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Otra cínica réplica

Del senador del Partido Acción Nacional (PAN), Jorge Luis Lavalle Maury, recibimos la semana pasada una carta a la que damos curso, en respeto a su derecho de réplica.

Jorge González Valdez,

director general del

Periódico TRIBUNA Campeche.

Presente.

 

En relación a la nota publicada por el periódico TRIBUNA este 30 de agosto de 2017 titulada “Récord de palos para Pashita” y con la intención de ejercer el derecho de réplica, quisiera aclarar lo siguiente:

Los procesos electorales internos de los partidos políticos son la base sobre la cual se construye la democracia en México, por ello es vital luchar para que el voto de los militantes sea respetado a toda costa.

Históricamente, en el PAN hemos enfrentado con éxito y de manera institucional, los intentos por violentar el voto de los ciudadanos. Hoy, el resultado de dicha lucha se ve reflejado en la conformación de instituciones electorales que son la columna vertebral de la democracia del país.

No acudir a las instituciones que respaldan y garantizan los derechos electorales de los mexicanos, sería un acto negligente, una omisión hacia los valores de la democracia; especialmente cuando la elección para la presidencia del Comité Directivo Estatal del PAN estuvo plagada de irregularidades. Por ello, seguiremos adelante con los procesos emprendidos frente a la Comisión Anticorrupción de Acción Nacional y la Fiscalía Especial para Delitos Electorales.

Lamento mucho que la legalidad y la democracia sean objeto de burla y motivo para hacer alusiones personales sin sustento alguno. El compromiso de cualquier panista que busca dirigir al PAN de Campeche, debe ser siempre con los ciudadanos y las instituciones que los respaldan.

Respetuosamente,

Jorge Luis Lavalle Maury

 

Respuesta a la segunda réplica

Con el antecedente de que ni los 21 fallos adversos que recibió de las autoridades electorales lo han convencido de que no tiene razón, en este espacio nos hemos preparado para recibir, y seguramente responder, las 21, 30 o 40 réplicas que pretenda enviar el senador Lavalle cada vez que se le mencione.

No deja de asombrarnos que su gran cantidad de compromisos legislativos y sus numerosas gestiones a favor de quienes lo llevaron al poder, le dejen tiempo suficiente al senador Lavalle para escribir cartas a las columnas en que se le menciona.

O tal vez se prepara para los enormes ratos de ocio, de que dispondrá si no cuajan sus presiones partidistas para que le confieran un nuevo encargo público.

Lo que sea. Lo cierto es que su carta de réplica aclara muy poco. O más bien, nada aclara. Es cínica, pues.

Sorprenden sí, sus sesudas elucubraciones, que lo llevan a afirmar que “los procesos electorales internos de los partidos políticos son la base sobre la cual se construye la democracia en México. Por ello es vital luchar para que el voto de los militantes sea respetado a toda costa“.

De un plumazo, Pashita manda al carajo, a la fregada, al olvido, la historia del desarrollo democrático en México. Le valen así un cacahuate sin sal las luchas para que se confiera el derecho al voto de las mujeres, las numerosas muertes, los grandes sacrificios de los pioneros del pluralismo en el país.

La base de la democracia en México, afirma, es que se respete el voto de los militantes. Pasumecha. En su caso, no ha podido demostrar que hubo irregularidades en el proceso renovatorio del Comité Ejecutivo Estatal.

Eso no es lo peor. Con cinismo y amnesia absoluta afirma que “históricamente, en el PAN hemos enfrentado con éxito y de manera institucional, los intentos por violentar el voto de los ciudadanos”.

Ya se le olvidó a Lavalle Maury cuando, como coordinador de la campaña de Mario Alberto Ávila Lizarraga, fue pillado, cogido y exhibido por intentar corromper con recursos de la Lotería Nacional a un medio regional de información para difundir las actividades de su candidato.

Claro. Su intención fue “violentar el voto de los ciudadanos”. El hecho fue profusamente documentado, no lo inventamos. Que pretenda —como los gatos— ocultar el detritus, es otra cosa.

Y habría que preguntarte al senador de primera minoría, si cree que impugnar sin bases el resultado de una elección, que evidentemente no le favoreció, no es otra manera de  “violentar el voto de los ciudadanos”, ¿o es que sólo se violenta ese voto cuando no le conceden a él la razón?

Luego acusa, sin probar, que “la elección para la presidencia del Comité Directivo Estatal del PAN estuvo plagada de irregularidades”, y uno se pregunta si ese gasto excesivo que realizó para hacer una campaña desde el aire —recuérdese que se trasladaba en avioneta a sus reuniones de proselitismo—, le otorga autoridad moral para hablar de irregularidades

Debe entender Lavallito que los panistas campechanos no creyeron en él, porque saben que les ha fallado en otras ocasiones. Porque no lo ven en el partido, porque saben que no reside en Campeche y que el panismo no necesita un líder que dirija a larga distancia o a control remoto.

¿Ya olvidó su estrepitoso fracaso como coordinador de la campaña de Mario Avila? ¿Ya olvidó la catastrófica derrota panista en 2012 bajo el liderazgo de Erick Chong González, que perdió en todo el Estado, incluyendo la senaduría de mayoría por la que compitió, y a la que llegó por primera minoría?

Parece no recuerda que tres años después, bajo el liderazgo de Yolanda Guadalupe Valladares Valle, el PAN recuperó espacios perdidos, ganó cinco ayuntamientos y una diputación federal, y tal vez por eso, sólo por eso, la militancia decidió mantenerla como dirigente, y a él le dieron la espalda por sus antecedentes de pésimo estratega. ¿Le cuesta tanto aceptar la realidad?

Y no, señor Lavallito, no. “La legalidad y la democracia no son objeto de burla ni motivo para hacer alusiones personales sin sustento alguno”. Hemos de recordarle, o informarle por si no lo sabe, que al periodista lo avalan los hechos, no los dichos de los políticos que quisieran siempre acomodar la realidad a su conveniencia.

Es sencillo el análisis comparativo. Un periodista está dispuesto a afirmar aquello de lo que no está muy seguro, un político se guarda de reconocer aquello que es absolutamente cierto.

En este espacio, hay que subrayarlo, nadie se ha burlado ni de la legalidad ni de la democracia. Tal vez hacemos parodias y analogías de niños caprichosos que se le pasan de berrinche en berrinche y de pataleo en pataleo, porque no consiguen el juguete que tanto desean. Y obedece a la “prosapia” de la cuna y de los pañalitos de seda en que nacieron. Nada más.

 

Eliseo: acarreos,

regalos y destapes…

 

No fue una jornada redonda la que tuvo Eliseo Fernández Montúfar en la cancha de la Unidad Habitacional “Fidel Velázquez” el pasado viernes, con motivo de la rendición de su “segundo informe” de actividades legislativas. Trató de que pareciera un evento populista, y paradójicamente le faltó “pueblo”.

De hecho, ese ausentismo popular motivó que retrasara el evento al menos dos horas. Sus allegados esperaban iniciar a las cinco de la tarde y finalmente arrancaron a las siete de la noche, luego de que autobuses y combis se encargaron de acarrear a cuanto colono con ganas de participar en una rifa encontraron en la calle.

Pese a que ostentosamente presumió los regalos que habría de rifar entre los asistentes a su evento político —había bicicletas, estufas, refrigeradores, pantallas planas, despensas—, no pudo el “súper diputado”, como se autodenomina, “prender” entre los asistentes, ni escuchar que corearan su nombre como si se tratara del salvador del municipio.

Por el contrario, hubo incluso frialdad. Los habitantes de las colonias populares que acudieron al “segundo informe de actividades legislativas” no despegaban los ojos de los regalos que tenían enfrente, ni de los empleados del legislador por el Segundo Distrito, encargados de repartir los boletos para las rifas, así como las aguas, los refrescos y las tortas. Pocos se enteraron de lo que Eliseo “informó” y más aún, pocos lo conocían. “Yo vine por las rifas”, expresaron muchos de los asistentes.

Y es que la verdad a Fernández Montúfar tampoco le importaba mucho informar. Lo suyo, el objetivo real del evento, era destaparse, autopostularse para la alcaldía y demostrar el “músculo” que podría conducirlo a aspirar a la candidatura a la oficina principal del Ayuntamiento de Campeche.

Pero su “fuerza” también estuvo en entredicho. Acudió como invitada especial al informe la presidenta estatal el PAN, Yolanda Guadalupe Valladares Valle, lo que no significa en automático que ya tiene ganado el boleto a la candidatura. Aún tiene enfrente por lo menos a Alexandro Brown Gantús, más los que se sumen en las próximas semanas.

Estuvo también entre sus invitadas la exdiputada federal Landy Berzunza Novelo, pero aún no se define con claridad si su presencia fue el aviso oportuno de que está a punto de teñir su blusa roja de azul marino, o es que simplemente sucede que la también exdiputada local extraña ser tomada en cuenta por algún político y lo que desea es llamar la atención.

También figuró entre sus invitados el exalcalde Carlos Ernesto Rosado Ruelas, el exdiputado Mario Pacheco Ceballos, el dirigente municipal panista Pedro Cámara y ningún representante de la sociedad civil, de las asociaciones empresariales, de los grupos organizados o de algún otro organismo que pueda dar fe que Eliseo no sólo anda dando palos de ciego.

Y así, sin mayor trascendencia, el “súper diputado” se tuvo que conformar con un evento desangelado, pasado por agua, incoloro y sin sabor,  que confirmó que sus “operadores políticos” andan en Babilonia y que no es nada cierto eso de que sea el “más fuerte” de los aspirantes a suceder al alcalde priísta Edgar Román Hernández Hernández.

 

Polémicas cifras de la pobreza

 

Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), “una persona se encuentra en situación de pobreza cuando presenta al menos una carencia social y no tiene un ingreso suficiente para satisfacer sus necesidades”.

La misma dependencia precisa que “una persona se encuentra en situación de pobreza extrema cuando presenta tres o más carencias sociales y no tiene un ingreso suficiente para adquirir una canasta alimentaria”.

En su más reciente informe de resultados correspondiente al periodo que va de 2014 a 2016, el Coneval revela que en Campeche la población en situación de pobreza es de 405 mil personas, de las cuales 343 mil 400 están en condiciones de pobreza moderada y 61 mil 600 en pobreza extrema.

Dentro de los ubicados en condiciones de pobreza moderada, 290 mil  son los vulnerables por carencias sociales y 44 mil 400 por el tema de sus ingresos. En contraparte, alrededor de 186 mil de nuestros coterráneos tienen el privilegio de no ser considerados ni pobres ni vulnerables.

Hablar de la pobreza siempre va generar polémica. Son asombrosas las cantidades multimillonarias que se han destinado para su combate desde hace decenas de años, y aún más de la mitad de la población nacional (unos 53 millones 400 mil personas), se encuentran en condiciones de pobreza.

Y las cifras no varían a nivel estatal. Es importante la cifra de campechanos considerados en algún nivel de pobreza —más de 405 mil— y sigue siendo preocupante el hecho de que los bajos salarios que se  perciben en Campeche, y en el resto del país, incidan en acrecentar ese margen que divide a la pobreza moderada de la pobreza extrema.

Hay quienes se han solazado en festinar el aumento en el número de pobres en Campeche, pues ciertamente los datos muestran que en 2014 había 391 mil y para 2016 la cifra pasó a 405 mil (es decir, aparecieron 14 mil nuevos pobres), pero en términos porcentuales vemos que el incremento fue en sólo dos décimas de punto, al pasar de 43.6% al 43.8%.

Pero ese mismo fenómeno se observa a nivel nacional, ya que por ejemplo, en 2010  había 52.8 millones de pobres; en 2012 subió a 53.3 millones; se disparó a 55.3 millones en 2014 y para 2016 se redujo otra vez 53.4 millones. No se pudo superar la cifra de 2010.

Sin embargo, en términos porcentuales, la población en situación de pobreza extrema en 2016 se cifró en 7.6%, menor que en 2014 (9.5%), en 2012 (9.8%) y en 2010 (11.3%). O sea que en términos porcentuales hay menos pobres, pero en las calles y en el campo hay 600 mil más.

Cuestión de números, si usted quiere estimado lector, y tema tal vez reservado para los especialistas que entienden del tema, y que cada año debaten acerca de lo que debe considerarse como pobreza, y las metodologías que se deben seguir para su medición.

Lo cierto es que para la medición de la pobreza, la Ley General de Desarrollo Social (LGDS), establece los siguientes indicadores: el ingreso de los hogares, las carencias sociales en materia de educación, acceso a los servicios de salud, acceso a la seguridad social, calidad y espacios de la vivienda, acceso a servicios básicos en la vivienda, acceso a la alimentación y el grado de cohesión social.

Entre las variables complementarias debemos anotar el tema de la educación, si se es analfabeta o no, el peso y talla de los niños, el tipo de material de que está hecha la vivienda, el monto de los ingresos per cápita en cada hogar y también si se cuenta o no con alguna línea telefónica, si se tiene televisión de paga o si los hogares están conectados o no a Internet, entre otros datos.

Lo que es indiscutible es que el combate a la pobreza tiene que ser un trabajo multisectorial. Todas las instituciones deben estar interconectadas para evitar la duplicidad de esfuerzos y de gastos, y para obtener mejores resultados.

Así lo entienden los dos principales estrategas del combate a la pobreza en Campeche, el delegado de la Secretaría de Desarrollo Social, Christian Castro Bello y el secretario de Desarrollo Social y Humano del Gobierno del Estado, Jorge Alberto Chanona Echeverría, quienes por cierto, estuvieron toda la semana pasada muy atentos a la presentación de los datos del Coneval, y al impacto que esos resultados produjeron en el estado y el país.

Y aunque hay muchos que gustan de ver el vaso medio lleno y no medio vacío, habrá que destacar el desplegado publicado el domingo pasado en todos los medios informativos donde se presumen los logros.

En 2016 había 116 mil campechanos en pobreza extrema, en 2014 era de 99 mil y en 2016 la cifra se redujo a 61 mil, más de 53 %. Son resultados palpables y hasta plausibles, pero que no deben servir para echarse a patear la pared en la hamaca. Hay aún mucho trabajo por delante.

Entresemana se elabora con aportaciones de periodistas y colaboradores de TRIBUNA.

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