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Que con su pan se lo coma

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Todos los presidentes municipales de las zonas maiceras —menos uno— aceptaron la convocatoria promovida desde la Secretaría de Gobierno para la programación de la entrega de fertilizantes a los campesinos antes de que inicien las lluvias. Sólo faltó Modesto.

Se sentaron en la oficina alterna del cuarto piso, y correspondió al secretario de Desarrollo Rural, Armando Constantino Toledo Jamit, presentar las alternativas para la compra de esos agroquímicos. La finalidad era, además de excelente calidad, que se tuvieran mejores precios. Que los campesinos salieran ganando, pues.

Pero Modesto Pech, el terco edil hecelchakanense, se montó en su macho. Ni fue a las reuniones, ni aceptó las propuestas.  Decidió comprar los fertilizantes a un poblano, pese a que los precios y la calidad eran desventajosos, si se comparaban con los que habían negociado los otros alcaldes. Pero llevó su terquedad hasta el final.

Sus homólogos de Tenabo, Calkiní, Hopelchén y Campeche no tuvieron problema a la hora de entregar los insumos. Por el contrario, los labriegos hasta agradecieron el que, por segundo año consecutivo, recibieran sus fertilizantes antes de que iniciaran las lluvias, pues de esa forma el proceso de producción podría generarles mejores dividendos.

Modesto Pech fue a entregar sus fertilizantes  y los labriegos, encabezados por su comisario ejidal, Alejandro  May, lo encararon feo. Le dijeron que entregaba “pura porquería”, que ese no era el producto por el que habían firmado los 22 comisarios ejidales y 60 jefes de grupo, y que no lo iban a aceptar. “Esta cosa no la queremos no sirve, te robaste nuestro dinero” le gritaron. Lo más dramático, por poco lo linchan.

El alcalde hecelchakanense salió casi corriendo de esa reunión. Creyó que podría engañar con productos patito a los campesinos que viven de eso, de producir maíz, y que saben a la perfección qué productos son buenos y cuáles son malísimos.

Claro, el alcalde se embolsó su buena comisión. Por eso, mientras subía a su lujosa Suburban, pensó en voz alta que “vale la pena ganarme unos pesitos extra, aunque estos pinches campesinos me hagan pasar un mal rato”.

¿Así piensa volver a pedir el voto para su reelección?

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