluntad de realizar un paseo, hasta la tenaz creación de una obra musical, o la perseverancia para descubrir una teoría científica, hasta la determinación de hacer explotar un bomba atómica sobre una comunidad humana.

Por ende, es indispensable se acrediten científicamente los resultados de las políticas sociales que se pretendan aplicar a la comunidad humana. En el caso específico del “programa Horario de Verano” se observa que su aplicación no tiene el soporte real y legítimo; o sea, no cumplió con los requisitos científicos de estudio para analizar sus beneficios —que deben existir para los integrantes de la sociedad—; además, no posee la aceptación mayoritaria de la opinión pública, circunstancia indispensable para legitimar cualquier precepto jurídico.

En conclusión, esta argumentación considera que la aplicación de este programa, viola flagrantemente los derechos jurídicos vigentes en el  momento de su aceptación, así como los existentes en estos momentos, al tiempo que dañan el buen dormir. Como se acredita con toda precisión en el artículo 16 constitucional de nuestro país, que dice: Nadie puede ser molestado en su persona,  familia… sino en virtud de mandamiento escrito de autoridad competente, que funde y motive la causa legal de su proceder.

En este caso específico, el mencionado “programa de horario” no reúne los requisitos legales para su implementación, por presentar más perjuicios que beneficios, con repercusión dañina para las personas en lo individual, como para el ámbito social, contraviniendo este resultado los principios fundamentales de toda normatividad, que debe de ser la procuración del bien común. Esta citada legalidad se encuentra reforzada teológicamente, al ratificar el actuar de Jesús, en el contexto de otorgar plenitud legítima a las leyes, dando cumplimiento a la esencia de la misma, que abarca y da vida a la ley verdadera, que es la solidaridad humana: Mateo 5,17-19.

César Luis Cahuich Pech

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