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Escuchar la voz ciudadana puede cambiar al mundo

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Son los pequeños esfuerzos, esos que casi no se ven y que a la larga marcan diferencia siendo ejemplo a seguir, los que nos demuestran que uniendo voces se pueden alcanzar logros, en otros tiempos impensables.

El tema del rescate de animalitos en situación de calle tiene habitual interés de personas que se dan tiempo para comentar —su acuerdo o desacuerdo— en medios electrónicos y redes sociales, hasta que otra noticia captura su atención. El resultado es que, con buenas intenciones o comentarios positivos, no se logra concretar resultados tangibles.

Cada que acontece algún hecho relacionado con mascotas en abandono o que han sufrido daños, el eco social multiplica enojos pero ahí queda. Por ello, cada paso en favor de brindar atención y cuidado a estos seres vivos de cuatro patitas, necesariamente tiene que mirarse como un avance porque demuestra que la sensibilidad social se va fortaleciendo, y que no se predica en el desierto al pedir acciones públicas en su favor.

Como sabemos, no hay país o Estado en que la presencia en la calle de caninos   abandonados sea un problema a resolver. A diario nos enteramos de diversos hechos que suceden y casi nunca de soluciones adoptadas.

Uno de esos casos es el de los animalitos que, de alguna forma, caían o eran abandonados al interior de las estaciones del metro de la Ciudad de México. Era rutina dolorosa enterarnos de eventos dramáticos que sucedían, no quedaba más que la impotencia de saber que nadie se responsabilizaba de considerar alguna alternativa de solución. Sin embargo, es grato constatar que la voz ciudadana ha sido escuchada para ofrecer lo que parecía un imposible.

Acaba de ser puesto en operación el primer Centro de Transferencia Canina para los animalitos encontrados y rescatados en las instalaciones del sistema metro. Se trata de un albergue dedicado al cuidado, recuperación de salud y mecanismo de adopción responsable. Sin duda es admirable esta acción, porque crea antecedentes y modelos a seguir en otras entidades y organizaciones.

El albergue temporal de la CDMX tiene este estatus porque el fin es promover la adopción. Tiene espacio para resguardar 100 perritos y se construyó con donaciones de la iniciativa privada y organizaciones civiles. Las instalaciones constan de clínica veterinaria, espacio para correr y entrenar, y lo más valioso, es una esperanza de vida digna para quienes todo estaba perdido.

La lección queda para quienes estamos comprometidos con las causas de los que no tienen voz. Insistir e insistir, tocar puertas, presentar proyectos, unir voces, compartir esfuerzos, hasta lograr la meta.

Este mensaje de no desanimarse, es para todos aquellos anónimos que rescatan animalitos de la calle; que se privan de horas de sueño para cuidarlos, que hacen malabares para darles de comer y llevarlos al veterinario, que no reciben nada a cambio más que la satisfacción personal de estar aportando algo bueno al mundo. Sepan que no están solos, su pequeño esfuerzo algún día será recompensado.

Dejo para la reflexión el inspirado pensamiento de Bernard Shaw: “El peor pecado que cometemos contra nuestros amigos las animales no es odiarlos, es ser indiferentes con ellos. Esa es la esencia de lo inhumano”.

Bertha Paredes Medina

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