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Palideció la morena

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Las pasadas elecciones para gobernador que se llevaron a cabo en tres estados del país, Coahuila, Estado de México y Nayarit, y para las alcaldías en Veracruz, dejaron lecciones muy importantes para todos los partidos, en especial para el Partido Revolucionario Institucional (PRI), para el Partido Acción Nacional (PAN), pero muy en particular para el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), la mayoría de ellas fueron derivadas de los comicios más importantes: los del Estado de México.

El PRI mantuvo la gubernatura del Estado de México —la joya de la corona—, una de las más peleadas y concurridas. Con casi tres puntos porcentuales de diferencia, Alfredo del Mazo Maza logró el triunfo para el tricolor, sin embargo, tomando en cuenta que el Edomex siempre ha sido un bastión priísta, se esperaba que la tendencia de votos fuera mayor para Del Mazo.

La maquinaria priísta trabajó de manera ardua para lograr el triunfo de su candidato, pues las encuestas le daban corta ventaja sobre el partido de Andrés Manuel López Obrador, debido al fenómeno en que —hasta ese día— se había convertido el político tabasqueño. El PRI se mantuvo fuerte y realizó una campaña más propositiva, evitando caer en confrontaciones con sus adversarios, tal como lo hicieran en el 2012 cuando Enrique Peña Nieto buscó y ganó la presidencia.

Alfredo del Mazo tendrá que trabajar muy fuerte y muy bien para demostrar a los mexiquenses que valió la pena votar por el PRI, o de lo contrario le acarreará innecesarios problemas a su partido en las elecciones federales del 2018.

Por su parte, la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, demostró una vez más lo que es perder bien, que no es lo mismo que saber perder. Josefina, quien también buscara la presidencia en el 2012, volvió a quedar muy lejos de su cometido. Su política carente de propuestas, sobrada de imitaciones y limitaciones, hicieron mella una vez más en su desgastada imagen.

Desde que el partido albiazul la propuso como candidata a gobernadora del Estado de México, muchos analistas y politólogos vislumbraron su derrota. Sin embargo, la derrota de Vázquez Mota no lo es tanto, pues en la mesa de negociaciones del PAN, la candidata perdedora aseguró una curul en el Senado de la República para el próximo periodo, y a sabiendas de que no tiene capacidad para buscarla por la vía del voto, prefirió asegurarla por la vía plurinominal. Y ahí no para la cosa, como hay que recuperar el dinero invertido en las campañas del 2012 y en la reciente, también solicitó una diputación federal para su hija.

Pero si el PRI con su cerrado tres por ciento resintió el látigo del desprecio de miles de votantes, y el PAN con su pésima candidata de plano perdió otro escaño más en las preferencias electorales, la principal derrota, la de verdad, la que duele, la que incomoda, la que arde, la que saca llagas, la que dejó más dolor, fue la que obtuvo Morena y su candidata Delfina Gómez Álvarez.

La derrota de Morena en el Estado de México se debió principalmente a un factor, quizá el más complejo de todos; pues tiene nombre y apellido, y se llama Andrés Manuel López Obrador. Su soberbia desmedida le hizo retroceder como sucedió en el 2006 y posteriormente en el 2012.

El eterno candidato a la presidencia, el líder nacional de Morena, jamás ha podido ni sabido utilizar bien la política. Sus desatinos al pelearse con todo aquel que no le rinda pleitesías, con quien no crea en su desconocido proyecto de nación —porque jamás ha dado propuestas—, y su desgastado, monótono, aburrido, insípido y malogrado discurso, el mismo que repite desde hace doce años, fue el principal factor de esa derrota en el Edomex, y de sus incipientes alcaldías en el Estado de Veracruz.

Fueron muchos los reveses que recibió López Obrador en esta elección, como la exhibición de actos de corrupción cometidos por morenistas como Eva Cadena Sandoval, que destapó la cloaca de recuerdos como el de René Bejarano y Gustavo Ponce. Pero sin duda, algo que también ayudó a que Morena retroceda en la preferencia electoral del Estado de México fue la mala imagen de la candidata Delfina Gómez, quien siendo alcaldesa de Texcoco eliminó pensiones para madres solteras y el programa de ayuda a los adultos mayores.

El resultado ya está a la vista de todos, y aunque haya sido muy cerrado en el Estado de México con el tres por ciento entre el PRI y Morena, es de esperarse que el partido de Andrés Manuel no respete la voluntad ciudadana e inicie sus acostumbrados mítines y protestas.

Sin duda este será un anticipo de lo que podremos esperar del tabasqueño en la elección presidencial del próximo año. Seguiremos soportando las locuras de este político soberbio, que ya después tendrá que optar por jubilarse de la política.

Otro punto que vale analizar, ahora que ha concluido la jornada electoral, es por qué cuando el PRI pierde, acepta su derrota, y cuando gana, no le quieren aceptar la victoria. Tal es el caso ahora en Coahuila, donde el PAN convocó y llevó a cabo una marcha el pasado martes, y en el Estado de México, donde López Obrador ya desconoció los resultados computados y no tarda en nombrar “gobernadora legítima” a su candidata perdedora.

¿De qué sirve tanto circo electoral si tan pronto ven que el resultado no les favorece, desconocen a la institución que les pagó sus prerrogativas durante muchos años previos a la elección? Entonces, ¿era buena y justa antes pero ahora no lo es porque no ganamos?

Es una burla que los mexicanos pagamos miles de millones por mantener un Instituto Electoral que nos garantice una elección justa, que injustamente paga millones de pesos a los partidos políticos para su publicidad y propaganda, y que el final sean estos, los vividores del sistema electoral, quienes desacrediten a la institución que los mantuvo varios años.

En ese tenor, así como está reglamentada la entrega de los recursos, debería sancionarse cuando los partidos desconocen los resultados de una elección, que es lo mismo que desconocer a la institución, ¿o no? Pues si son tan dignos esos partidos que desconocen, se les deberían de suspender las prerrogativas hasta que se pongan de acuerdo en reconocer o desconocer.

Todos los partidos cometen los mismos pecados, solo que durante la elección unos operan mejor que otros y por ello se levantan con el triunfo. Dicho de este modo, está de más tachar a los ganadores de ladrones, cuando el partido que reclama está peor que la cueva de Alí Baba.

Jorge Gustavo Sansores Jarero

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