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¿Paradoja en seguridad?

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De acuerdo al reporte del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP), la violencia en el país se incrementó a cifras escalofriantes.

Las tasas más altas de homicidio doloso en 2016, se registran en los estados de Baja California, Ciudad de México, Colima, Guanajuato, Michoacán, Veracruz y Zacatecas. La lucha entre los cárteles de drogas y grupos criminales, es la principal causa de la escalada de violencia que actualmente pone en jaque a las autoridades federales y estatales.

En este sentido, Campeche permanece exento de esta ola de violencia y todavía ocupa uno de los primeros lugares en la tabla del Sistema Nacional de Seguridad Pública y según el Inegi en la reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU), ocupó el lugar número 10 con una percepción menor por debajo de Mérida, Durango, entre otros estados de la República.

En los resultados de la ENSU destacan la Marina, el Ejército, la Gendarmería Nacional, la Policía Federal y en último lugar la Policía Preventiva, como las más aceptables en su desempeño por brindar seguridad a la población, de acuerdo a los encuestados de 18 años y más.

De esta forma, nuestro Estado sigue catalogado como uno de los más seguros del país donde la gente no padece los altos niveles de violencia y homicidios dolosos.

Sin embargo, lo intrigante de la inseguridad que están viviendo algunos sectores de la población, es la ola de robos que se ha desatado en los últimos meses en barrios, colonias populares y fraccionamientos, donde los ladrones se llevan aparatos electrodomésticos, joyas o cualquier bien que encuentran a su paso.

Esta situación ha provocado que los ciudadanos se organicen en Comités de Seguridad y Vigilancia, exhiban en los medios de comunicación mantas donde expresan su descontento, la amenaza de linchar a los rateros que agarren, incluso reprochen a las autoridades la falta de rondines y de vigilancia policiaca ocasionando que amantes de lo ajeno hagan de las suyas durante el día y la noche, en negocios y casa habitación.

Lo anterior revela una paradoja singular en lo que a seguridad pública se refiere. Por un lado, los campechanos vivimos en un ambiente de tranquilidad y paz social y, por otro lado, el incremento de robos y asaltos a mano armada, golpea una de las principales prioridades de la gente como lo es su seguridad física y la de su patrimonio.

Frente a esta problemática, la ciudadanía ha respondido como nunca antes, organizándose, aplicándose en el resguardo de sus bienes, incluso adoptando medidas colectivas que reduzcan la acción de los delincuentes.

El origen de la delincuencia son diversos, desde la falta de alumbrado público y de esto mucha culpa tiene el Ayuntamiento por su negligencia, no tener los predios chapeados, falta de empleo o bien, la forma de allegarse recursos de manera fácil, factores que superan la falta de coordinación entre las autoridades.

Mientras tanto, los cuerpos policiacos se observan lejanos y ausentes sin que hasta el momento se anuncie o se informe de una estrategia común, efectiva entre el Ayuntamiento, la Fiscalía y Seguridad Pública, para reducir la ola de robos, limitándose a la “brillante” idea del alcalde Edgar Hernández, de utilizar los Comités de Participación Ciudadana (Vecinos Vigilantes), con atribuciones de toda índole menos de seguridad. Una idea mal enfocada que podría rendir frutos siempre y cuando no se politice.

Lo cierto es que el problema sigue latente, mientras los campechanos agudizan sus sentidos, las autoridades terminan de asimilar su parte de responsabilidad, culpa, y se incrementa el equipamiento y el número de patrullas de la Policía Estatal Preventiva en los 11 municipios.

De continuar creciendo la cifra de robos, el efecto puede llegar a ser contrario, mermar poco a poco la confianza ciudadana y lo que es peor, la percepción de hoy en materia de seguridad puede no ser la misma en el futuro.

¡Todavía hay tiempo!

 

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Elda Clemente Reyes

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