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El istmo no se doblegó

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La banda de Los Hermanos Angulo detuvo momentáneamente el lánguido son que interpretaba, mientras la naturaleza descargaba su enojo sobre parte del Istmo de Tehuantepec por los malos hábitos ambientales de los mexicanos, y escogió a la más estrecha franja mexicana —300 kilómetros— entre los océanos Pacífico y Atlántico, no porque lo mereciera más, sino para probar de nuevo la estoicidad de la raza zapoteca. Y la hizo vibrar estrepitosamente, sobre todo en los municipios de Juchitán de Zaragoza, Asunción Ixtaltepec y Unión Hidalgo. Tercos como algunos árboles que se doblan pero no se quiebran, de nuevo se empiezan a levantar.

Y, de nuevo también, la banda reanudó la cadencia de sus sones-valses pasando por La Llorona, La Tortuga, El Feo, La Petrona y La Martina, al ritmo de los cuales las damas sacaron sus trajes típicos y los hombres sus huaraches y sombreros que lograron rescatar de los escombros, a fin de prepararlos para que cuando su vida se normalice le den gracias con velas y calendas a san Vicente Ferrer, su patrono, por darles la fuerza y el coraje para enfrentarse con éxito a cualquier contingencia.

Pero esta reciedumbre que están demostrando ahora no es casualidad, pues en septiembre de 1866 en ese glorioso Istmo los indígenas derrotaron al ejército francés de Napoleón III, allí apertrechado. Fue ahí donde el Gral. Félix Díaz —hermano del presidente Porfirio Díaz— fue linchado por haberse robado la imagen de san Vicente Ferrer. Y fue en Juchitán donde por primera vez en México fue derrotado políticamente el PRI por la Coalición Obrera, Campesina y Estudiantil del Istmo —Cocei—, ganando la Presidencia Municipal.

Fue también de Juchitán, de donde egresados de su tecnológico ingresaron a la refinería de Salina Cruz en 1981 y hoy ocupan ya posiciones importantes en esa factoría de Pemex.

Se reanudarán pronto las actividades en esas comunidades pobres pero emprendedoras, fabricantes caseros de los sabrosos totopos y del mole de múltiples especies. Pronto se volverá a escuchar en Asunción Ixtaltepec la bella música de su hijo pródigo Jesús “Chu” Rasgado —Naila, Emperatriz, La misma noche, Rayando el Sol y otras—, y empezarán de nuevo los paseos familiares al bellísimo balneario natural del ojo de agua Laullaga por Ciudad Ixtepec.

Lo dicho: las comunidades del Istmo de Tehuantepec están pobladas de gente muy orgullosa de sus costumbres y de sus orígenes, incluyendo su lengua que se niega a morir. Su convicción es igual a la que su coterráneo Macedonio Alcalá imprimió en su “Dios nunca muere”.

Fernando Almeyda Cobos

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