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El dedito del Peje

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Claudia Sheinbaum, en la Ciudad de México; Layda Sansores, en la delegación Álvaro Obregón, que se elevará a categoría de Ayuntamiento en la capital del país; Enrique Kú Herrera, para el Senado; Manuel Zavala Salazar, en San Francisco de Campeche; y Ramón Ochoa Peña, en Ciudad del Carmen, pueden presumir haber sido productos  del “dedito” de Andrés Manuel López Obrador.

Pero no piensen mal. No se trata de un asunto subido de color, sino del método dedocrático que ha usado el dueño absoluto de Morena, Andrés Manuel López Obrador, para designar a sus candidatos.

Lo mismo hizo en su momento con Delfina Gómez, la fallida candidata a la gubernatura del Estado de México. López Obrador no escuchó otras propuestas, se cerró a la posibilidad de ir en alianza con otros partidos como el PRD, Movimiento Ciudadano y el PT, y al final se enfrentó a una contundente derrota.

Y ese será el mismo destino de sus nuevos destapados —¿o debemos decir “dedeados”?— del caudillo Morenista, pues en el caso muy especial de Sheinbaum, la esposa de Carlos Imaz, involucrado en el escándalo de las ligas de René Bejarano, todos los especialistas y conocedores del tema coincidieron que la mejor propuesta era Ricardo Monreal, pero el Peje se entercó en impulsar a su exsubordinada.

No sabemos qué pasará con Monreal, pero los pronósticos apuntan a que su posible salida de Morena y la aceptación de ser postulado por una coalición de partidos, en que hasta el PRI pudiera estar involucrado, le va abrir un fuerte boquete a las pretensiones morenistas de gobernar la Ciudad de México. Las encuestas ubican al partido del Peje en el primer lugar de las preferencias electorales en la capital del país y en el resto de los estados, pero las constantes regazones de su caudillo lo van a conducir a él sí, al despeñadero.

En lo personal debo celebrar como medio país ya lo hace, que este tipo de errores de López Obrador van a hundir sus aspiraciones de alcanzar el triunfo  en las elecciones del 2018. No basta con sus prédicas de honestidad, de no mentirás, no robarás y toda esa sarta de propuestas demagógicas que repite por todo el país, cuando el propio Ricardo Monreal ha demostrado que a la hora de tomar decisiones como “hombre de Estado”, se sigue dejando llevar por el dedito y por el hígado.

En Campeche ese tipo de situaciones de alguna manera nos devuelven la tranquilidad. Está impulsando candidatos fracasados como Manuel Zavala, que no ha ganado ni una sola elección, y que tampoco representa la mejor carta de Morena para tratar de ganar la capital del Estado.

Y el hecho de postular a puro cartucho quemado como Ramón Ochoa Peña, o hasta el propio Enrique Ku Herrera, solamente confirma que a Morena no llegaron los destacados personajes que estaban esperando, que no hubo cismas ni en el PRI, ni en el PAN, ni en el PRD, y que van a tratar de reciclar a los que ya tienen adentro para tratar de llenar la lista de candidaturas.

Esta ausencia de rostros nuevos también me dice que Morena ya dejó de ser un atractivo para el electorado, para la ciudadanía; que la promesa de hacer las cosas de mejor manera no se cumplió, y así lo prueba el dedito del Peje. Ese dedito elector que se mueve con base en caprichos, intrigas, intereses, conveniencias, adulaciones, rastrerismos, etcétera, pero que para nada se parece a su pregón de democracia.

Adiós Peje. Con lo de Monreal, Zavala y Ochoa Peña te fuiste al despeñadero.

Eduviges de la Cruz Breck

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