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Mi Viernes Santo

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Viernes Santo

Hoy, en el Viernes Santo, leyendo la pasión del Señor vemos con claridad hasta dónde puede llegar la injusticia humana. Y todo se debe a que el hombre se dejó llevar por el egoísmo y la ambición. La muchedumbre, manipulada por unos jefes religiosos cobardes y malvados, gritó pidiendo la muerte del inocente, mientras este hace un esfuerzo humano divino para obedecer hasta el final, y entregando con amor su espíritu al Padre.

¿El egoísmo, manipulación, odio, ha triunfado o sigue triunfando? Las autoridades religiosas de Jerusalén no podían tolerar que un profeta de Galilea viniera a la ciudad santa a denunciar su corrupción y su hipocresía, y que lo hiciera además como mensajero e hijo del Dios altísimo. Para ellos, valdría toda la mentira y manipulación solo para acabar con Jesús. Él mismo caminó con la verdad hacia la vida, porque es lo propio de Él.

En palabras de Karl Rahner, “Jesús se permite hundirse en la incomprensibilidad de Dios”. Se rinde a Dios, al que no puede en ese momento sentir o entender, sino solo confiar. Jesús se rinde no en amargura, avaricia o ira, sino en confianza, gratitud y perdón. En esa sumisión, la lucha entre el bien y el mal, la más épica de las batallas, es ganada. Todos nosotros tendremos nuestros Viernes Santos, no el menor en nuestra experiencia de la muerte. En total apariencia, tendrán mal aspecto; pero, si nos rendimos en confianza, serán buenos.

¿Cuál es tu Viernes Santo? ¿Te alejaste del Dios humano? No olvides que tu propia cruz es necesaria y debes de aceptarla con paz y confianza; es impresionante oír a Jesús gritando desde la cruz. Sí, Jesús como hombre, tenía derecho a sentirse en la cruz terriblemente turbado. Miremos su vida, sus cruces diarias.

¡Tanta lucha, tanto esfuerzo para terminar así! Pero es aún más impresionante ver que Jesús, en estos momentos tan desconcertantes para él, sigue llamando a Dios: “¡Padre!” Porque desde lo más profundo de su alma nunca deja de saber que Dios es su Padre y que le ama, y que no puede abandonarle. Lo mismo pasará contigo, ofrécele al Padre todo: las injusticias, las mentiras y todo el daño que te han hecho. En medio de las mayores desgracias no dudemos que Dios es nuestro Padre y que, como buen Padre, nunca va a abandonarnos.

Bofetadas, disfraces, casco de espinas a manera de corona imperial; duelen los golpes, pero a veces daña más la injuria, la humillación, el escarnio de quien se siente superior. Hoy, en el Viernes Santo, aprendamos la humildad de Él que camina con la cruz con tanta dignidad, y nadie le puede quitar la dignidad humana ni la gloria divina.

Murió desnudo, desprovisto de cualquier propiedad y totalmente pobre; hasta sus pocos vestidos se los habían jugado a dados. A su alrededor todo era odio, sarcasmo y mentiras; todo su cuerpo era dolor traumático y dolor de los nervios y músculos agredidos, pero nadie le puede quitar la confianza en el amor de su Padre.

¿Cuál es tu Viernes Santo? ¿Qué harás para encaminar mejor tu vida hacia la verdad y la Vida que tiene que pasar por la cruz? ¿Lo aceptas?

 

Padre Ángel de Jesús Salvador

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