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AMLO debe jubilarse

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Casi todos los mexicanos,  con excepción de los fanáticos seguidores de Morena, coinciden en estos momentos en que ese partido fue el gran perdedor de la jornada electoral del pasado domingo en cuatro estados de la República, y que Andrés Manuel López Obrador fue el gran culpable de esas derrotas, principalmente en el Estado de México, en donde tenían puestas todas sus esperanzas y de donde esperaban catapultarse rumbo a la Presidencia de la República.

Pero las cuentas le salieron mal a López Obrador. Su soberbia, su narcisismo político, su egolatría y su cerrazón al diálogo, lo condujeron a este estrepitoso fracaso que muchos coincidimos en que lo aleja definitivamente de la posibilidad de que en el 2018 pueda obtener el triunfo en la presidencia.

Los números no mienten. Ese partido, con el que “no quería ir ni a la esquina” el PRD, le demostró que en política no hay enemigo pequeño ni hay aliados insignificantes. Esos votos que obtuvo Juan Zepeda hubieran inclinado la balanza definitivamente hacia la izquierda, y se hubiera empezado a escribir una nueva historia en nuestro país; pero no, AMLO cerró cualquier posibilidad de llegar a acuerdos.

Que no salga ahora con sus gritos de siempre, con sus quejidos de fraude. Si su terquedad, su soberbia, su autoritarismo, su mesianismo y su populismo trasnochado le ahuyentaron los votos a Delfina, que acepte su culpa y que trate de enmendar el rumbo, aunque la verdad es que parece que esta fue la última oportunidad que tuvo López Obrador de demostrar su liderazgo.

Lo único cierto es que López Obrador no gana por sí solo una elección reñida como la del domingo en el Estado de México; la estructura del PRI se impuso y la atomización del voto provocado porque “el Peje” nunca promovió una alianza entre los partidos de izquierda, beneficiaron finalmente al candidato oficial, que ahora se alza como el gran vencedor en la contienda, y a AMLO como el gran derrotado.

Es de esperarse que una vez que pase su resaca, López Obrador trate de reiniciar su campaña rumbo al 2018 y que, con la cola entre las patas, trate de enmendar el rumbo, pero es difícil, y hasta creo que es imposible, que los otros partidos vuelvan a caer en su engaño.

Si va trabajar en conformar una gran alianza entre los partidos de la izquierda, López Obrador tendrá que entender y aceptar que él ya no es factor de cohesión, que él ya no puede convocar a la unidad, y que por tanto debe hacerse a un lado para que los partidos de izquierda encuentren una nueva alternativa que pueda cohesionarlos, y convertirse en la figura que la izquierda necesita para que de verdad aspire a gobernar a nuestro país.

Ya el discurso populista trasnochado, el radicalismo, el mesianismo, esa obsesión por dividir a todos entre “buenos” y “malos” no funciona, no convence, no atrae votos. Por el contrario, genera miedo, rechazo, incertidumbre, y eso no es lo que requiere nuestro país.

AMLO es el único responsable de su derrota; su ego personal, el culto a su personalidad, su obsesión, su mesianismo, lo hicieron perder y ya es hora de que piense en jubilarse.

López Obrador debe retirarse y ceder ese espacio a alguien que de verdad pueda convertirse en factor de unidad. Él ya no lo es. No sé si algún día lo fue, Pero ya no lo va ser.

Eduviges de la Cruz Breck

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