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Conservar para preservar II

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Sitios históricos

 

En la primera emisión de este tema, enumeré los criterios que el Icomos, avalados por la Unesco, considera para la inclusión de un sitio patrimonial en su lista del patrimonio mundial. De igual forma, existen otros fundamentos y edictos con los cuales estos emblemáticos lugares también deben relacionarse y ser concordantes.

El artículo 4º de la Carta de Venecia, dice a la letra que: “La conservación de monumentos implica primeramente la constancia en su mantenimiento”. Esto podría interpretarse como la implementación de una política de preservación del patrimonio, misma que sería el resultado de una constante tarea de restauración y conservación de los monumentos históricos y de su entorno inmediato. Conservar: mantener; preservar: trascender. Ahondaremos más adelante en las políticas públicas y en la difusión para lograr una congruencia positiva de pensamiento colectivo.

Para que un edificio sea elegible para considerarse monumento histórico, tendrían que analizarse y evaluarse diversos aspectos del mismo; no basta con sus cualidades formales y estéticas, sino también se requiere que este conserve un gran porcentaje de su fisonomía original inalterada, así como deberá tener elementos arquitectónicos propios de una época y de un estilo determinado.

Asimismo, y no obstante sus atributos espaciales y ornamentales, también sería de gran importancia el hecho de que la unidad edilicia en cuestión ostente alguna relevancia histórica desde el punto de vista asociativo; es decir, que este se vincule estrechamente con algún suceso histórico de suma relevancia y trascendencia, tales como el sitio del nacimiento de algún prócer o el lugar en donde se haya firmado tal o cual pacto político o social, que haya significado algún hito digno de celebraciónpara la posteridad, ya sea de la ciudad, del Estado o de la nación.

Pero ahora no se trata de profundizar en los cánones conservacionistas que dictan los principios y las normas a considerar y a seguir, para cumplir con los pasos de rigor para llevar a cabo la inscripción de una unidad arquitectónica, de un conjunto urbano o de una ciudad completa en la lista del patrimonio mundial de la Unesco. Se trata, pues, de saber cómo nuestra ley mexicana registra y cataloga a estos auténticos bienes nacionales culturales y testigos silenciosos e irrefutables de nuestra historia.

El artículo 21 de la Ley Federal Sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, habla sobre la creación del Registro Público de Monumentos y Zonas Arqueológicos e Históricos, mismo que depende del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), así como también nos refiere al Registro Público de Monumentos y Zonas Artísticos dependiente del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA). Ambos institutos, tanto el INAH como el INBA, cuentan con sendas bases de datos que acopian lo más granado de nuestro acervo patrimonial mexicano, y son documentos vinculatorios a nuestra legislación federal.

Ahora bien, ¿cómo actuar cuando queremos llevar a cabo una intervención mediante algún proceso de restauración o de remodelación? Desde luego que nos tenemos que remitir principalmente al reglamento de construcciones del municipio, al programa parcial de desarrollo urbano del sitio (en caso de que este existiera), al programa municipal de desarrollo urbano (instrumento rector del crecimiento urbano) y desde luego, conseguir el permiso correspondiente por parte del INAH (autoridad federal).

En resumen, lo anterior significaría tanto cumplir con un mandato constitucional acatando lo dictado en el artículo 115 (referente a las atribuciones municipales), como también acatar la Ley Federal en la materia mediante la consulta al INAH. Municipio y Federación, pues, como entes normativos primordiales.

Hablaremos sobre la parte no normativa y ética en la próxima edición.

 

José Luis Llovera Abreu

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