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¿Campehuaches contra campechanos?

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Si de por sí la selección de los mejores candidatos a los puestos de elección popular, de cualquier partido que sea, entraña complejidades, conflictos, intereses y en muchas ocasiones hasta traiciones, el asunto sube de tono cuando se trata de los partidos políticos más competitivos.

Luego del triunfo de Vicente Fox en la elección presidencial en el año 2000, los comicios, del ámbito que sean, se tornaron más disputados, cerrados, reñidos, sin grandes ventajas para nadie. Ser postulados, por ejemplo por el PRI, ya no es, desde esos años, sinónimo de triunfo. Y vaya que hay muchos candidatos perdedores que saben mucho de esto.

Por eso es que uno de los activos más importantes —esenciales, fundamentales quizá— para que cualquier instituto político pueda reforzar sus posibilidades de triunfo, es desde entonces, la unidad interna. Cualquier partido dividido va directo a la derrota, a menos claro —como ocurrió hace dos años y medio en Campeche— que se tenga un candidato fuerte, popular y con arraigo indiscutible.

En Campeche parece que el PRI llegará a este proceso electoral con fuerte dosis de unidad. Sin embargo eso no lo exenta de la posibilidad de que en su interior haya grupos, personas e intereses, entercados en zanjar esa cohesión interna alrededor de su verdadero líder estatal,  que es el gobernador Moreno Cárdenas.

Por eso, habrá que analizar con detenimiento el más reciente pronunciamiento del llamado “primer priísta del Estado” en torno a la selección de esos candidatos. Durante la Tercera Sesión Extraordinaria del Consejo Político Estatal, Moreno Cárdenas enfatizó que en Campeche, “la estructura priísta, sectores y organizaciones, están listos para enfrentar las elecciones en 2018. Pero quienes sólo se acercan al PRI en tiempos electorales, exigiendo una candidatura, tienen toda posibilidad cancelada”.

En medio de los aplausos de respaldo incondicional de los 480 consejeros que acudieron a ese evento efectuado a puertas cerradas, el mandatario campechano subrayó: “Que nadie se equivoque, los cargos de dirigencia y las candidaturas no se consiguen en la Ciudad de México, se consiguen aquí con el priísmo, nuestra gente, el trabajo cotidiano. Y que quede claro que así va a suceder, y de eso me encargo yo”, subrayó.

¿Quiénes se andan moviendo en la Ciudad de México en busca de cargos de dirigencia y de las principales candidaturas? Hay varios. Empezando con la exdelegada del Issste, Rita Dolores del Río Ávila, quien pretende chantajear con el tema de la equidad de género y anda presumiendo un currículum muy ajeno a su realidad, para tratar de impresionar a los incautos que tuvieron la osadía de regalarle unos minutos, pero quienes de inmediato se dieron cuenta de la carencia de tornillos en su cabecita.

Otros adelantados son por lo menos tres exgobernadores: Salomón Azar García, quien supone que su deficiente trabajo como delegado del CEN del PRI en Tabasco, le va ayudar a hacer puntos para regresar por sus fueros, o encumbrar a alguno de sus descendientes homónimos, aunque todavía falta ver el desenlace de la elección tabasqueña, en donde las encuestas siguen ubicando al tricolor por abajo del PRD y de Morena.

También desea una senaduría Abelardo Carrillo Zavala, el cetemista que presume cercanía con José Antonio Meade por los trabajos relativos al tema de la vivienda.

El otro es Jorge Carlos Hurtado Valdez, el de las “pocas palabras” que dijo que se retiraría de la política al término de su mandato, pero que intenta aprovechar sus relaciones con  integrantes del gabinete y gente de Meade Kuribreña, para tratar de pasar seis años en la Cámara Alta.

El “Chelito” Oscar Rodríguez Cabrera, quien a través de sus panegiristas se quiere ostentar como amigo de “Pepe Toño” e integrante de equipo de Luis Videgaray, quien, supone, pondrá y quitará nombres de las listas de candidatos en todos los niveles.

En fin que vociferantes hay muchos.  Gente que haya hecho talacha partidista en barrios, colonias, fraccionamientos, ejidos, comunidades rurales y poblaciones, en trabajos auténticos de gestión popular, muy, pero muy pocos.

Estas candidaturas, como dice Moreno Cárdenas, ”Se consiguen aquí con el priísmo, nuestra gente, en el trabajo cotidiano”. ¿Alguien puede objetar tal afirmación, sobre todo en este contexto de alta competitividad electoral y la enseñanza histórica de que ser candidato, no es sinónimo de triunfo en la elección?

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