Inicio»Opinión»Procesos diferentes a dos casos similares

Procesos diferentes a dos casos similares

0
Compartidos
Google+

Dos noticias relacionadas con similares accidentes de tránsito en la geografía estatal, ambos casos con saldos funestos, parecieran ser el haz y el envés de la hoja, el anverso y el reverso de la medalla o el lado cóncavo y convexo de la justicia.

¿En la vestimenta está el trato diferente y la violación al principio jurídico de que el primero en tiempo, es primero en derecho?

Vayamos a los hechos. La noche del pasado 7 de julio, las hermanas Daniela y Corina Monroy Martín, circulaban a bordo de una motocicleta con rumbo a su domicilio en la localidad de Xmabén, municipio de Hopelchén, cuando fueron embestidas por un vehículo Dodge Atos blanco, con placas de circulación DJG-2639 del Estado de Campeche.

Ambas hermanas quedaron tiradas en el pavimento, y el conductor irresponsablemente prefirió huir del lugar de los hechos, antes que asumir su responsabilidad y acercarlas a un centro de salud o llevarlas con algún médico para que las valoren y las canalicen al lugar adecuado para su atención.

No se detuvo a auxiliarlas ni siquiera por la caridad cristiana que pregona. Huyó sin prestar atención a las hermanas caídas, y ni siquiera extendió palabras que significaran algún bálsamo que atenuase el dolor de sus familiares.

Fueron otros los buenos samaritanos que acudieron a ayudarlas, y es así como primero las atendieron en el Centro de Salud de Hopelchén, luego en el Hospital de Especialidades de Campeche, y posteriormente en un hospital de Mérida, Yucatán, donde unas horas después —el domingo 9 de julio— la hermana mayor, Daniela Guadalupe Montoy Martín, quien habría cumplido 19 años de edad el 18 de julio, murió por la gravedad de las lesiones.

Una joven vida, una estudiante brillante de la licenciatura en Antropología por la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), había sido atropellada y muerta por un irresponsable y cobarde conductor.

Corina, la hermanita, aún está en atención médica, y sus lesiones podrían afectarla de por vida.

El vehículo asesino fue localizado al día siguiente de los hechos —el sábado 8 de julio— a 10 kilómetros de Chunchintok, abandonado, con golpes laterales como secuela de haber embestido la motocicleta donde viajaban las hermanas Montoy, y semidesvalijado, aunque se pudo localizar la tarjeta de circulación, a nombre de Manuel Jesús May Ehuán.

Es originario, nos aseguran, de San Juan Bautista Sahcabchén, municipio de Hopelchén, y además resultó ser sacerdote católico, asignado a la parroquia de Bécal.

Familiares y amigos despidieron a Daniela y exigieron justicia, pues a pesar de que ya se conocía la identidad del conductor asesino, no había asumido su responsabilidad. La parroquia lo escondía y la Diócesis guardaba silencio cómplice.

Los familiares han peregrinado de un lugar a otro, sin ser escuchados, menos atendidos. Nadie quería ver la gravedad del problema. Lo peor, temían ser satanizados por exigir a la institución religiosa que dejara de proteger a uno de sus ministros. No hallaron respuesta en ningún lado.

Además, qué insultante tolerancia de la autoridad. Fue hasta el 18 de julio, —¡¡¡11 días después de los hechos!!!— cuando el fiscal Juan Manuel Herrera Campos se atrevió a hablar del tema. Casualmente, ese día, Daniela Guadalupe habría cumplido 19 años de edad.

Y, sorpréndase dilecto lector (a) de lo que dijo el fiscal: “Sabemos que fue una persona dedicada al culto religioso quien atropelló y abandonó  el vehículo que tenemos asegurado. Compareció posteriormente y están en busca de un arreglo con la familia de la fallecida y la lesionada”. Yyyyyy????…

¡Jesús bendito! Si el presunto homicida compareció, ¿por qué no lo detuvieron en ese momento y lo condujeron a los separos —como hicieron con el carnicero asesino— para que ese “arreglo” con la familia no quede al arbitrio del propio cura irresponsable, de sus abogados o de sus asesores?

¿A qué se debe este trato privilegiado a una persona? ¿Sólo por representar a una institución religiosa? Bajo esta lógica, si el carnicero que atropelló y mató a dos mujeres en Kalá se hubiera ostentado como cura católico, ¿también lo hubieran dejado ir mientras “se arregla” con las familias de las fallecidas?

Es evidente entonces el tortuoso, desviado y torcido concepto que en la Fiscalía se tiene de la justicia. No sólo por haber dejado pasar el tiempo para que la Diócesis protegiera a su ministro, sino para que el dolor de la familia amaine, para “facilitar” el “arreglo”.

Mención aparte merece el tema ético del sacerdote involucrado en este homicidio. Tal vez imprudencial, pero homicidio. ¿Por qué la Iglesia Católica no lo suspendió y entregó a las autoridades terrenales  para que procedan conforme a derecho?

¿Cree acaso el cura Manuel Jesús que el hecho de que lo ayuden a burlar las leyes del hombre, podrá también algún día, burlar las leyes de Dios? ¿De verdad, después de haber causado la muerte de una joven con un futuro brillante, podrá sentirse con la gracia de predicar la palabra de Dios y administrar sus sacramentos?

Y no es fácil el tema, pues quienes pregonan bondad, bienaventuranza, cariño, comprensión, amor, justicia, paz, fraternidad, caridad, esperanza, confesión, sencillez, llaneza, dadivosidad, cordialidad, sinceridad, roncería, compasión, entendimiento, magnanimidad, desprendimiento, longanimidad, misericordia y filantropía, han sido atrapados de nuevo en una mentira.

Y a lo mejor el problema no sería tan grande si desde el inicio se hubiese afrontado con la verdad, y no con ese silencio omiso que en nada ayuda a resolver problemas, y pone a pensar a la sociedad hasta dónde podrá llegar un sacerdote que no tiene, como se pudo ver en este caso, la más mínima caridad cristiana.

Noticia anterior

Bronca entre los Caza Gringos

Siguiente noticia

Temporada de captura de pulpo con mal inicio