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Todavía tengo a mi sol

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A mi abuelo

 

Cuando fui adolescente, mi vida era el deporte y más allá del deporte cualquier otra cosa no me interesaba. Fui chambelán de una reina del Carnaval, y como bailarín en las fiestas las muchachas me sacaban a bailar. Si eran feas o bonitas no me interesaba, si eran feas o bonitas lo mío era el deporte.

Mis amigos y compañeros deportistas, en ocasiones me agarraban y me llevaban a la puerta de casa de alguna muchacha que pensaban le gustaba, y gritaban: “aquí está Pinkus”, y me soltaban y arrancaban a correr.

Tenía 18 años hasta que conocí a la muchacha más linda… un sol, las demás eran feas.

Escribo esto 70 años después. Tengo 87 y ella 85, y sin tratar de ofender o molestar, antes de ella todas eran feas.

¿Síntoma de la edad? Actualmente leyendo revistas o en los periódicos sociales, me he dado cuenta que hay mujeres muy bonitas y una que otra medio fea. No sé si por las cremas estilistas y otras tantas cosas es que todas están bonitas.

Cuidado abuelito, cuídese, me dicen coquetamente. ¿Ya para qué? Todavía tengo a mi sol. Que Dios me la conserve muchos años más.

Saludos abuelo.

 

Eduardo Pinkus Leal

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