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Juniors de “mamis” panistas influyentes

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El sábado 8 de julio, Hernán Alexander y sus amigos andaban de fiesta en la Sabana del Descanso. Habían estado ingiriendo bebidas espirituosas, pero llegó el momento en que se quedaron sin abasto y decidieron entonces seguir la juerga en el único sitio que expende ese tipo de elíxires en la comunidad: la discoteca.

Hacia allá se dirigieron y trataron de ingresar, pero los vigilantes les pidieron su identificación —para probar que no fueran menores de edad—, además de que uno que otro traía la mirada perdida, otro más se bamboleaba al compás del viento, y el de la voz cantante había adoptado un aire de perdonavidas como si hubiera arrasado con todo un alambique.

Por encontrarse en estado inconveniente decidieron no permitirles el paso.

Y eso fue como una declaración de guerra. “No sabes con quién te estás metiendo mugroso guarura. O me dejas pasar o le digo a mi mamá que venga y clausure este basurero”, lanzó de sopetón el más bravucón de todos.

Los gritos llegaron hasta el gerente, quien decidió dejarlos pasar para no enfrentarse a la mamá del influyente chamaco. Para entonces ya se sabía el nombre de esa persona: Leticia Aracely Simá Moo, del PAN, secretaria del Ayuntamiento de Hecelchakán.

Pero más tardó el gerente en dejarlos pasar, que los chamacos en armar sus desmanes. Se agarraron a golpes, rompieron vasos, voltearon mesas, lanzaron sillas, agredieron hasta a unas damas. Etcétera. Tuvo que intervenir entonces la policía para que amainara la violencia.

Los gendarmes no escucharon sus chillidos llamando a su mamá. Los llevaron a los separos, hasta donde llegó la influyente progenitora a intentar rescatarlo. Amenazó a los policías con cesarlos, encarcelarlos y si se pudiera hasta fusilarlos. Finalmente se dio la orden de liberarlos. Y entonces doña Leticia suspiró. Se infló como un pavo de patio, dirigió una mirada amenazante a quienes se atrevieron a hacer pasar un mal rato a su pequeño, y luego se retiró.

En Escárcega ocurrió algo similar. Era domingo 16 de julio. Otro junior,  Gerardo Anselmo R. N., hijo de la regidora panista Magaly Narváez, conducía en estado de ebriedad y a exceso de velocidad, un lujoso Ford Mustang negro, descapotado —faltaba más— con placas NSA 7174 del Estado de México. Iba zigzagueando por diversas colonias de esa ciudad hasta que fue interceptado en la calle 14 entre 59 y 61 de la colonia Unidad y Esfuerzo.

Los gendarmes no averiguaron. Lo infraccionaron por manejar sin el cinturón de seguridad, a exceso de velocidad y en evidente estado de ebriedad, por lo que lo condujeron a los separos.

Hasta allá llegó la regidora hecha una furia. Argumentó fuero para su vástago, pues “es hijo de una regidora”, en evidente desconocimiento de que esa figura proteccionista de la impunidad ya fue derogada. Gritó que en su calidad de cabildante “es jefa” de los gendarmes, por lo que éstos debían obedecerla, pero ninguno de sus gritos fue escuchado. El junior se fue al frescobote y la regidora a rumiar su coraje.

Claro, movió cielo, mar y tierra para que la primera autoridad del municipio convalidara esa evidente violación a las leyes de tránsito, y de esa forma evitar el bochornoso espectáculo de que “un bebito de mami” vaya tras las rejas. Vergüenza.

Por algo dicen que la naturaleza es sabia y no le concedió alas ni a los alacranes, ni a los elefantes, ni a las vacas. Pero de que la naturaleza algunas veces se equivoca, pues sí. Estos ejemplos lo prueban.

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