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Tortuosa cuesta de enero

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Para muchas personas el inicio de año es lo más tortuoso que puede existir. Saben que la famosa “cuesta de enero” está próxima a iniciar, lo que equivale a quedarse sin dinero antes de la primera quincena de este mes, o de plano ya tener encima los pagos de préstamos solicitados o compras de diciembre con la tarjeta de crédito.

A lo anterior hay que sumar la inflación de inicio de año, la escalada de precios por reajustes en combustibles, aumento al costo de la canasta básica, industriales y empresarios que apenas llega el primer día del año en automático incrementan los precios de sus productos y servicios, además de que muchas personas no tenemos aún la costumbre de ahorrar para este tipo de imprevistos, lo que conlleva muchas veces a quedarnos sin dinero antes de cobrar la primera quincena del año.

Y es cierto, el mes de enero resulta para muchos la decadencia económica inicial, pero no se debe tanto a los aumentos, sino a la falta de visión económica de la que carecemos, pues en los meses de noviembre y diciembre damos rienda suelta al consumismo, al festejo y al derroche sin sentido —al menos no para muchos—, y cuando nos damos cuenta ya se acabó el aguinaldo, el ahorro y hasta estamos pensando qué podremos empeñar durante los primeros días de enero.

Usted pensará que no tengo idea de lo que escribo y que seguramente carezco de necesidades, pero créame que no. Antes de sentarme a escribir leí los análisis de algunos especialistas en economía familiar, laboral, industrial y empresarial de varias partes del mundo, y todos llegan a la conclusión de que con una buena fórmula de ahorro, es decir, priorizar lo que se necesita, preguntarse si realmente se necesita y visualizar un poco el futuro inmediato, tendríamos menos problemas a la hora de enfrentarnos con la llamada cuesta de enero. Y de mis necesidades mejor ni le cuento, no se trata de ponernos a llorar.

Mire usted. En noviembre festejamos a los muertos con los tradicionales pibipollos, la merienda, el atole y el chocolate caliente, además de los altares y otras “tradiciones” adquiridas de diversos países como Estados Unidos, de donde ya nos contagiaron sus festejos de Halloween y sus disfraces que parecen de Carnaval. Todo eso cuesta caro y cada año eleva su precio de manera puntual, lo que se convierte en uno de los primeros gastos rumbo a los festejos del fin de año.

De igual forma en el mes de noviembre los mexicanos tuvimos la oportunidad de adquirir diversos productos a bajo costo o meses sin intereses durante el Buen Fin, que en esta última edición rebasó todas las metas anteriores, tal como lo publiqué en esta misma columna el sábado 25 de noviembre del año pasado (2017). Ahí le daba cuenta del tipo de compras más comunes durante esos días, de los artículos más vendidos, de los más solicitados, y en su mayoría tienen que ver con electrónica y línea blanca.

También le expuse que la mayoría de las ventas se realizan a meses sin intereses con tarjetas bancarias, de la misma forma con los plásticos de las tiendas departamentales o de los supermercados, pero que realmente no hay ofertas para pago en efectivo o al contado. ¿Por qué? Es muy sencillo, los comercios prefieren que el consumidor adquiera una deuda con los bancos, antes de perder ganancias del stock de productos existentes en sus almacenes y bodegas.

Jorge Gustavo Sansores Jarero

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