Inicio»Opinión»En memoria de mi madre

En memoria de mi madre

0
Compartidos
Google+

Se llamaba Carmen Esperanza Toledo Torres, nació en Cintalapa y falleció en la ciudad de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; fue hija de María Torres y de Ezequiel Toledo. Tuvo dos hermanos, María y Ezequiel, se casó con Enrique Méndez Acosta con quien tuvo 8 hijos: Oscar, Jaime, Esther, Rafael Quintín, Julio César, Adán, Antonio y Edith.

Considero que fue una excelente persona y la mejor madre del mundo, tuvo la oportunidad de cursar el 6º grado de primaria, que en su época muy pocas personas lograban estos estudios, y con el cual podían desempeñarse como profesores de educación primaria, pero ella decidió dedicarse a las labores del hogar para poder cuidar y educar a sus hijos y apoyar a mi padre en alguna de sus ocupaciones.

Junto con mi padre y mis hermanos vivieron un tiempo en Cintalapa, después por cuestiones de trabajo de mi papá, que trabajaba en esa época en la construcción de carreteras federales, se fueron a vivir a Boca del Río, Veracruz. Después se fueron a vivir a Villaflores, Chiapas, donde mi papá se dedicaba a la agricultura y al comercio. Por petición de mi hermano Oscar, el mayor de nosotros que quería que los más pequeños continuáramos estudiando, nos fuimos  a vivir nuevamente a Cintalapa donde teníamos a la gran mayoría de nuestros familiares.

Mi madre fue una persona muy especial; sencilla, generosa, muy cariñosa con nosotros, trabajadora, y se preocupaba mucho por todos sus hijos. A nosotros nos dio todo lo mejor que pudo, nos enseñó a ser buenas personas, a no meternos en problemas, a ayudar a quienes pudiéramos, a llevarnos bien, a respetar, a ser amables, a practicar una religión y a tener fe en Dios. Sin exagerar, había veces que ella se quedaba sin comer para darnos la comida a  nosotros.

Con mi padre y nosotros, sus hijos, vivió grandes momentos de alegrías, de sufrimientos y tristezas. Sus alegrías, como cuando terminamos nuestros estudios, teníamos un buen trabajo y formamos nuestras propias familias. Sufrimiento, como la pérdida de sus seres queridos, su papá, su mamá, sobrinos, etc.

Una anécdota que mucho recuerdo de ella es cuando sufrí un accidente; ella y mi papé me llevaron al doctor, me cuidaron y me dijeron que le pidiera a Dios que yo quedara bien, lo cual desde luego hice, y que cuando fuera grande iría a visitar la basílica de Guadalupe, en la Ciudad de México, lo cual ya unos años después hice.

Para dar una idea de lo abnegada que fue mi madre, sólo menciono una acción que recuerdo: mi madre se hizo cargo de su mamá gran parte de su vida, pues mi abuela quedó viuda y perdió la visión desde joven y tenía un carácter muy fuerte; era demasiado exigente con los demás. Mi madre le tuvo gran paciencia, la atendía y la comprendía sin enfadarse. Decía: “es que nos necesita, tenemos que ayudarla”. Nosotros, mi padre, mis hermanos, mi hermana y yo, nos acostumbramos a vivir con ella. Mi abuelita tenía sus ratos tranquila y era por momentos alegre y cariñosa.

Mi madre fue una excelente madre, a muchos años de su partida la extrañamos y recordamos como si estuviera siempre presente entre nosotros, ella vive en nuestros recuerdos y en nuestros corazones, como tantas madres que siempre le ofrecen lo mejor a sus hijos. Que Dios la tenga en su gracia.

Adán Méndez Toledo

Noticia anterior

Pendiente liberación de 5 mdp para organización antorchista

Siguiente noticia

Muere docente en carreterazo