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Civilización como cultura

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A menudo solemos confundir los términos “cultura” y “civilización”. Si bien es cierto que lo ideal es que ambos vayan de la mano, y que cada pueblo sea pródigo en los dos en circunstancias paralelas, es una realidad que en la mayoría de los casos exista un notorio desfase entre estos conceptos, cuando analizamos su nivel de incidencia sobre cualquier grupo de personas.

Pero ahora quisiera guiar esta reflexión y decantarla hacia el tema urbano, hacia su enfoque como parte esencial de la conducta en cualquier sociedad.

En palabras del arquitecto Ernesto Velasco León: “la civilización es la cultura hecha ciudad”. Esta breve definición creo que resume con suma objetividad el significado práctico y la importancia implícita de saber comportarnos en una comunidad, y cómo interactuar en nuestros entornos urbanos.

El diccionario de la Real Academia Española (RAE) dice que la cultura es “el conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico”, es decir, su significado académico está vinculado directamente al aprendizaje y a cómo nosotros —como seres racionales— podemos acrecentar nuestro criterio, siendo conocedores de la mayor cantidad de cosas en la vida. Es una concepción de sabiduría y de entendimiento inteligente de todo.

Civilización está más ligado al comportamiento y a cómo conducirnos según el entorno y el ambiente en donde nos encontremos, por ejemplo, un campesino mexicano que nunca ha viajado más allá de su demarcación municipal, no sabría cómo convalidar un boleto de tren antes de partir de cualquier estación de trenes italiana, y difícilmente sabría cómo conducirse en una metrópolis usando alguna aplicación para teléfonos celulares. Eso no lo hace más o menos culto, pero sin duda lo define y lo limita en lo que a su estatus de civilización, dentro de grandes aglomeraciones humanas, se refiere.

Ahora bien, también existen niveles y condiciones específicas de civilización, y no porque vivamos en una grande y populosa urbe seremos automáticamente personas altamente civilizadas. Parafraseando al Arq. Velasco León, quizás nos atreveríamos a afirmar que la civilización es el grado cultural que debemos tener para convivir en cualquier ciudad o en cualquier asentamiento humano. Veamos.

Tan civilizado es el campesino por saberse conducir en su pueblito de 3 mil habitantes, saber acerca de los atajos en el campo para moverse con su bicicleta, sabedor de los ciclos de lluvia para eludir las zonas pantanosas, mientras se conduce con amabilidad con sus amigos y familiares ayudando a quienes se hayan atorado con sus carretas, y auxiliando a las yeguas que se hayan desbarrancado, como también lo fuera aquel citadino (habitante de una zona metropolitana de 10 millones de habitantes) que sabría elegir las mejores rutas del metro para llegar más rápido a la estación multimodal de transferencia, para subirse a su coche y manejar con precaución sin olvidar ser cortés con los demás automovilistas para no ocasionar un accidente, y llegar a tiempo a su casa para descansar mientras le llega el reporte del clima y los ajustes a su agenda semanal, a través de su tableta digital.

Saberse relacionar con las personas, mientras se es conocedor del entorno y consciente de las repercusiones propias, por las relaciones y las interacciones personales que hagamos con los demás habitantes de un sitio, es la clave para sentirnos con el nivel de educación cívica necesario para poder clasificarnos como personas civilizadas.

Ojalá que este concepto sea comprendido a cabalidad y profundidad, hay muchos factores que lo pueden convertir en una noción simplista, y la realidad es que es simplemente un concepto que va más allá de una fría definición gramatical, es el cimiento para poder labrarnos una personalidad que se acople a cualquier sociedad.

José Luis Llovera Abreu

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