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Ni para bien ni para mal

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Interesante paradoja. Hace poco más de 100 días el mundo, México en particular, recibía la noticia de la toma de posesión de Donald Trump como nuevo presidente de los Estados Unidos. Parecía un paso hacia el fin del mundo. Eso se decía. Los llamados a la fortaleza y unidad reactivaron un nacionalismo presto a la defensa de la soberanía nacional. El hecho también impactó en la política al grado que se habló de un supuesto reacomodo de fichas del ajedrez político, que significó sonrisas para unos y acartonados rostros para otros suspirantes por la Presidencia de la República.

Hace menos de 10 días el mundo, México en particular, recibía la noticia del triunfo de Emmanuel Macron como presidente de Francia. La distancia geográfica con aquel país europeo no significó ninguna sacudida ni preocupación para nuestro país ante este triunfo electoral. En cambio, sí se observó una inmediata reacción en el ámbito político. Actores políticos y partidos enseguida aprovecharon para ponderar los valores de la democracia y poner estos comicios internacionales como ejemplo de los cambios sociales.

Es sintomático el interés que generan las elecciones de otras naciones, pero una cosa es clara: México no es Estados Unidos ni Francia; mucho menos las condiciones políticas se asemejan a estilo y formato político de ambas naciones extranjeras. México tiene su propia identidad política, que no necesita de referencias ni ejemplos ni modelos para ejercer su criterio democrático y elecciones propias. Vamos, el vaivén de los procesos electorales de fuera no son, de ninguna forma, condicionantes para lo que pueda suceder en el 2018.

Lo ocurrido en las últimas elecciones en USA y Francia, no será factor de decisión para que aquí se vote y elija a un nuevo presidente; la decisión es exclusiva de los mexicanos. Por ello, resulta ocioso comparar lo sucedido en ambos procesos para proyectar un escenario posible o deseable en las elecciones presidenciales del próximo año.

En cambio, me parece se debe poner mayor atención en revisar, analizar y entender lo que ocurre a lo largo de todo el país; cuáles son las condiciones actuales que enfrenta nuestro país y qué se puede esperar para el próximo año en lo social y económico.

Informarse de lo que ocurre en nuestra cotidiana realidad para, con suficientes elementos, al conocer y escuchar a los políticos que buscarán el voto popular tener certeza que haremos la mejor elección.

En ningún proceso electoral existe derecho de sangre o de temporalidad. Los políticos que buscan sin cesar el poder no tienen que ser respaldados por la simple razón de mérito. Las ganas de ser presidente no son suficientes para gobernar un país. Por supuesto, tampoco es opción aquel político que de la noche a la mañana se presenta como un estuchito de monerías. Es tiempo de crecer, dejar de regirnos por lo que sucede afuera; ni para bien ni para mal. Una cosa es informarse, y otra que la información que nos llega de otros lados sea una verdad aplicable a nuestra idiosincrasia.

Bertha Paredes Medina

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