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Altares

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“El día que tememos como nuestro último día, no es más que el nacimiento de la eternidad”, Séneca.

 

Rendir culto a los muertos se ha dado a lo largo de la historia del hombre en todos los continentes y culturas del planeta, México no es la excepción. Es más, podríamos decir que en nuestro país se trata a la muerte de manera singular, ya que hasta podríamos parecer irrespetuosos ante este hecho, pues se da de manera chusca, jocosa, podría decirse hasta burlona.

Esta tradición va más de la llegada de los españoles a nuestras tierras, la muerte para nuestros ancestros era el inicio de un viaje hacia el inframundo al que conocían como Mictlán, y al que llamaban Xiomoayan, mismo que duraba cuatro días, que al concluir, eran enviados a una de las nueve regiones donde permanecían cuatro años y  así al llegar  al último piso encontraban su eterno descanso, al que se le conoce como  “obsidiana de los muertos”.

Es el 28 de octubre el día que se destina a los que sufrieron una muerte trágica; el 30 y 31 de octubre son días dedicados a los limbitos, niños que murieron no bautizados; el 1 de noviembre a los adultos, y el día 2 a todos los Santos Difuntos, en nuestra región es el día 31 dedicado a todos los niños.

El altar a los muertos es un elemento imprescindible en la celebración, pues es creencia de que los muertos, nuestros muertos, se dirigirán al altar previamente acondicionado para ellos con elementos de su agrado, siendo el sonar de las campanas de la iglesia en las primera horas del día la que los guiará hacia su antigua morada para convivir con sus familias terrenales.

Son siete los niveles con que debe de contar cada altar, forrando cada uno de ellos con tela negra y blanca, lo que significa que son los siete pasos que deben de cumplirse para llegar al cielo y poder descansar en paz.

Los más comunes son los altares de dos niveles, representando el cielo y la tierra, algunos se realizan con tres niveles, en el último se visualiza como el purgatorio. Son diferentes los elementos que se deben de colocar, dependiendo del tipo de altar de que se trate.

Existen elementos significativos en los altares: la imagen del difunto, debiéndose colocar en la parte más alta del altar, siempre de espaldas y frente a él un espejo, pues sólo pueden ver el reflejo de sus deudos y éstos vean a su vez únicamente el del difunto.

Velas. Se dice que es el día 28 de octubre cuando se prende una veladora blanca y se coloca una flor blanca para dar la bienvenida a las ánimas solitarias; el día 29 se prende otra vela y se coloca un vaso con agua, esto dedicado a los difuntos olvidados; el día 30 se coloca otra vela, un vaso con agua y pan blanco para aquellos que tuvieron un accidente y los que partieron sin comer.

El día 31 se coloca una nueva veladora,  un vaso con agua, un pan blanco y una fruta; en nuestra región, generalmente una naranja o una mandarina, esta vez para los abuelos de nuestros padres; el día de los pequeños difuntos, o de los niños, como se le ha llamado al día 31 se colocan dulces como: calabaza, papaya, mazapán de figuritas, suspiros, cocadas, frailes, dulce de pan, entre otros más, también se colocan flores y chocolate.

El 1, al que todos lo conocemos como de los Fieles Difuntos, se coloca toda la comida: piblipollo, merienda, atole, cigarros, cervezas. Y para concluir, el día 2 se prende la última veladora, en esta ocasión como en las anteriores se quema incienso, se les despide pidiéndoles que regresen el próximo año.

La cruz, este símbolo fue añadido por los conquistadores, colocándose en la parte superior a un costado de la imagen del difunto, pudiendo ser ésta de ceniza o de sal.

Flores, para que el olor de éstas guíe su camino; algunos elaboran flores con papel de colores, tengo fresco en mi memoria que en la casa de mis abuelos maternos, mi tía Julia las confeccionaba de diversos colores con papel de china y papel crepé.

Pibipollo, elaborado especialmente para ellos, muchas veces con las piezas de los animales que ellos gustaban en vida, como por ejemplo la pechuga de la gallina, y así satisfagan su hambre en ese largo camino que recorrieron ese su día.

Pan. Se coloca pan elaborado con anís, o de no haber, algunas piezas que el difunto disfrutaba en vida. Bebidas alcohólicas, de las que el difunto abusaba en vida, presentada en copitas para que nuestro visitante no abuse.

Juguetes. Se pone en el altar algunos juguetes de los que los pequeños difuntos disfrutaban en vida. En el poblado de Pomuch son colocados en los nichos de los niños difuntos juguetes de barro con figuras.

En Campeche el Gobierno ha retomado de manera acertada esta tradición, y es en la calle 59 donde se realiza el Concurso de Altares, es realmente un espectáculo hermoso que enaltece las tradiciones, pues diversas empresas y escuelas participan en ello, creando y recreando esa costumbre, es ya parte de un atractivo que ofrece el Gobierno del Estado, y estoy seguro que pronto será parte de las visitas obligadas a realizar por los turistas y los habitantes de nuestra ciudad, de las ciudades y estados cercanos, pudiendo así disfrutar de ese gran espectáculo.

Campeche y las personas que la queremos, hacemos votos para que estas tradiciones se mantengan y que no olvidemos nuestras raíces.

Rodolfo Bernés Gómez

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