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La mafia pesquera

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El secretario de Pesca, José del Carmen Rodríguez Vera, entró a una especie de juego de las vencidas con sus contrapartes, y aparentemente perdió. ¿O perdimos los ciudadanos?

Lo que sea, es lo mismo. En la Sepesca, el carmelita Rodríguez Vera trató de poner alto a las mañosidades en la entrega de los apoyos por periodos de veda y bajas capturas, pero lo hicieron recular. Impuso algo de orden, y al final los líderes se salieron con la suya.

Decimos que los líderes, porque la realidad es que los pescadores, los que de verdad se dedican a esa actividad y todos los días arriesgan sus vidas para que usted y yo podamos tener en nuestra mesa un pargo, boquinete, huachinango, camarón o cualquier otra especie marina, no tenían ningún problema en acreditar que se dedican a eso.

Los que tenían el problema eran los líderes como Julio Alejandro López García, que por cierto, “vive” de lo que sus agremiados capturan, y de sus gestiones supuestamente a favor de sus representados. ¿Hace cuantos años que Julio Alejandro no sube a un barco camaronero? Creemos que hasta él perdió la cuenta.

Los otros líderes también se preocuparon solamente por rellenar más sus bolsillos. Una pequeña revisión a los portales de transparencia de la Sagarpa, la Conapesca y la Sepesca estatal, nos permitió conocer una relación bastante interesante de los apoyos federales que han recibido esos dirigentes “bajo el agua”, a fin de no organizar plantones ni lanzarse contra la Conapesca.

Por ejemplo, el lermero Pedro Gonzalo Chi Pech, del Frente Estatal de Pescadores Ribereños, ha sabido negociar hasta siete millones de pesos para él solito. O para construir una fábrica de hielo que no se ve por ninguna parte.

Juan Virgilio Perez Chan recibió alrededor de 762 mil pesos para otros “proyectos”. A Armando Jehová Areniva se le concedió el privilegio de cobrar recursos del Propesca por siete mil pesos, junto con su esposa e hijo. Es decir, se embolsarán alrededor de 21 mil pesos. De hecho, todos los “líderes” cobran ese apoyo federal de siete mil pesos.

La molestia, que llevó a realizar plantones, es que se quisieron poner “candados” para que el beneficio llegue a los verdaderos pescadores, no a sus líderes, quienes las más de las veces ni salen a pescar, o se han convertido en permisionarios que tienen varias lanchas y usan a los hombres del mar como sus empleados.

Pero ya vimos que no se pudo imponer orden. Pesó más la estabilidad política que la transparencia y el orden.

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