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A la cargada con Meade

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La postulación de José Antonio Meade Kuribreña como el virtual candidato del PRI a la Presidencia de la República va provocar como un efecto inmediato, instantáneo, automático, la súbita aparición de sus “amigos de la infancia”, “compañeros de estudio” y “brothers de parranda” que se van a sentir con derecho a beneficiarse.

Es parte de la liturgia priísta. De la “cargada”, del amiguismo e influyentismo que algunos “despistados” creyeron que ya no debería existir, pero que, como hemos constatado, es parte consustancial del ser mexicano.

Lo que no se debe perder de vista es el papel que jugaron los priístas de Campeche, y su gobernador Rafael Alejandro Moreno Cárdenas, en la construcción del camino para conducir a Meade Kuribreña a esa candidatura.

Fue aquí, en la mesa 5, “de los estatutos”, en los trabajos previos a la celebración de la histórica XXII Asamblea Nacional del PRI, en donde se afianzó esa candidatura, al abrirse las puertas para que los ciudadanos sin partido puedan ser postulados como abanderados del tricolor a los diferentes cargos de elección popular que estarán en disputa.

Llamada desde entonces “la enmienda Meade”, los priístas campechanos ya tenían muy claro el futuro político de su partido, y tenían algo más que una sospecha del nombre de quien abanderaría sus siglas para aspirar a retener la Presidencia de la República.

Esos priístas campechanos, encabezados por su gobernador Moreno Cárdenas, lucharon a brazo partido contra otros destacados militantes y dirigentes del tricolor encabezados por el llamado “Grupo Hidalgo” quienes, a su vez, decidieron cerrar filas al lado del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, para mantener los candados cerrados a fin de evitar que un personaje no priísta pudiera ser postulado por ese partido.

A final de cuentas se impuso la voluntad orquestada desde la residencia oficial de Los Pinos y acatada íntegramente en Campeche por su gobernador Moreno Cárdenas, quien por cierto, recibió una de las más sentidas, prolongadas y sonoras ovaciones de los militantes priístas de todo el país que se dieron cita en nuestra entidad, como presagiando el importante papel que nuestro joven mandatario desempeñaría en todo este proceso, como factor de cohesión y unidad.

Los seguidores de Osorio Chong tuvieron que replegarse y sin duda alguna son los que más han sufrido con esta decisión trascendental e histórica del PRI, de postular como su candidato a un ciudadano sin partido y sin militancia.

Habrá que admitir que Osorio Chong luchó hasta el último día. Pese a los golpes bajos en su contra, y a pesar de que todas las encuestas lo colocaban como el mejor posicionado de entre todos los nombres de la baraja priísta, al final se disciplinó, sacó a la vista su institucionalidad y lealtad al sistema y anunció, a través de sus subalternos, que se retiraba de la contienda, con lo que le dejó las puertas abiertas al hasta entonces secretario de Hacienda.

¿Qué pasará con sus seguidores y operadores políticos? ¿Negoció para ellos algún premio de consolación o tendrán que pagar las consecuencias de haberse equivocado de bando?

Uno de los más asustados —nos cuentan— es el senador Raúl Aarón Pozos Lanz. Había cifrado en Osorio Chong todas sus esperanzas de mantenerse activo políticamente. Como integrante del llamado Grupo Hidalgo, casi todos los fines de semana se desplazaba a Pachuca a “operar” a favor del secretario de Gobernación.

Uno de los leales de Pozos es delegado del PRI en Hidalgo, y su expectativa era ascender políticamente en caso de que su gurú fuera primero candidato, y después Presidente de la Republica. Pero otra vez las cuentas le salieron mal.

Por lo que hace a los “amigos de Meade”, habrá que aclarar también que hasta el momento el precandidato presidencial priísta no tiene operadores personales ni emisarios secretos. Como en su tiempo difundiera el subcomandante Marcos, en el PRI en estos momentos “todos somos Meade” y todos por tanto tendrán que acogerse a la disciplina y lealtad partidista para cerrar filas en torno a esa figura.

Pero hay mucho tiempo para que los priístas lo posicionen mejor, para encumbrarlo y para que con esa talacha partidista que saben hacer tan bien, lo lleven a la victoria.

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