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La ruta de los altares

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“No es más grande el que más espacio ocupa,  sino el que más vacío deja cuando se va”, Ana Galán.

Un buen amigo me comentó que el día 31 de agosto, esto es hace unos pocos días, se realizaría en el Tecnológico de Calkiní la presentación de los trabajos sobre altares que realizarían los jóvenes estudiantes de esa institución.

Como amigo del director decidí ir a ver, amén de que siempre es interesante presenciar este tipo de expresiones que nuestro pueblo intenta rescatar y conociendo el entusiasmo de Edilberto, esperaba un buen trabajo.

En las primeras horas de la mañana salí rumbo a esa zona de nuestro Estado, que se ha caracterizado por conservar muchas de las tradiciones y costumbres que son parte de nuestras raíces, entre ellas el ver que muchas de las casas que habitan se construyen con caclum, zacate y lodo, con techo de guano, lo que permite que al encontrarnos en su interior sentimos una temperatura agradable, por el tipo de elementos utilizados.

En la ruta que conduce a la ciudad de Calkiní encontramos comunidades como Tenabo, donde pudimos observar unos altares ingeniosamente elaborados, dignos de admirarse.

Continué con mi viaje y decidí visitar el tradicional poblado de Pomuch, que se caracteriza y que se ha vuelto famoso en primera instancia por el pan de anís que ahí se elabora y por esa tradición ancestral de venerar de manera singular a sus difuntos. Aproveché que ese día inicia el ritual a los muertos, hecho que ha traspasado las fronteras, pues empresas televisoras muy importantes han grabado y transmitido documentales de este singular rito.

Esta tradición se realiza los días 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre, donde los deudos visitan el cementerio y limpian con gran cariño las osamentas de esos parientes que se les adelantaron, les elaboran telas bordadas, donde ponen sus huesos, generalmente los tienen en una pequeña caja de madera. En el caso de los que se fueron a temprana hora se les coloca juguetes de barro, es común que les dejen pitillos en forma de animalitos.

Se puede  observar que los espacios donde se encuentran los huesos están abiertos y a la vista de todos los que asisten esos días; en ese sitio es común escuchar rezos y cantos, pidiendo siempre por el eterno descanso de los que han fenecido.

El peregrinar de los habitantes del poblado, portando sus huipiles, cargando flores, es un espectáculo que vale la pena ver, algunas personas llegaban en “tricitaxis”, un medio de transporte común en muchos poblados de nuestro Estado.

Al retirarme de ahí, después de vivir esa experiencia, pensé que con esto el día había valido la pena, me dije: si lo de los altares elaborados por los estudiantes del Instituto Tecnológico era de admirarse, sería estupendo, si no, aun así el viaje lo había sido.

Para mi sorpresa, lo creado ahí superó en mucho mis expectativas; sé del entusiasmo que Edilberto procura a las cosas que realiza, pero creo que aquí  las superó y en mucho.

Fue un verdadero espectáculo lo presentado en esa institución por los alumnos, las autoridades aprovecharon un espacio arbolado con veredas y fue ahí donde se instalaron los altares; los jóvenes se veían entusiasmados, muy orgullosos de que los visitantes admiraran sus trabajos, todos ellos vestidos con trajes regionales que hacía resaltar y ambientar aún más esta fiesta tradicional.

Se podía observar a jóvenes elaborando tortillas a mano, con un comal soportado con tres piedras y calentado con leña. Las metían en un lec para conservarlas calientes.

En los altares se podían observar las fotos de personas difuntas, donde les ofrecían todo tipo de frutas regionales, incluso pibinales, elotes, sus jícaras con atole y agua, dulces variados como de papaya, calabaza, yuca con miel de la región,  cocadas, suspiros, habían también tablillas de chocolate elaboradas en casa de los jóvenes con esas recetas ancestrales, sin faltar los pibipollos cocidos a la usanza antigua: enterrados.

Con seguridad las autoridades voltearán hacia esas rutas donde es mucho lo que se les puede explotar turísticamente hablando. Seguramente habrán contemplado la posibilidad de crear una ruta turística que bien se le pudiera llamar la “Ruta de los altares”, y con un poco de promoción motivarán a nuestros coterráneos y al turista que gusta de esas tradiciones.

Incentivar a las operadoras turísticas a que se realicen estos recorridos, que bien pudiera ser ésta una opción más para aquellos que nos visitan. En lo personal siento que estas tradiciones empiezan a tener mayor auge, son más representativas cada día. Lo presentado en el Instituto Tecnológico de Calkiní es una muestra de que se puede mejorar cada año, y me lo comentaba Edilberto, esto ya se hacía, desde luego que sí, pero con la creatividad de los estudiantes y sus autoridades, y sin importar quién lo inició, la elaboración de estos altares podrían tener  ese sello que hace único a cada pueblo.

Bien por los jóvenes de esa  institución; bien por su director Edilberto Rosado Méndez; por cada joven, por cada familia o autoridad que intentar conservar nuestras tradiciones.

Esperamos que todas las expresiones de las personas que lo viven y que fomentan ese sentido de  pertenencia de este nuestro bellísimo Estado, sean tomadas en cuenta por las autoridades y hoy por hoy fomentar la cultura y el turismo.

Una felicitación a Delio Carrillo, por el éxito del Concurso de Altares que se lleva a cabo en la calle 59, y a quien he visto en muchos eventos apoyando al fomento de nuestras tradiciones como en este caso el Hanal Pixán.

Qué sorpresas nos esperan para el 2018, no lo sabemos, de lo que estamos seguros es que este año fue mejor que el anterior. Estamos sorprendidos de las expresiones de los jóvenes que participan y aplaudimos a las autoridades por el entusiasmo que le ponen al fomento de ellas. Enhorabuena.

Rodolfo Bernés Gómez

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