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Justicia, amor y virtud

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El interés por lo que leemos y que deje provecho se debe cultivar todos los días. Son buenos los círculos de lectura y hacerlo en voz alta, pero si no existe el interés personal, será más difícil aprender a pensar, investigar, escribir, redactar un texto con sentido y servicio humano. Leer es un desafío, un reto, quien se acostumbra a esta actividad es probable que las posibilidades de ser mejor cada día crezcan. Los alumnos en las escuelas, la gran mayoría, lee por obligación, no por convicción y menos por gusto.

La lectura hace posible la reflexión, el desarrollo del pensamiento, mirar las situaciones desde otra óptica, así como lo plantean los autores investigadores, exploradores de temas académicos, políticos y científicos. Por más grande que sean los programas y acciones de la autoridad, no darán resultado si el alumno no pone de su parte para aprender a pensar, desde la visión del investigador y pedagogo Marcel Giry, quien en su libro Aprender a razonar, aprender a pensar, plantea una reflexión sobre el tema de la educación actual:

“En los años ochenta, como respuesta a la mutación del trabajo, empiezan a propagarse algunos métodos para aprender a pensar o para aprender a aprender en el seno de las empresas francesas, particularmente en aquellas en que la automatización y computarización empiezan a ganar terreno. En efecto, los agentes de producción se ven obligados entonces a trabajar en líneas computarizadas, los obreros de mantenimiento deben formarse en los procedimientos apoyados por computadora, y las secretarias dejan la máquina de escribir por el procesador de palabras.

El ejemplo es elocuente, son necesarias la innovación, la capacitación y la actualización del personal; en los días de hoy hay que pasar de la manualidad a la intelectualidad, es el llamado, de lo contrario, los rezagados sufrirán las consecuencias del avance descomunal de la ciencia, quedarán al margen del crecimiento y las nuevas tecnologías.

Es necesario leer todo lo que esté a la mano, la falta de costumbre produce pereza mental, y cuando hablamos se dice lo mucho o poco de la información que se tiene producto de las lecturas de libros, revistas, páginas web; es una necesidad y más de los estudiantes que están llamados a ser hoy mejor que ayer y mañana mejor que hoy, lo dijo el filósofo chino Confucio: Me lo contaron y lo olvidé, lo vi y lo entendí, lo hice y lo aprendí. Decía 500 años antes de Cristo que el aprendizaje adquiere contundencia en la medida en que se vive y no solo se escucha y se ve.

Por ello, la diferencia entre lo que eres y lo que quieres ser está en lo que haces. Si queremos ser diferentes hay que dejar de hacer lo mismo. Romper los modelos que en su momento funcionaron y hoy con la modernidad caducaron, pero como dice la filosofía japonesa sobre la concepción de crisis, ésta es peligro, pero al mismo tiempo de oportunidad, o como dicen los grandes empresarios, las crisis y desasosiegos es estar a la moda para seguir creciendo ante la adversidad”.

El físico alemán Albert Einstein, lo dijo: “la mente que se abre a una nueva idea, jamás volverá a su tamaño original. Por ello, la información procesada crea ideas, pensamiento y conocimiento, haciendo más grande la imaginación, formando nuevos escenarios, construyendo teorías y nuevas visiones de la realidad que parten de los trabajos de investigación, exploración y razonamientos de la intelectualidad de quienes no detienen el paso en la búsqueda de nuevos horizontes para el conocimiento”.

Formar y crear innovando es posible, haciendo lo imposible. Mentes creadoras no nacen, se hacen con la lectura, escritura, reflexiones y análisis, como las sanas aportaciones que hace Umberto Eco en su trabajo de investigación Cómo se hace una tesis: Hubo un tiempo en que la universidad era una universidad de élite. Solo iban a ella los hijos de los titulados. Salvo raras excepciones, los que estudiaban disponían de todo el tiempo que necesitaran. La universidad estaba concebida para dedicarse a ella con calma: cierto tiempo para el estudio y cierto tiempo para las “sanas” diversiones goliárdicas o para las actividades en los organismos representativos.

Las clases eran conferencias prestigiosas, y a continuación los estudiantes más interesados se apartaban con los profesores y ayudantes en seminarios separados de diez o quince personas como máximo.

Aun hoy en muchas universidades norteamericanas un curso jamás tiene más de diez o veinte estudiantes (que pagan muy caro y tienen derecho a usar al enseñante todo lo que quieran para discutir con él). En universidades como Oxford hay un profesor llamado tutor, que se ocupa de las tesis de investigación de un grupo reducidísimo de alumnos (puede suceder que se cuide de uno o dos al año) y sigue día a día su trabajo.

Razones de más para aferrarse a la formación intelectual, ocupar el tiempo necesario para invertirlo en preparación lectora, comprensión y creación de ideas, de contextos nuevos, escenarios diferentes que sean ejemplo a seguir para seguir creciendo en la intelectualidad, aprovechar esa facultad que se tiene para hacer posible la mayéutica del filósofo clásico griego Sócrates, quien tuvo como base de sus enseñanzas la creencia de una comprensión objetiva de los conceptos: justicia, amor y virtud.

Candelario Pérez Madero

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