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El PRI en el 2018

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“¿Quieres conocer tu árbol genealógico, el real y el perverso?, postúlate a un cargo de elección popular”, tenebra política.

Las encuestas formales respecto a la carrera presidencial para el 2018 ubican al PRI en el tercer lugar de las intenciones de voto. Sin embargo, por las opiniones recientes de quienes integran las cúpulas nacionales y estatales del PAN y del PRD, vociferando públicamente que la señora Margarita Zavala renunció al PAN para favorecer al partido tricolor, deja implícito que desde ahora buscan justificantes para cuando su derrota sea un hecho. Además no les ha importado manchar, así, la imagen de quien después de tanto tiempo de leal militancia creyó haber construido credibilidad en su hacer y en su quehacer.

Al PRI lo acusan, también, de convencer a apartidistas para inscribirse como aspirantes independientes a la Presidencia de la República. Es decir que, con inferioridad así admitida, al PRI le atribuyen influencias necesarias y suficientes para motivar a la ex primera dama del país y a más de 40 ciudadanos sin partido, que con todo derecho piden la oportunidad de contender al más importante cargo público del país, para que actúen, desde ahora, para que esa tendencia a votar se revierta en favor suyo. Y eso lo deja claro: el PRI contenderá de nuevo contra AMLO (¿Morena?) y de nuevo le volverá ganar.

Y volverá a ganar, porque si como opinan los politólogos, el candidato del tricolor será José Antonio Meade Kuribreña, serán satisfechas las exigencias de los mexicanos de que ya no nos gobiernen los políticos. Este probo funcionario público fue secretario de Hacienda en el gabinete de Felipe Calderón Hinojosa, pero nunca se afilió al PAN. Ha sido secretario de Desarrollo Social, de Relaciones Exteriores y ahora de Hacienda con Enrique Peña Nieto, pero asumió estos cargos sin pedir ni admitir condiciones políticas: efectivamente se ha negado ser priísta y no acude a ningún acto partidista.

Es el candidato idóneo para ser el gobernador del Banco de México ahora que renuncie Agustín Carstens, de donde sin sobresaltos y sin golpes bajos se catapultaría luego a sistemas financieros internacionales. Tendrá, pues, que decidir si se enriquece desde el cuidado de la economía del país y más aún después, o gobernarnos con un claro propósito de combatir la impunidad y la corrupción, orígenes de los demás males, porque a lo largo de su vida profesional no ha contraído compromisos que influyan sobre su honestidad y su responsabilidad.

En un ejercicio sano, exento de cualquier interés salvo el de mexicanos, comparemos la estatura moral de este doctor en economía con la de López Obrador y la de Ricardo Anaya. Votemos después.

Fernando Almeyda Cobos

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