Inicio»Opinión»De camiones, carreritas y también seguridad

De camiones, carreritas y también seguridad

0
Compartidos
Google+

Causa alerta, alarma y preocupación por la integridad de los usuarios, el número de accidentes protagonizados por choferes de unidades del transporte urbano, pues tan sólo en los primeros 17 días de enero ocurrieron 14 accidentes que dejaron saldo de un muerto, 12 lesionados y daños superiores al millón y medio de pesos.

Las voces de choferes y concesionarios del servicio claman ayuda financiera para renovar la flotilla, en cuya mayoría el deterioro salta a la vista, pues argumentan operar en “número rojos”, sin embargo, no todo el problema radica en la cuestión mecánica, que desde luego es importante para la seguridad, porque también influye la manera o velocidad con que circulan, y aquí surge una pregunta ¿por qué las carreras?

Pese al peligro que representa, se ha vuelto común observar acelerones y cierres de paso de y entre choferes de microbuses, lo que en ocasiones causan perjuicios a terceras personas: motociclistas, automovilistas e incluso pasajeros, y no ha habido forma, no quieren o no han querido someterse al orden.

Lo que llama la atención es que en algunos paraderos hay los llamados “checadores”, quienes tabla con hojas en mano verifican y anotan horarios de llegada y salida de las unidades. ¿Por qué o para qué lo hacen? Aquí está un origen de las prisas o carreritas.

Resulta que, como en la escuela, los choferes tienen hora determinada para arribar a esos puntos y, también como en el colegio, cada retardo se convierte en sanción —administrativa en el caso de los camioneros—. ¿Cómo ve, estimado lector?

Por esta razón, no se sorprenda si frente a su casa, que no esté incluida en alguna ruta o área de rodaje, pasa repentinamente alguna unidad urbana, pues lo hace para “atajar” y evitar pérdida de tiempo por tráfico… y castigo. Ahora imagínese a este chofer en un cruce donde convergen tres o cuatro calles.

Ahora, si al lento tránsito vehicular se agrega el cierre de alguna calle o clausura temporal de uno de dos carriles a causa de alguna obra municipal o estatal, como la de la avenida Francisco Ignacio Madero, mejor conocida como la ría, es obvia la desesperación del conductor por encontrar atajos para llegar a tiempo con el “checador”.

En este punto sería saludable que las autoridades competentes dieran a conocer si autorizaron —basados en qué—, esta medida de puntualidad, los castigos económicos y en manos o bolsillos de quién o quiénes queda ese dinero y cuál es su utilidad para mejorar el servicio. Igual es imperativa la versión de los concesionarios.

También urge un estudio sobre el número de rutas y de camiones que las cubren, para evitar saturaciones —y carreritas— y ofrecer equidad, cobertura y seguridad a los usuarios de todos los rincones de la ciudad, en lo que las condiciones de las unidades y revisiones mecánicas periódicas tienen que ser factores fundamentales.

Mientras no haya mano estricta y responsable, la posibilidad de que ocurra otro accidente con saldo fatal es latente. El niño ya está ahogado… y aún no tapan el pozo.

Rafael G. Morales

 

Noticia anterior

Arriba unidad móvil del IFT

Siguiente noticia

Copriscam comunica operativo de vigilancia en feria de Candelaria